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A semanas del Mundial 2026, la Ciudad de México acelera obras de movilidad, espacio público y remodelación alrededor del Estadio Azteca

Dormir con el Mundial encima: las obras aceleradas en CDMX y la vida suspendida alrededor del Azteca

Dormir con el Mundial encima: las obras aceleradas en CDMX y la vida suspendida alrededor del Azteca (Mario Jasso)

A semanas del Mundial 2026, la Ciudad de México corre contra el reloj para terminar obras de movilidad, espacio público y remodelación alrededor del Estadio Azteca. Mientras el Gobierno presume renovación urbana y transporte modernizado, vecinos del sur de la capital describen noches con maquinaria, trayectos impredecibles, polvo y una ciudad que parece diseñada para la llegada de visitantes más que para quienes la habitan.

En Santa Úrsula, Huipulco y los alrededores del estadio —rebautizado temporalmente como Estadio Ciudad de México para efectos FIFA— el Mundial dejó de ser una promesa deportiva hace meses. Se volvió sonido metálico a medianoche, concreto recién vertido al amanecer y rutas improvisadas para regresar a casa.

Es una carrera contrarreloj, con la remodelación del estadio, intervención del CETRAM Huipulco, modernización del Tren Ligero en fila, asemás de adecuaciones peatonales, puentes, accesos y obras de “última milla” para mover a miles de aficionados durante los partidos.

Dormir con el Mundial encima: las obras aceleradas en CDMX y la vida suspendida alrededor del Azteca (Tomás Pérez de la Cruz)

El Gobierno capitalino sostiene que las obras buscan beneficiar tanto a visitantes como a residentes.Pero la experiencia cotidiana no siempre coincide con el discurso institucional.

“Yo ya no sé qué es silencio”, dice María Elena, 58 años, profesora jubilada y vecina. “Hay días en que la maquinaria arranca antes de las siete y otros en que siguen trabajando cuando ya estás intentando dormir. El sonido rebota entre las casas. No es un ruido fuerte segudio; es peor: es el martillazo intermitente, el motor que prende, el camión que maniobra. Tu cuerpo nunca termina de relajarse”.

María Elena vive desde hace tres décadas cerca de Santa Úrsula. Dice que soportó conciertos, partidos, cierres viales y operativos, pero que lo distinto ahora es la duración del desgaste.

“Antes el caos tenía calendario. Partido, concierto, dos días difíciles. Ahora es la sensación de vivir en una zona provisional. Sales y hay una banqueta abierta, vuelves y cambiaron el paso peatonal. Hay polvo en las ventanas, polvo en el coche, polvo en la garganta”.

La presión por terminar proyectos antes del arranque del torneo ha sido visible incluso en la propia remodelación del estadio, donde reportes recientes han señalado trabajos inconclusos, ajustes de última hora y cuestionamientos logísticos.

Dormir con el Mundial encima: las obras aceleradas en CDMX y la vida suspendida alrededor del Azteca (Camila Ayala Benabib)

La movilidad prometida y el tiempo perdido

El gran argumento oficial del Mundial capitalino es la movilidad.

La administración de Clara Brugada ha presentado la renovación del Tren Ligero —ahora impulsado simbólicamente como “Tren Ajolote”—, nuevas rutas de transporte eléctrico y mejoras urbanas en el sur de la ciudad como parte de una transformación que sobrevivirá al torneo.

Sobre el papel, el proyecto suena a mayor capacidad, accesibilidad, conexión más eficiente con el estadio.

En la práctica, para muchos habitantes, la transición ha significado meses de desvíos, cierres y cálculo permanente.Jorge, 42 años, administrador y usuario diario de transporte público, describe su día a día.

“Mi traslado normal al trabajo era de una hora y quince minutos. En semanas pesadas de obras se volvió hora cuarenta, dos horas. No parece mucho cuando lo lees. Pero multiplica eso por ida y vuelta, cinco días a la semana. Son pedazos de vida”.

Cuenta que aprendió a revisar grupos vecinales antes de salir de casa porque una calle abierta por la mañana podía amanecer cerrada al día siguiente.

“Lo absurdo es que nadie está en contra de mejorar transporte. Claro que hace falta. El problema es sentir que toda la ciudad descubrió en tiempo extra que había un Mundial desde hace años”.

Su comentario apunta a la crítica recurrente alrededor del proyecto mundialista, que se centra en lla percepción de planeación tardía y aceleración administrativa.

Las obras alrededor del estadio incluyen remodelación del entorno urbano, adecuaciones peatonales, mejoras al CETRAM Huipulco y fortalecimiento del corredor de transporte hacia Tasqueña y Xochimilco.

En teoría, el resultado será una zona más caminable y mejor conectada. Mientras tanto, la experiencia diaria se parece más a una negociación recurrente con el tránsito.

“Hay días en que llegar en coche es inviable, caminar implica rodeos y el transporte va saturado”, continúa Jorge. “Lo que más desgasta no es el tráfico; es la incertidumbre”.

La ciudad que se maquilla para el escaparate

Toda ciudad sede de un megaevento enfrenta la misma pregunta sobre ¿para quién se transforma el espacio urbano?

En la CDMX mundialista, ese tema atraviesa desde el rediseño visual impulsado por el Gobierno hasta la reorganización territorial alrededor del estadio. La administración capitalina ha defendido una estrategia de renovación urbana amplia que mezcla movilidad, identidad visual y espacio público.

Pero entre vecinos aparece una sospecha más antigua, es decir, la de vivir un embellecimiento de escaparate.

Patricia, de 36 años y comerciante que se encontraba en Calzada de Tlalpan no rechaza el Mundial. Rechaza sentirse invisible dentro de él.

“Claro que emociona. No te voy a mentir. Que el Mundial vuelva, que el Azteca haga historia. Uno creció con eso. Pero también ves que pintan muros, arreglan camellones y ponen jardineras mientras la gente intenta entender cómo entrar a su propia colonia”.

Dice que su negocio perdió clientela durante meses por cambios de circulación y accesos irregulares, sobre todo por la ciclovía construida sobre la calzada.

“Hay un tema de orgullo internacional. Está bien. Pero el orgullo no paga las ventas que se caen ni el estrés de vivir meses entre vallas”.

En colonias como Santa Úrsula, Huipulco y Coapa, vecinos reportan trayectos más largos, cierres repentinos, desvíos y una circulación cada vez más impredecible por las intervenciones ligadas al Mundial 2026. Lo que antes implicaba 20 o 30 minutos para cruzar Calzada de Tlalpan o conectar con Tasqueña puede convertirse ahora en recorridos de más de una hora, especialmente en horarios pico.

A la presión vial del sur de la ciudad se suman las obras en el aeropuerto. El AICM también atraviesa una remodelación acelerada rumbo al Mundial, con trabajos en terminales, accesos, estacionamientos y áreas operativas que conviven con la operación diaria del principal nodo aéreo del país.

La promesa oficial es llegar al torneo con una terminal más eficiente y renovada; la experiencia de muchos usuarios, sin embargo, ha sido la de un aeropuerto en obra permanente, con cambios de circulación, saturación vehicular en inmediaciones y tiempos de acceso impredecibles.

En cuanto al estadio se habla de una remodelación reducida respecto a planes originales, conflictos previos con desarrollos inmobiliarios cancelados, disputas jurídicas por palcos y una obra obligada a equilibrar exigencias FIFA, patrimonio simbólico y limitaciones urbanas.

Muchos residentes reconocen beneficios potenciales como el transporte renovado, infraestructura rehabilitada, mayor iluminación, espacio público recuperado.Pero también debaten cuánto cuesta vivir el periodo previo.

Para los vecinos, en el sur de la capital el Mundial todavía no se mide en goles ni ceremonias de inauguración, más bien en un sueño interrumpido, minutos adicionales de traslado, rutas reaprendidas y conversaciones vecinales donde la palabra más repetida no es fútbol.Es “aguantar”.

Y mientras la ciudad acelera para estar lista ante millones de ojos internacionales, en algunas casas de Santa Úrsula y Huipulco la expectativa sigue siendo mucho más modesta.Dormir una noche completa.

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