Metrópoli

El gobierno capitalino asegura que la nueva estrategia permitirá aprovechar mejor los residuos. En calles, hogares y rutas de recolección, se preguntan qué ocurre con la basura después de que sale de casa

Con apenas 15% de separación, la CDMX pone a prueba su nuevo modelo de reciclaje

Con apenas 15% de separación, la CDMX pone a prueba su nuevo modelo de reciclaje (Crisanta Espinosa Aguilar)

Desde el 1 de enero de 2026, la Ciudad de México puso en marcha un nuevo modelo de separación de residuos que obliga a dividir la basura en orgánicos, reciclables y no reciclables. La administración capitalina sostiene que la medida permitirá aprovechar mejor los materiales y reducir la cantidad de desechos enviados a rellenos sanitarios. No obstante, entre los ciudadanos persiste la misma duda que lleva años acompañando cualquier campaña ambiental sobre su de verdad sirve separar o si al final todo termina mezclado.

La Ciudad de México produce miles de toneladas de residuos cada día. De acuerdo con datos de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), diariamente se generan más de 12 mil toneladas de basura; de ellas, 56 por ciento corresponde a residuos orgánicos, 22 por ciento a materiales reciclables y otro 22 por ciento a residuos no reciclables.

A pesar de esas cifras, la propia autoridad reconoce que la separación efectiva sigue siendo baja. En la presentación de la campaña “Transforma tu ciudad, cada residuo en su lugar”, el gobierno capitalino señaló que apenas una pequeña proporción de los residuos –el 15 por ciento— se separa correctamente desde los hogares, mientras que la mayor parte continúa llegando mezclada a los sistemas de manejo y disposición final.

El nuevo esquema pretende cambiar esa dinámica. A partir de este año, los residuos orgánicos se recogen martes, jueves y sábado, mientras que los reciclables y no reciclables tienen jornadas distintas de recolección. Además, las autoridades advirtieron que los residuos que no estén correctamente separados pueden no ser recogidos.

La medida busca modificar hábitos arraigados durante décadas. Ahí es donde comienza el verdadero reto.

Con apenas 15% de separación, la CDMX pone a prueba su nuevo modelo de reciclaje (Camila Ayala Benabib)

Separar en casa y seguir creyendo

A las siete de la mañana, antes de salir rumbo al trabajo, Ernestina Valdés abre el pequeño gabinete donde guarda tres recipientes distintos. Uno contiene restos de comida; otro, envases de plástico, cartón y latas; el tercero acumula aquello que ya no tiene una segunda vida aparente.

Hace apenas unos meses utilizaba una sola bolsa.

“Lo más difícil no fue aprender qué va en cada bote”, cuenta. “Lo complicado fue convencer a todos en la casa. Mis hijos echaban cualquier cosa donde fuera, mi esposo decía que para qué si al final todo se mezcla. Durante semanas parecía que estaba peleando sola contra la basura”.

Durante años, los habitantes de la ciudad han repetido la misma queja. Separan los residuos dentro de sus hogares, pero cuando el camión recolector pasa por la calle observan cómo distintas bolsas terminan en el mismo vehículo. Dicha percepción ha debilitado la credibilidad de programas anteriores.

Incluso la jefa de Gobierno, Clara Brugada, reconoció antes de la entrada en vigor del esquema que una parte de la población había dejado de creer en la utilidad de separar debido a la impresión de que todo se mezcla durante la recolección.

Con apenas 15% de separación, la CDMX pone a prueba su nuevo modelo de reciclaje (Graciela López Herrera)

Ernestina recuerda haber pensado exactamente eso.

“Hubo veces en que veía pasar el camión y me preguntaba si estaba perdiendo el tiempo. Cuando tienes prisa, separar implica un esfuerzo extra. Lavar un envase, guardar cartón, apartar los restos de comida. Si después todo termina junto, la verdad es que uno se desanima”.

Aún así, decidió continuar.

“Lo hago porque entiendo que el problema empieza en mi casa. Si yo mezclo todo desde el principio, ya nadie puede rescatarlo después. Lo que no sé es si todos los demás van a hacer lo mismo”.

Los sistemas de reciclaje dependen de la participación masiva de la población. Un modelo técnicamente correcto puede fracasar si la mayoría de las personas considera que el esfuerzo no vale la pena.

Con apenas 15% de separación, la CDMX pone a prueba su nuevo modelo de reciclaje (Graciela López Herrera)

El eslabón que casi nadie ve

La discusión pública suele detenerse en los hogares. Se habla de los vecinos, de las bolsas y de los contenedores de colores. Mucho menos se habla de quienes reciben esos residuos todos los días.

A las cinco de la mañana, cuando buena parte de la ciudad sigue dormida, José ya lleva más de una hora trabajando sobre la ruta de recolección.Tiene quince años en el servicio de limpia.

Dice que la diferencia entre una colonia donde la gente separa y otra donde no lo hace puede percibirse desde los primeros minutos de la jornada.

“Cuando las bolsas vienen bien clasificadas se nota enseguida. El cartón sale limpio, las botellas se pueden recuperar, los orgánicos van aparte. El problema empieza cuando todo llega mezclado con restos de comida, líquidos o tierra. Ahí muchos materiales dejan de servir”.

Mientras la conversación avanza, José describe una realidad que rara vez aparece en las campañas institucionales.

“Hay personas que creen que nosotros mezclamos todo por gusto. La verdad es que muchas veces la basura ya viene mezclada desde que sale de las casas. Nos encontramos comida encima del cartón, pañales junto con plástico reciclable, vidrio roto dentro de bolsas donde también hay residuos orgánicos”.

Con apenas 15% de separación, la CDMX pone a prueba su nuevo modelo de reciclaje (Camila Ayala Benabib)

El nuevo modelo busca precisamente evitar ese escenario.

Según las metas anunciadas por el gobierno capitalino, la intención es aumentar significativamente el aprovechamiento de residuos y acercarse a un esquema de economía circular en el que menos materiales terminen en rellenos sanitarios.

Pero para quienes trabajan diariamente con la basura, la clave sigue estando en el origen.“Lo que la gente separa bien tiene oportunidad de recuperarse. Lo que llega contaminado casi siempre se pierde”, resume José.

Su historia coincide con estudios realizados por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México, que han documentado cómo la calidad de la separación influye directamente en la posibilidad de reciclar materiales. Cuando los residuos llegan mezclados, la recuperación disminuye y los costos de clasificación aumentan.

Más que una campaña de concientización

La ciudad ya había intentado antes mejorar la separación de residuos.

Desde hace varios años existen programas relacionados con la economía circular, la recuperación de materiales y la reducción de basura enviada a disposición final. Según datos oficiales, la cantidad de residuos transportados a rellenos sanitarios ha disminuido respecto a años anteriores y miles de toneladas de materiales han sido recuperadas mediante distintos programas de reciclaje.

Sin embargo, los avances no han sido suficientes para revertir el problema de fondo.

La capital sigue generando enormes cantidades de residuos cada día. El crecimiento urbano, el consumo de productos desechables y la falta de infraestructura homogénea entre alcaldías mantienen una presión constante sobre el sistema.

Por eso las autoridades presentan el modelo de 2026 como un punto de inflexión.

La apuesta consiste en simplificar la clasificación para facilitar su cumplimiento. En lugar de esquemas más complejos, la población debe identificar únicamente tres grandes categorías: orgánicos, reciclables y no reciclables.

La lógica parece sencilla, pues si los residuos orgánicos permanecen separados, pueden transformarse en composta. Si los reciclables llegan limpios, es posible reincorporarlos a cadenas productivas. Lo que no puede recuperarse se destina a disposición final.

Sobre el papel, el mecanismo funciona. Las dudas aparecen cuando la teoría se enfrenta a la vida cotidiana.

Ernestina, la vecina que comenzó a separar residuos este año, reconoce que todavía observa inconsistencias.

“Hay días en que ves a los vecinos sacar todo junto porque no saben qué toca. Otros simplemente no tienen espacio para tres botes. En edificios pequeños eso también cuenta”.

José, desde el otro extremo de la cadena, observa algo similar.

“Hay colonias donde se nota que la información llegó y otras donde parece que nadie sabe del cambio. El sistema funciona mejor cuando todos entienden qué hacer. Cuando no, volvemos al mismo problema de siempre”.

La ciudad intenta cerrar esa brecha mediante campañas informativas, materiales de difusión y acciones de educación ambiental. Incluso se han establecido alianzas con empresas privadas para distribuir guías de separación entre la población.

Aún así, modificar hábitos colectivos requiere tiempo.

Modelo que todavía está a prueba

La evidencia disponible permite decir que esta nuevo modelo de reciclaje tiene elementos que antes no existían o que ahora cuentan con mayor claridad, como reglas más simples, calendarios definidos, metas públicas y una estrategia que busca responsabilizar tanto a ciudadanos como a autoridades.

También existen señales positivas. La reducción de residuos enviados a rellenos sanitarios registrada en años recientes muestra que parte de los materiales sí está siendo aprovechada. Además, la infraestructura de recuperación y selección continúa operando y ampliándose.

Sin embargo, aún no se puede afirmar que el sistema ha resuelto los problemas históricos de la capital.

La desconfianza ciudadana sigue presente. La participación es desigual entre zonas de la ciudad. La calidad de la separación continúa siendo un desafío. Y la percepción de que la basura termina mezclada no desaparecerá únicamente mediante campañas publicitarias.

“No espero que todo cambie de un día para otro. Lo único que quiero es saber que el esfuerzo sirve para algo”, resume Ernestina.

José, después de otra jornada de trabajo, plantea la misma idea desde otro ángulo.

“Cuando la basura llega bien separada, sí se nota la diferencia. El reto es lograr que eso ocurra todos los días y en toda la ciudad”.

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