
Un food truck mexicano identificado como “Los Patrones”, ubicado en la zona de Hollywood, en Los Ángeles, se volvió viral en redes sociales luego de que usuarios difundieran imágenes de un mural con retratos que aluden a personajes asociados tanto al poder político como al narcotráfico mexicano, presentados bajo una estética claramente inspirada en la película El Padrino.
En el costado del vehículo se observa un diseño en tonos negro y dorado, con la icónica mano que mueve hilos de marioneta, símbolo clásico del control y el poder en la narrativa mafiosa. Alrededor del logotipo aparecen varios rostros estilizados, algunos de ellos con un fuerte parecido a figuras ampliamente reconocidas en el imaginario público, entre ellas un personaje que remite al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, así como otros que evocan a capos del narcotráfico como Joaquín “El Chapo” Guzmán y Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.
Aunque en el mural no aparecen nombres ni señalamientos explícitos, la composición visual ha sido interpretada por usuarios como una provocadora comparación entre el poder político y el poder criminal, lo que desató críticas, burlas y debates en plataformas digitales.
Arte, sátira y provocación
El concepto de “Los Patrones” y el uso de una estética cinematográfica asociada a la mafia parecen apuntar más a una estrategia visual de impacto y mercadotecnia que a una acusación directa. En ciudades como Los Ángeles, el arte urbano y comercial suele recurrir a símbolos polémicos para generar conversación y viralidad, especialmente cuando se trata de temas sensibles como política, crimen organizado y poder.

Hasta el momento, no hay pronunciamiento oficial del negocio ni de autoridades, y tampoco se ha informado que exista alguna denuncia formal por el contenido del mural. Sin embargo, la imagen ha reavivado discusiones sobre la normalización del narcoimaginario y la forma en que se mezclan símbolos del poder legal e ilegal en la cultura popular.
Reacciones divididas
Mientras algunos usuarios consideran el mural como una sátira o crítica social, otros lo califican como una falta de respeto y una apología indirecta del crimen, especialmente por la inclusión de un personaje con rasgos similares a los de un mandatario en funciones dentro de una narrativa visual asociada al narcotráfico.
El caso vuelve a poner sobre la mesa cómo el arte urbano y la cultura visual pueden convertirse en detonantes de controversia política, incluso fuera de las fronteras de México.