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Su intención es llegar a Tehuacán, Puebla lugar donde tiene familiares y espera poder reconstruir su vida. Sin embargo, el trayecto hasta allá no ha sido sencillo

De EU al Zócalo: la travesía de un migrante que busca empezar de nuevo en la Ciudad de México

De EU al Zócalo: la travesía de un migrante que busca empezar de nuevo en la Ciudad de México (Eidalid López)

Con la mirada cansada y el estómago vacío, José Luis Hernández y su hijo llegaron a la capital del país con una historia marcada por la incertidumbre, la necesidad y la esperanza. Su relato refleja la realidad de miles de migrantes que, tras intentar una mejor vida en Estados Unidos, regresan a México enfrentando nuevos desafíos.

José Luis cuenta que su travesía comenzó hace poco más de seis meses, cuando decidió emigrar junto a su hijo en busca de trabajo. Como muchos otros, cruzó la frontera con la ilusión de encontrar estabilidad económica.

Durante ese tiempo, logró emplearse en una fábrica de televisores, donde, aunque no tenía documentos, pudo sostenerse por un tiempo.

Sin embargo, la estabilidad fue breve. “Nos contrataron sin papeles, y luego llegó migración… y nos agarraron”, relata con voz entrecortada. El operativo terminó con su detención y la de otros trabajadores en la misma situación. Ante el temor de ser separado de su hijo o enfrentar un proceso legal, José Luis aceptó firmar un documento de salida voluntaria.

Primero fueron trasladados a Los Ángeles, donde permanecieron poco tiempo antes de ser llevados a Tijuana. En esta ciudad fronteriza, encontraron refugio temporal en un albergue llamado Casa del Migrante Scalabrini, donde permanecieron cerca de una semana gracias al apoyo de organizaciones religiosas.

“Un padre nos ayudó, nos dio comida y hasta nos pagó el pasaje”, recuerda José Luis. Ese gesto solidario fue clave para que pudiera continuar su camino hacia el centro del país.

Su intención es llegar a Tehuacán, Puebla lugar donde tiene familiares y espera poder reconstruir su vida. Sin embargo, el trayecto hasta allá no ha sido sencillo. Sin dinero y con hambre, decidió detenerse en la Central de Autobuses del Norte, desde donde comenzó a buscar ayuda.

Fue ahí donde su historia salió a la luz, entre la multitud que transita diariamente por la terminal, José Luis se acercó a pedir apoyo. No solicitaba grandes cantidades de dinero, sino algo básico: alimento. “Un poquito de ayuda para comer”, decía con humildad. Su petición, lejos de ser aislada, se repite en distintos puntos de la capital.

Posteriormente, decidió dirigirse al corazón de la ciudad: el Zócalo de la Ciudad de México. Le habían dicho que ahí podría encontrar algún tipo de apoyo institucional o social. En su camino, cargaba no solo su cansancio físico, sino también la incertidumbre de no saber qué pasará mañana.

Durante una breve entrevista, José Luis autorizó que su historia fuera difundida. “No perdemos nada, al contrario”, afirmó. Para él, visibilizar su situación podría representar una oportunidad de recibir ayuda o, al menos, de que su caso no quede en el olvido.

De EU al Zócalo: la travesía de un migrante que busca empezar de nuevo en la Ciudad de México (Eidalid López)

En la conversación también surgió el nombre de Clara Brugada, figura pública que, según comentarios de la gente, ha encabezado iniciativas de apoyo a personas vulnerables. Aunque José Luis no tiene certeza de recibir ayuda directa, mantiene la esperanza de que alguna institución pueda orientarlo.

El fenómeno migratorio continúa siendo uno de los principales retos sociales tanto en México como en Estados Unidos. Las deportaciones, retornos voluntarios y desplazamientos internos generan escenarios complejos donde las personas quedan en situaciones de vulnerabilidad extrema.

En la Ciudad de México, organizaciones civiles, albergues y algunas dependencias gubernamentales intentan atender esta problemática. Sin embargo, la demanda supera muchas veces la capacidad de respuesta.

Mientras tanto, José Luis sigue su camino, con pasos lentos pero firmes, recorre las calles del centro histórico buscando una oportunidad. Su objetivo inmediato es reunir lo suficiente para continuar su viaje a Puebla. A largo plazo, sueña con algo más simple pero fundamental contar con estabilidad.

“Solo quiero trabajar y estar tranquilo con mi familia”, dice. Su historia, aunque dura, también está llena de resiliencia. A pesar de las adversidades, no ha perdido la fe en que las cosas pueden mejorar. Cada moneda recibida, cada gesto de apoyo, representa un pequeño avance en su camino.

En medio del bullicio de la ciudad, su voz podría perderse fácilmente. Pero detrás de ella hay una realidad que merece ser escuchada: la de quienes, tras cruzar fronteras físicas y emocionales, buscan una segunda oportunidad.

Hoy, José Luis Hernández es uno de tantos rostros invisibles que transitan por la capital. Mañana, espera ser simplemente un trabajador más, con un lugar al que pueda llamar hogar.

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