Metrópoli

Menos árboles, más asfalto y menor infraestructura convierten a zonas como Iztapalapa o el Centro en focos de calor extremo, con diferencias de hasta 10 °C frente a áreas con mayor cobertura verde

El calor no es parejo: así golpea la isla urbana a las colonias más vulnerables de la CDMX

El calor no es parejo: así golpea la isla urbana a las colonias más vulnerables de la CDMX (Daniel Augusto)

La isla de calor en la Ciudad de México no pega parejo, el fenómeno se concentra donde la ciudad se volvió más dura, con menos árboles, más concreto, más asfalto, más techos y más tráfico.

En la capital, la Universidad Autónoma de México (UNAM) ha estimado que la urbanización añade alrededor de 3 °C al calentamiento local y que, en algunas alcaldías, el incremento llega a 4 °C; además, la suma entre cambio climático e isla de calor ya ha elevado cerca de 4 °C la temperatura de la ciudad respecto al último siglo. Incluso la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema) ha dicho que, en ciertos puntos, las diferencias pueden llegar a ser todavía mayores por las noches.

La ciudad se calienta más donde se selló el suelo y se comprimió la vida urbana. “La isla de calor urbano superficial y su manifestación en la estructura urbana de la Ciudad de México”, estudio del Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial, indica que las temperaturas superficiales nocturnas más altas se concentran en el centro-norte, especialmente en alcaldías como Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Benito Juárez; al mismo tiempo, las zonas menos consolidadas y con mayor cobertura natural registran temperaturas más bajas.

El calor no es parejo: así golpea la isla urbana a las colonias más vulnerables de la CDMX (Victoria Valtierra Ruvalcaba)

El mismo trabajo halló correlaciones positivas entre calor diurno y mayor coeficiente de ocupación del suelo, mayor densidad habitacional, más unidades económicas y mayor porcentaje de calles pavimentadas. En cambio, las correlaciones negativas aparecen donde hay más área libre, más espacio público y mayor altura sobre el nivel del mar.

“Aquí el calor se queda atrapado entre las casas. En la tarde no corre el aire y en la noche las paredes siguen calientes. Dormir se vuelve complicado, sobre todo en los cuartos de lámina”, cuenta Erika Ramos, habitante de la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, en Iztapalapa.

La desigualdad verde también es territorial. La Sedema reporta una superficie promedio de áreas verdes de 7.54 m² por habitante en la CDMX, pero la distribución es muy desigual. Benito Juárez y Milpa Alta aparecen con apenas 2.2 m² por persona; Cuauhtémoc con 3.6; Iztacalco con 5.0; Xochimilco con 5.0; e Iztapalapa con 5.4. En contraste, Miguel Hidalgo llega a 15.4 m² y Coyoacán a 15.0.

El calor no es parejo: así golpea la isla urbana a las colonias más vulnerables de la CDMX (Edgar Negrete Lira)

Ese promedio capitalino, además, queda por debajo del mínimo de 9 m² por habitante que suele tomarse como referencia internacional en estudios urbanos y de salud pública.

La fotografía urbana importa tanto como el termómetro. La isla de calor surge por “hacer más calor”, pero también porque edificios, banquetas y asfalto absorben la radiación solar y la liberan lentamente.

La UNAM ha descrito el centro de la capital como una superficie “impermeable, caliente y dura”, sin áreas verdes ni cuerpos de agua suficientes para amortiguar el calor; por eso en la ciudad la diferencia entre la zona más caliente y la más fresca puede rondar los 10 °C. Un estudio clásico sobre las ondas de calor en la CDMX documentó que el contraste urbano-rural pasó de alrededor de 6 °C a 10 °C conforme creció la mancha urbana durante el siglo XX.

“En el Centro el problema no es nada más que nos dé el sol directo. El piso, los edificios, todo irradia calor. Si trabajas en la calle, lo sientes en los pies y en la cara al mismo tiempo. Cuando acaba el día te sientes quemado, cansado y con mucho bochorno, aunque esté nublado la mayoría del tiempo”, comenta un comerciante en la zona de La Merced, en la alcaldía Cuauhtémoc.

El calor no es parejo: así golpea la isla urbana a las colonias más vulnerables de la CDMX (Edgar Negrete Lira)

La desigualdad social y la térmica se montan una sobre la otra. En una lectura reciente sobre las islas de calor de la capital, especialistas de la UNAM y de la Ibero apuntaron que las alcaldías con menor índice de desarrollo e ingreso per cápita son las más afectadas; el estudio identifica diferencias de hasta más de 4 °C en esos territorios.

La UNAM indica que las zonas más afectadas son Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Iztacalco, Cuauhtémoc, Azcapotzalco y Coyoacán, mientras que Benito Juárez y Miguel Hidalgo presentan menor presencia del fenómeno y Milpa Alta, Iztapalapa y Xochimilco lo padecen de forma importante o moderada.

Algunas calles se sienten como hornos urbanos y otras no. El Centro Histórico y La Merced son considerados espacios donde el sol rebota en piedra, lámina, concreto y lonas, mientras que en Polanco la sombra de parques y camellones arbolados baja la sensación térmica.

Además, las alcaldías con más árboles, parques y continuidad de copa arbórea ofrecen un efecto de enfriamiento, y Venustiano Carranza carga además con grandes superficies duras asociadas a la infraestructura aeroportuaria.

“Yo antes vivía en Iztapalapa y el calor era insoportable al salir a la calle, pero aquí sí se siente diferencia. Sales del departamento y hay sombra, hay árboles. Aun así, el calor ha aumentado en los últimos años, pero no es comparable con otras zonas de la ciudad”, señala Ana Sofía, residente de Polanco, en Miguel Hidalgo.

El problema también tiene un rostro sanitario. Las ondas de calor en la CDMX aumentaron su frecuencia. El climatólogo mexicano y pionero en la investigación de climatología urbana a nivel mundial, Ernesto Jáuregui, documentó que pasaron de 6 eventos por década a 16 por década en los años noventa, y que se presentan sobre todo entre marzo y mayo, cuando la humedad relativa baja y el estrés térmico sube.

Advierte que el riesgo de muerte y enfermedad seria crece sobre todo en adultos mayores y entre la población urbana pobre. En otra actualización de clima capitalino, la UNAM recordó que entre 1920 y 2014 la temperatura mínima anual promedio en Tacubaya subió de 8 a 12 °C, y la máxima de 23 a 25 °C; además, los periodos cálidos con más de 30 °C se multiplicaron.

La isla de calor también complica el agua. Sedema explica que aproximadamente 60% del agua que consume la CDMX proviene del acuífero subterráneo y el resto se bombea desde otras cuencas; por eso las barrancas urbanas y el suelo de conservación son piezas clave para la recarga, la infiltración y la regulación del microclima.

La vegetación, además de brindar sombra, también favorece la humedad, reduce la temperatura y ayuda a que el suelo infiltre agua en vez de rebotarla como escurrimiento. En una ciudad con calor más intenso y lluvias cada vez más concentradas, perder vegetación significa perder al mismo tiempo enfriamiento, absorción y resiliencia hidráulica.

Por eso las soluciones no pueden limitarse a “plantar un arbolito” aislado, según advierten las autoridades locales, quienes coinciden en tres frentes: más copa arbórea continua, superficies claras o reflectantes en azoteas y pavimentos, y recuperación de corredores verdes y azules que conecten parques, camellones, barrancas y cuerpos de agua.

UNAM Global reportó que una estrategia de azoteas blancas podría ayudar a enfriar la ciudad y que el equipo de investigación recomendó empezar por Ciudad Universitaria y luego expandir la medida al resto de la capital. En paralelo, la propia Sedema ha planteado que la gestión del arbolado debe articularse con la planeación urbana, no quedarse solo en mantenimiento disperso por alcaldías.

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