
Aunque las cifras oficiales indican que la Ciudad de México vive uno de sus momentos más seguros en más de una década, para cientos de comerciantes el problema que más afecta su actividad diaria —la extorsión— sigue siendo una amenaza que rara vez aparece en los reportes públicos.
La aparente reducción de los delitos de alto impacto contrasta con la opinión de dueños de negocios que aseguran seguir recibiendo llamadas de cobro de piso, amenazas o presiones para pagar cuotas a grupos criminales.
En enero de 2026, el gobierno capitalino informó que se registró el enero con menor incidencia de delitos de alto impacto en 11 años, resultado que fue presentado como evidencia de la continuidad de la estrategia de seguridad en la capital.
De acuerdo con los datos oficiales, la reducción se observa al comparar las cifras con años anteriores, particularmente desde 2019, cuando comenzó la actual política de coordinación entre instituciones de seguridad, inteligencia policial y presencia territorial.
La estadística incluye delitos como homicidio doloso, robo con violencia, secuestro, robo de vehículo y extorsión denunciada.
Sin embargo, para comerciantes y pequeños empresarios el problema no se mide únicamente por el número de carpetas de investigación abiertas, sino por la frecuencia con la que enfrentan amenazas o presiones que, en la mayoría de los casos, nunca llegan a denunciarse.
“En números dicen que todo está bajando, pero nosotros seguimos recibiendo llamadas de amenaza”, relata el propietario de una tienda de abarrotes en la alcaldía Gustavo A. Madero, quien pidió omitir su nombre por seguridad. Según explica, hace unos meses comenzó a recibir llamadas en las que le exigían pagos semanales a cambio de “dejar trabajar tranquilo” al negocio.
“Lo que uno hace es colgar, bloquear el número, pero siempre vuelven a marcar con otro. ¿A quién denuncias si ni sabes quién es?”, agrega.
Su caso no es único. En distintas zonas comerciales de la ciudad, comerciantes consultados coinciden en que el robo a negocio o los asaltos directos pueden haber disminuido en algunos puntos, pero la extorsión telefónica o el cobro de piso siguen siendo uno de los principales temores.
Esa percepción tiene cierto respaldo en los datos disponibles. Aunque el conjunto de delitos de alto impacto ha mostrado una tendencia a la baja en la capital, las denuncias por extorsión no han seguido el mismo comportamiento en todos los periodos.
Además, las mismas autoridades de seguridad señalan que se trata de uno de los delitos con mayor subregistro en el país, debido a que muchas víctimas prefieren no denunciar por miedo a represalias o por desconfianza en que las autoridades puedan protegerlas.
La consecuencia es que el delito puede mantenerse activo en la vida cotidiana de los negocios incluso cuando las estadísticas generales muestran una reducción.
En el Centro Histórico, donde operan miles de comercios formales e informales, algunos locatarios reconocen que la presencia policial ha aumentado en los últimos años y que ciertos delitos han disminuido, particularmente los robos a transeúntes y a clientes.
“Hace unos años los asaltos eran muy seguidos, sobre todo en las noches. Ahora sí hay más policía”, comenta el encargado de una tienda de accesorios ubicada cerca de la calle República de El Salvador. Sin embargo, señala que las extorsiones telefónicas siguen siendo frecuentes entre comerciantes del sector.“Te llaman diciendo que son de un grupo, que tienen vigilado el negocio y que si no depositas van a venir. Muchos saben que probablemente es mentira, pero también da miedo ignorarlo”, explica.
En otras zonas comerciales de la capital la situación es distinta. En mercados públicos y corredores populares de alcaldías como Iztapalapa o Cuauhtémoc, comerciantes aseguran que el cobro de piso sigue siendo una realidad que afecta la operación diaria.
Un vendedor de ropa en un mercado de la zona oriente de la ciudad relata que algunos puestos han tenido que cerrar temporalmente tras recibir amenazas. “Hay quienes prefieren pagar para evitar problemas. Otros simplemente se van porque ya no quieren arriesgarse”, comenta.
La reducción de ciertos delitos —como robo con violencia o robo de vehículo— puede ser real, pero no necesariamente implica que todos los ilícitos estén disminuyendo al mismo ritmo.
Además, la extorsión tiene características que dificultan su registro. Muchas veces se realiza por teléfono, a través de redes sociales o mediante intermediarios, lo que complica identificar a los responsables. A ello se suma el temor de las víctimas a denunciar.
En México, distintos estudios estiman que la gran mayoría de los casos de extorsión no se reportan ante las autoridades. Esto significa que las cifras oficiales sólo reflejan una parte del fenómeno.
La situación también varía según la zona de la ciudad. Mientras algunos corredores comerciales han experimentado mejoras en seguridad debido a operativos policiales, cámaras de vigilancia y mayor presencia institucional, otros sectores siguen enfrentando dinámicas delictivas más complejas.
En colonias de alcaldías como Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc o Benito Juárez, algunos restauranteros y comerciantes reconocen que los asaltos a clientes han disminuido en comparación con años anteriores. En parte lo atribuyen al aumento de patrullajes y a la vigilancia en zonas de alta actividad turística o gastronómica.
Sin embargo, incluso en estas áreas la extorsión sigue apareciendo como una preocupación latente.
“Quizá ya no te asaltan como antes, pero la extorsión sigue existiendo. A muchos negocios les han llamado para pedir dinero”, comenta el gerente de un restaurante en la colonia Roma.
Para organizaciones empresariales y cámaras de comercio, el problema radica en que la extorsión afecta directamente la viabilidad de los negocios, especialmente de los pequeños establecimientos.
A diferencia de otros delitos, donde la pérdida puede ser puntual —un robo o un asalto—, el cobro de piso implica pagos constantes que terminan por erosionar las ganancias del negocio.
“Es un delito que impacta directamente en la economía de los comerciantes”, señala un representante de una asociación empresarial. “Aunque las cifras generales de seguridad mejoren, si la extorsión sigue presente, la percepción de inseguridad se mantiene”.
Las autoridades capitalinas han señalado que el combate a la extorsión es uno de los retos pendientes en materia de seguridad. En los últimos años se han implementado campañas para promover la denuncia y se han habilitado líneas telefónicas especializadas para reportar este tipo de delitos.
También se han impulsado operativos contra grupos dedicados al cobro de piso, particularmente en mercados y zonas comerciales donde se han detectado denuncias.
No obstante, también advierten que enfrentar este delito requiere estrategias específicas, ya que muchas extorsiones se realizan desde centros penitenciarios o mediante redes criminales que operan en distintas entidades del país.
En un pequeño local de comida en la alcaldía Iztapalapa, la dueña del negocio resume esa sensación.
“Tal vez sí han bajado los delitos en general, pero mientras sigan existiendo las llamadas de extorsión y amenezas, uno no se siente seguro”.