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El grito desafiante de una mujer sin velo en las protestas en Irán resucita el espíritu de Amini y el hartazgo por la crisis, la corrupción y la saña del régimen de terror del ayatolá Jamenei contra las mujeres

“No tengo miedo, llevo 47 años muerta”: ¿Por qué esta revuelta en Irán es diferente?

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Insurrección Mujeres iraníes se manifiestan en Zurich, Suiza, contra la brutalidad del régimen teocrático y piden ayuda al mundo (MICHAEL BUHOLZER/EFE)

¿Cómo empezó la actual rebelión?

El 28 de diciembre de 2025, los comerciantes del Gran Bazar de Teherán protagonizaron una protesta por la hiperinflación y la devaluación del rial, que alcanzó a finales de año mínimos históricos con el dólar.

Que el inicio de la revuelta comenzara precisamente en uno de los bastiones del régimen de los ayatolás causó un impacto inmediato en la sociedad, ya que a nadie se le escapa que del mayor mercado del país han surgido muchos delatores y miembros de las milicias de la represora Guardia Revolucionaria Islámica.

De inmediato, las redes sociales empezaron a difundir manifestaciones callejeras, cada día más numerosas en Teherán y en decenas de ciudades, y lo que hizo que sonaran todas las alarmas del régimen: el pueblo empezó a corear proclamas para que caiga la teocracia y el Estado de terror impuesto por su líder supremo, Ali Jamenei.

¿Qué hizo el gobierno iraní?

Lo que hace siempre: reprimir hasta aplastar la rebelión. La ONG de defensa de los derechos humanos Hengaw, con sede en Noruega, estimó este martes que la cifra de muertos en dos semanas de represión a las manifestaciones se ha disparado ya a más de 2,500 personas, incluyendo niños.

En paralelo a la represión, el gobierno decretó el apagón informativo en telefonía e internet, para evitar el “efecto llamada” de manifestantes y para ocultar al mundo la brutal represión.

¿Es la primera gran protesta contra el régimen de los ayatolás?

No. Los iraníes se han levantado contra la penuria económica, la falta de libertades y el autoritarismo de la teocracia chiita en otras tres ocasiones… y en las tres fueron aplastados.

En 1999, veinte años después de triunfar la revolución de 1979, liderada por el ayatolá Jomeini y que mandó al exilio al sha de Persia y a su familia, Reza Pahlevi, estallaron protestas estudiantiles tras el cierre del periódico reformista Salam. El deseo de los jóvenes de más libertad de expresión fue reprimido con violencia, con un saldo oficial de 3 muertos y otros 70 desaparecidos.

En 2009 tomó la calle el llamado Movimiento Verde, en protesta por el fraude electoral, que declaró presidente reelecto al ultraconservador Mahmud Ahmadineyad, cuando las encuestas anunciaban como favorito al reformista Mir-Hossein Mousavi, cuyo color de partido era el verde.

Está considerado el primer gran desafío masivo contra el régimen en la calle, donde protestaron no sólo estudiantes sino amplios sectores urbanos de clase media, bajo la consigna: “¿Dónde está mi voto?”.

La represión dejó 80 muertos y miles de manifestantes resultaron heridos en enfrentamientos con la policía y la Guardia Revolucionaria.

Entre los manifestantes se encontraba la universitaria Neda Agha-Soltan. El 20 de junio de 2009, participaba en una protesta cuando un miembro de la milicia paramilitar Basij le disparó al corazón. El asesinato a plena luz del día, grabado en video, causó conmoción internacional y visibilizó la brutalidad del régimen islamista contra su propio pueblo.

Pero, lejos de rectificar, Ahmadineyad emprendió una huida hacia adelante, con más represión interior y amenaza exterior, con su programa nuclear secreto. El mandatario ultraconservador no sólo juró destruir al “Estado sionista” (Israel), sino que causó estupor cuando aseguró en la sede de Naciones Unidas que en Irán no existía la homosexualidad porque eso era una “enfermedad de Occidente”, mientras al mismo tiempo se filtraban imágenes de jóvenes ahorcados en grúas en Irán, tras haber sido condenados en tribunales revolucionarios por sodomía.

Pero, la imagen que se convirtió en el rostro de la brutalidad del régimen en el mundo lleva también rostro de mujer joven: Mahsa Amini. El 13 de septiembre de 2022 fue arrestada en una calle de Teherán por la policía moral y acusada de no llevar bien puesto el velo, ya que dejaba ver el flequillo.

Testigos denunciaron que vieron a los policías (entre ellos mujeres) golpeando a la joven dentro de la patrulla. Ese mismo día cayó en coma y fue hospitalizada, con la mala suerte para el régimen de que la viera otra joven, una periodista, que difundió su caso. La indignación, especialmente de las mujeres, que empezaron a cortarse el cabello como señal de protesta, alcanzó tal grado que, por primera vez, el régimen teocrático sintió que podía caer.

Pero, al igual que otras dictaduras, como la cubana o la venezolana, ni las sanciones ni las protestas lograron derrocar al régimen. La Guardia Revolucionaria intensificó la represión, con al menos 648 muertos y miles de condenados a largas penas, muchos por sumarse al grito de rebeldía que surgió en las redes: “Mujer, vida, libertad”.

¿Qué tiene entonces de diferente este cuarto levantamiento?

Básicamente, la entrada en escena de Donald Trump, el único presidente de EU que se ha atrevido a bombardear Irán. El bombardeo en 2025 contra sus instalaciones nucleares dejó al descubierto la vulnerabilidad militar de Irán, algo que impresionó a la sociedad iraní, acostumbrada al discurso triunfalista del régimen y a que su ejército era invencible.

Por otro lado, Trump sigue con la adrenalina disparada, luego de su exitosa misión de secuestro de Nicolás Maduro y traslado a EU, por lo que a pocos les ha extrañado que quiera repetir la operación en otra parte del mundo, para demostrar quién manda. De hecho, lleva varios días amenazando con ataques a Irán, si el régimen sigue matando a la población.

Pero hay otra diferencia fundamental: la promesa de Teherán de suavizar algo sus leyes vejatorias y crueles contra las mujeres acabó en cuanto el foco mediático internacional se volvió hacia Gaza; pero la rabia acumulada de las mujeres no desapareció y resurge incluso con más fuerza.

Uno de los pocos videos que pudo filtrarse recientemente lo deja claro: una mujer, sin velo islámico y con sangre en la boca, como si hubiera sido golpeada, dice a gritos: “No tengo miedo, llevo 47 años muerta”, el tiempo que hace que triunfó la revolución islámica y su particular saña contra las mujeres que se rebelan.

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