Metrópoli

Cintas amarillas, andenes saturados y rutas improvisadas, miles de pasajeros enfrentan diariamente el caos provocado por las remodelaciones en la Línea 2 del Metro

Martillazos, polvo y retrasos: Premundial en el Metro

Premundial del Metro (Giovanna Morales Gómez)

“En la otra escalera está la salida”, indicó un policía a dos hombres que no encontraban cómo salir de la estación General Anaya. Ambos vestían playeras de manga corta y shorts, como para un día de calor. Delgados y de tez blanca, observaban los señalamientos temporales mientras intentaban orientarse entre las modificaciones por la remodelación de la línea 2.

Más adelante, entre el flujo constante de pasajeros, tres jóvenes caminaban riéndose mientras observaban los cambios en las instalaciones. “¿Ya viste los ‘ajolotibaños’?”, preguntó una de ellas antes de que las demás soltaran una carcajada. El comentario se perdió entre el sonido de los torniquetes, los pasos acelerados y los anuncios del Metro que repetían instrucciones a los usuarios confundidos por las adecuaciones temporales.

Crónica atestiguó que los trenes tardaban hasta 10 minutos en arribar a las estaciones de la línea 2. La lentitud en el servicio también fue percibida por Tania Lara, usuaria habitual del Sistema de Transporte Colectivo Metro.

“Yo tomo el Metro desde Pino Suárez hasta Chabacano. Siento que desde la remodelación el tiempo de espera de un tren ha sido de 10 minutos y el servicio más lento. Hay partes que veo que están por concluir su remodelación, pero otras las veo igual y se me hacen grises. No creo que terminen las obras en 15 días; el Mundial ya está a la vuelta de la esquina”, expresó Lara.

Mientras algunos usuarios avanzaban resignados en los pasillos acordonados y muros recién pintados, otros observaban con desconfianza los trabajos que continúan en distintas estaciones de la línea azul, una de las más transitadas de la capital.

Premundial del Metro (Giovanna Morales Gómez)

Durante el recorrido, los trenes no realizaron parada en las estaciones Portales, Nativitas, San Antonio Abad y Zócalo, situación que tomó por sorpresa a algunos pasajeros, quienes observaban desde las ventanas los andenes vacíos y las zonas todavía intervenidas por trabajadores.

Los trabajos de remodelación también han traído consigo exceso de ruido, polvo, caos y desorientación entre los usuarios. Entre taladros, cintas de precaución y rutas improvisadas, miles de personas intentan continuar con sus trayectos diarios en medio de una obra que todavía parece lejos de concluir.

En prácticamente cualquier andén de las estaciones intervenidas se alcanzaba a escuchar a alguien toser a causa del polvo generado por las obras. El sonido se mezclaba con los avisos del Metro, el rechinido de los trenes y el eco de los trabajos que continúan a marchas forzadas.

La comerciante Beatriz Rondón aseguró que las obras también han impactado las ventas de quienes trabajan dentro de las estaciones.

“No nos queda de otra más que aguantar, pero no nos metemos con los trabajadores y ellos no se meten con nosotros. Está bien que haya remodelación en las estaciones, pero están afectando nuestras ventas porque la gente prefiere pasar de largo para evitar el relajo”, precisó Rondón.

Premundial del Metro (Giovanna Morales Gómez)

Luis Kevin, comerciante del metro desde hace dos décadas, afirmó que lleva 10 meses lidiando con las remodelaciones. Explicó que inicialmente los trabajos comenzaron en un tramo reducido, pero poco a poco abarcaron más estaciones y zonas de tránsito.

“Todavía no nos colocan en el lugar donde vamos a quedar. Uno se estresa con tanto ruido, pero estamos aquí por necesidad y no nos queda de otra”, relató mientras observaba el ir y venir de usuarios en el pasillo.

Luis afirmó que sus ventas han disminuido debido a que muchas personas optan por tomar rutas alternas para evitar las estaciones intervenidas. Aunque, dijo, existe la promesa de que los comerciantes serán reubicados o recomendados una vez concluyan las obras, la incertidumbre persiste ante la cercanía del Mundial de 2026.

“También se escucha el rumor de que podrían cerrar temporalmente el comercio dentro del Metro para no dar mala imagen a los extranjeros”, mencionó el comerciante.

Según reveló, en las últimas semanas los trabajadores de la remodelación han laborado “a marchas forzadas”, acelerando las obras en distintos puntos de la línea 2. Sin embargo, sostuvo que el deterioro y las fallas en el Sistema de Transporte Colectivo no son recientes.

“El Metro siempre ha sido pésimo”, sentenció Luis.

Rumbo a Tasqueña, un hombre vestido con playera tipo polo color vino y pantalón gris permanecía de pie dentro del vagón mientras se tocaba el rostro con la mano izquierda, desesperado por el retraso del trayecto.

“¡Se están atrasando!”, gritó entre el ruido del convoy y las conversaciones de los pasajeros.

A su lado, su esposa, vestida con una blusa blanca de manga corta, falda larga verde y el cabello recogido, sostenía una bolsa ecológica repleta de despensa.

“Aguanta, ahorita llegamos a hacer de comer. No seas chillón”, respondió ella, provocando algunas sonrisas discretas entre quienes alcanzaron a escuchar la conversación.

Premundial del Metro (Giovanna Morales Gómez)

A pesar de las críticas y molestias por las remodelaciones, uno de los trabajadores del Metro defendió algunas de las intervenciones realizadas en estaciones emblemáticas como Pino Suárez, donde se encuentra la estructura arqueológica dedicada a Ehécatl.

“No se ha removido ninguna pieza arqueológica. Todas las piezas siguen intactas; al contrario, se han restaurado. Incluso se ha añadido información de cada pieza arqueológica, principalmente la estructura del Dios Ehécatl. A las 8:30 de la noche se realizan proyecciones con luces sobre la pirámide”, resaltó José Armando Miranda, auxiliar de estación del Metro Pino Suárez.

Miranda añadió que las remodelaciones también contemplan cambio de mármoles, pintura, rehabilitación de paredes, mejora en la iluminación de los pasillos y renovación de torniquetes, entre otras adecuaciones que buscan modernizar la línea 2.

Carlos Hernández, usuario frecuente de la línea azul para trasladarse diariamente a su trabajo y regresar a casa, consideró que las remodelaciones eran necesarias; sin embargo, opinó que existe una mala organización y que las obras se realizan contrarreloj.

“Estas remodelaciones debieron hacerse desde hace muchos años. Las autoridades tuvieron tiempo suficiente para intervenir las estaciones y no esperar hasta ahora por el Mundial”, expresó Hernández mientras aguardaba la llegada del tren en medio de retrasos y pasillos parcialmente cerrados.

En la estación Hidalgo, un señor y una joven estuvieron a punto de chocar mientras intentaban bajar las escaleras para abordar el tren con dirección a Tasqueña. Las obras, las estructuras provisionales y los rincones acordonados con cintas amarillas redujeron el espacio de libre tránsito en los pasillos, provocando que decenas de personas intentaran entrar y salir al mismo tiempo de los andenes.

La joven cedió el paso al hombre; sin embargo, él respondió con cortesía.

“Primero las damas”, dijo mientras hacía una seña para que avanzara.

Segundos después, al notar que la multitud apenas avanzaba del lado donde se encontraba la joven, volvió a dirigirle la palabra.

“Bueno, está bien”, comentó entre risas.

Ambos sonrieron antes de perderse entre el flujo lento de pasajeros y el eco de las obras que continúa envolviendo a la línea 2.

Premundial del Metro (Giovanna Morales Gómez)

Las expresiones de quienes esperaban el tren en los andenes reflejaban, en su mayoría, enojo y agotamiento por el estrés que provocan las obras. Otros mantenían la mirada fija en las vías con desesperación, aguardando durante varios minutos la llegada de la famosa “limusina naranja”, para finalmente abordar vagones saturados y avanzar lentamente entre estaciones intervenidas.

A días de que la capital del país reciba visitantes por la Copa del Mundo FIFA 2026, las adecuaciones en la línea 2 continúan transformando el trayecto diario de millones de personas. Con muros recién pintados, cintas amarillas, rutas improvisadas y andenes abarrotados, usuarios y comerciantes intentan adaptarse a una renovación que avanza entre prisas y molestias.

Cuando otro convoy arribó a la estación Hidalgo, decenas de personas se acercaron rápidamente a las puertas para intentar abordar. Algunos consiguieron espacio entre los vagones llenos; otros permanecieron en el andén mirando cómo el tren se alejaba lentamente. Detrás del rechinido de los rieles y las voces de los pasajeros, el sonido constante de las herramientas seguía marcando el ritmo de las obras.

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