
Venezuela:
El epicentro del terremoto político que sacudió el mundo el tercer día de 2026, no termina de digerir la caída de Nicolás Maduro, cinco meses después de retar desafiante a Trump con un “¡Venga por mí, cobarde!”.
El nerviosismo del régimen chavista ante la facilidad con la que fue capturado el presidente mientras dormía en un cuartel rodeado de su guardia pretoriana cubana y la euforia de los venezolanos que esperaban el colapso de una revolución que acabó en pesadilla, se transformó en estupefacción, cuando quedó al descubierto que el interés de Trump no es restaurar la democracia, forzando elecciones libres, sino devolver la riqueza petrolera a las multinacionales estadounidenses.
Lo hace, además, de la forma más humillante y traidora para el exilio antichavista: negando el liderazgo de María Corina Machado (en lo que huele a venganza por haber aceptado el premio Nobel de la Paz que el magnate populista consideraba suyo) y dejando intacto el poder del gobierno chavista, sólo que ahora dócil y bajo su vigilancia.
En resumen: Venezuela pasó en cuestión de días de ser la trinchera antimperialista sudamericana a convertirse en un protectorado de Estados Unidos y en el gestor (expoliador) de su petróleo. De momento, la liberación de los centenares de presos políticos no parece ser una prioridad para Trump.
Colombia:
Tras la caída de Maduro, Trump y su equipo de Halcones, liderados por el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Guerra Pete Hegseth y su asesor Stephen Miller, aún con la testosterona disparada por el éxito de la operación secreta, apuntan a una nueva presa: el presidente colombiano Gustavo Petro.
“Tiene fábricas donde hace cocaína y la están enviando a Estados Unidos; así que, tiene que cuidar su trasero; espero que me esté escuchando; será el siguiente”, declaró Trump tras presumir de la operación nocturna en Caracas.
Existe, además, un factor que va a disparar aún más la tensión: Colombia celebra elecciones este 2026.
El 8 de marzo se renueva el Congreso y el 31 de mayo la primera vuelta de las presidenciales (si ningún candidato supera el 50% habrá segunda vuelta el 21 de junio). Cualquier candidato que apoya una mínima intervención extranjera, de izquierda o de derecha, sabe que la posibilidad de ganar es nula. Por muy polémica que sea la gestión de Petro, nadie puede acusarle de reprimir masivamente al pueblo o haber tomado la instituciones para perpetuarse en el poder, como hizo sistemáticamente Maduro en Venezuela.

Cuba:
La conversión de Venezuela en protectorado estadounidense deja a la isla en una situación crítica, ya que el régimen de Maduro era su principal suministrador de petróleo subvencionado, parte del cual revendía a China para obtener divisas, con las que comprar el 80% de lo que consume y no produce por el colapso de su producción agrícola e industrial.
Esta es la principal apuesta de Trump: “Cuba está a punto de caer. Cuba ya no tiene ingresos. Vivían del petróleo venezolano, y eso se acabó. No creo que tengamos que hacer nada: parece que se está derrumbando sola”.
En respuesta, el canciller cubano Bruno Rodríguez despreció el pronóstico del republicano en un mensaje en el que señaló su “desconocimiento total de la isla” y aseguró que los cubanos están “dispuestos a dar sus vidas por la patria”.
A falta de datos sobre qué tan dispuestos están los cubanos a defender un régimen que los deja a oscuras diariamente y manda a la cárcel a quienes pidan elecciones libres, la vulnerabilidad de las fuerzas armadas cubanas quedó en evidencia con la grave falla de seguridad que acabó con 32 militares cubanos muertos durante el ataque estadounidense contra el cuartel en Caracas.
Brasil:
Luego de un año resistiendo el chantaje arancelario de Trump y las sanciones a jueces, sin que lograr su objetivo de que no entrara en la cárcel su aliado el expresidente Jair Bolsonaro, el republicano podría volver a intentar que la izquierda salga del poder y poner fin a la era Lula da Silva en las elecciones del 5 de octubre.
El expresidente Bolsonaro, condenado por intentona golpista que incluía el asesinato de Lula en caso de resistencia, escribió una carta desde prisión nombrando a su hijo mayor, Flávio Bolsonaro, senador por Río de Janeiro, como su heredero político y el candidato de su formación ultraderechista.
Por su parte, Lula confirmó recientemente que se presentará como candidato de izquierda para su cuarto mandato. De momento, las encuestas le favorecen, tras recuperar la popularidad perdida, precisamente gracias a que supo enfrentarse con éxito a la ofensiva de Trump.
Por este motivo, es probable que Trump se cuide mucho de volver a las represalias contra el país, si los brasileños no se decantan por el hijo de Bolsonaro.
Panamá:
Al igual que Trump busca la anexión de Groenlandia, para controlar la futura vía marítima del Ártico, el magnate republicano codicia el canal de Panamá, para controlar esa estratégia vía marítima entre el Pacífico y el Atlántico.
En su primer año de mandato, el republicano calificó la entrega del canal a Panamá en 1999 (por los tratados Torrijos-Carter de 1977) como un “robo”, insistiendo en que EU. lo construyó para garantizar su seguridad económica y militar. Asimismo, denunció que las autoridades panameñas había autorizado a China el control de varios de sus puertos. Dijo en varias ocasiones que no descartaba el uso de la fuerza para “recuperarlo”, ocasionando nerviosismo en el gobierno panameño.
En su discurso de inicio de año ante la Asamblea Nacional, el presidente José Raúl Mulino aseguró que la relación bilateral ya se había reconducido, gracias a que limitó drásticamente el control de la hongkonesa Hutchison sobre un puerto clave.
México:
La primera amenaza de Trump, antes incluso de su mensaje oficial sobre la captura de Maduro, la realizó contra México.
En su primera entrevista tras el ataque en Caracas, concedida a Fox News, Trump lanzó una advertencia directa a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Apenas unas horas después de la operación militar estadounidense en Venezuela que acabó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, el presidente Donald Trump sugirió que el próximo objetivo podría ser México, tras insistir en que el narcotráfico gobierna el país.
“Algo habrá que hacer con México”, declaró.
El mandatario republicano aclaró que la captura de Maduro no fue un mensaje para la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, a quien definió como una “amiga” y “una buena mujer”, pero subrayó que “los cárteles gobiernan México; ella no gobierna”.
Reveló que le ha ofrecido “muchas veces” a Sheinbaum la posibilidad de que el Ejército estadounidense acabe con el narcotráfico mexicano, pero la presidenta le ha pedido no hacerlo.
Este 2026 podría ser clave para ver si la paciencia de Trump acabe cruzando finalmente la línea roja.