Ansiedad, depresión, malnutrición y violencia escolar son parte de la realidad que enfrentan miles de estudiantes, lo que afecta directamente su aprendizaje, su desarrollo social y su calidad de vida.
Especialistas han advertido que cuando las escuelas carecen de redes de apoyo suficientes, las y los estudiantes pueden presentar rezago educativo, ansiedad, depresión, aislamiento o problemas de conducta. Ante ello, una iniciativa en el Congreso capitalino busca implementar evaluaciones integrales de salud física, mental y nutricional en escuelas de educación básica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años vive con algún trastorno mental, principalmente ansiedad y depresión. Además, el organismo ha señalado que el suicidio se encuentra entre las principales causas de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.
A este panorama se suma el impacto que dejó la pandemia. UNICEF advirtió que el deterioro de la salud emocional en niñas, niños y adolescentes se profundizó significativamente tras el confinamiento. En su estudio sobre la Generación Z en México, más del 70 por ciento de las juventudes encuestadas manifestó sentirse emocionalmente abrumada y más de la mitad aseguró haber necesitado apoyo psicológico.
En México, el problema tampoco es menor. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud federal, el 14.4 por ciento de niñas, niños y adolescentes de entre 2 y 17 años presenta dificultades de funcionamiento relacionadas con aspectos emocionales, físicos o cognitivos. Además, entre la población de 5 a 17 años, el 7 por ciento reportó síntomas de ansiedad y el 4 por ciento síntomas de depresión.

Frente a este escenario, en el Congreso de la Ciudad de México fue presentada una iniciativa que busca fortalecer el derecho a la educación desde una visión integral, mediante evaluaciones periódicas de salud física, mental y nutricional en escuelas de educación básica de la capital.
La propuesta fue impulsada por la diputada de Morena, Judith Vanegas Tapia, quien aseguró que no puede existir un aprendizaje pleno cuando las infancias enfrentan problemas de salud mental, malnutrición, violencia escolar o afectaciones emocionales que no son atendidas oportunamente.
“La educación no puede reducirse únicamente al desempeño académico. Para que niñas, niños y adolescentes ejerzan plenamente su derecho a aprender, deben contar con condiciones adecuadas de salud física, emocional y nutricional”, señala la exposición de motivos de la iniciativa.
La legisladora destacó que la propia UNESCO ha sostenido que las escuelas deben consolidarse como espacios seguros, incluyentes y capaces de promover bienestar socioemocional.
“Bajo esa lógica, esta iniciativa fortalece la coordinación entre salud y educación para evitar que las problemáticas se atiendan de manera fragmentada o tardía”, afirmó.
¿Qué plantea la iniciativa?
La propuesta busca reformar a la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de México, estableciendo la obligación de las autoridades educativas, en coordinación con las autoridades de salud, para implementar progresivamente acciones y programas integrales de salud.
La diputada señaló que, pese a que el derecho a la educación está reconocido en el marco jurídico vigente, persisten problemáticas estructurales que limitan el desarrollo pleno de las infancias y adolescencias, particularmente en rubros como salud mental, nutrición, violencia escolar y detección oportuna de enfermedades.
Entre las acciones contempladas en la propuesta destacan la detección temprana de factores de riesgo, la canalización a servicios especializados, así como orientación a madres, padres, tutores y personal docente, bajo los principios de interés superior de la niñez, derechos humanos e igualdad sustantiva.
Esta reforma incorpora perspectiva de género al reconocer que las y los adolescentes enfrentan condiciones diferenciadas que inciden en su bienestar y trayectoria educativa, como trastornos alimentarios, ansiedad, violencia de género y barreras emocionales derivadas de estereotipos sociales.
La iniciativa contempla además un plazo de hasta 180 días naturales para que la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación y la Secretaría de Salud de la Ciudad de México diseñen e implementen lineamientos, protocolos y mecanismos de coordinación interinstitucional necesarios para dar cumplimiento a la reforma, una vez aprobada y publicada.
“No se trata únicamente de atender emergencias, se trata de construir una política pública preventiva, coordinada y permanente, capaz de identificar señales de alerta desde etapas tempranas y generar condiciones dignas para el desarrollo integral de nuestras infancias y adolescencias”.
Para concluir, la diputada aseguró que una estrategia preventiva puede evitar abandono escolar, violencia o afectaciones más graves en la salud mental; además puede fortalecer no solamente el aprendizaje, sino también el tejido social.

Casos recientes
Durante el último año, distintos casos de violencia escolar encendieron las alertas sobre las condiciones que enfrentan estudiantes dentro y fuera de las aulas en la Ciudad de México.
Uno de los casos que más conmocionó, ocurrido en febrero de 2025, fue cuando Fátima, una estudiante de secundaria en Iztapalapa, resultó gravemente herida tras caer desde un pasillo del plantel, la joven ya había denunciado que sufría bullying por sus gustos musicales.
En septiembre de 2025, un estudiante del CCH Sur murió tras ser atacado con un arma blanca por otro alumno identificado como Lex Ashton, mientras un trabajador resultó herido al intentar intervenir. Las investigaciones posteriores revelaron que el agresor presuntamente había sufrido bullying durante años y presentaba antecedentes de problemas de salud mental.
En 2025 el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México informó que los reportes de bullying aumentaron más de 200 por ciento en comparación con años anteriores, siendo las secundarias el nivel educativo con más casos registrados.
Especialistas han advertido que estos casos reflejan problemáticas más profundas relacionadas con ansiedad, violencia escolar, rezagos emocionales y falta de acompañamiento psicológico en las comunidades educativas.