
El show de medio tiempo del Super Bowl 2026 pasará a la historia como el más politizado en sus 60 ediciones; gracias a que así lo quiso su protagonista, Bad Bunny, para desafiar abiertamente al presidente de Estados Unidos, culpable de declarar la guerra cultural contra todo lo que no soporta, pero que, mal que le pese, ha hecho grande a Estados Unidos: la inmigración, la tolerancia, la diversidad y la libertad de prensa para criticar a los gobernantes cuando abusan de su poder.
De hecho, más que el espectáculo en sí —13 minutos de exaltación de lo latino, la puertorriqueñidad y de recordar a los estadounidenses lo obvio: que América empieza en Alaska y acaba en la Patagonia argentina— lo que resalta es la profunda ardidez, ignorancia y xenofobia del mandatario republicano, impulsor del “English Only”, quien con su habitual lenguaje soez escribió lo siguiente en su red Truth Social:
“El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia. Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven desde todo Estados Unidos y el mundo. Este “espectáculo” es una cachetada a nuestro país, que establece nuevos estándares y récords cada día, ¡incluyendo el mejor mercado de valores y los mejores planes de jubilación de la historia! No hay nada inspirador en este desastre de espectáculo de medio tiempo; recibirá excelentes críticas de los medios de comunicación falsos, porque no tienen ni idea de lo que está sucediendo en el mundo real. ¡HAGAMOS A ESTADOS UNIDOS GRANDE DE NUEVO!
Cachetada a Trump
En algo tiene razón Trump: el espectáculo de Bad Bunny es una cachetada, pero no a Estados Unidos, como él cree, sino a él y a los simpatizantes de su movimiento MAGA, que viven fantaseando con un pasado que, sí existió alguna vez —el de un país cristiano y para los blancos—, no va a regresar jamás ni desde luego fue mejor; y que viven asustados tras creerse el mito (fabricado por la extrema derecha) de que el país está siendo “invadido” por inmigrantes de piel morena que se cuelan en la frontera sur para violar a sus jóvenes y violar sus valores.
Y si Trump no soporta que venga un liberal blanco —por ejemplo el gobernador de California, Gavin Newsom— a decirle todo esto a la cara, debe haberle sentado como el agua bendita a la niña del Exorcista, que lo haga un boricua, cantándole en español caribeño y desde el escenario más mediático de Estados Unidos (y probablemente del mundo).
“Muy interesante ¿no?”
En el otro extremo, aplaudió el espectáculo de Bad Bunny, aunque cuidando mucho las palabras (para no despertar a la fiera):
“Muy interesante, ¿no? Que haya cantado en español en el Super Bowl y que pues el mensaje sea de unión de América, del continente americano porque menciona todos los países, al final de la canción, incluido Estados Unidos y Canadá. Entonces, está hablando del continente americano”, expresó la mandataria durante su conferencia de prensa matutina. “Y muchos símbolos, en efecto. Y en efecto, el mejor antídoto contra el odio es el amor”, añadió, citando el mensaje del puertorriqueño casi al final de su presentación.
El análisis de CNN llega incluso a formular la siguiente pregunta: “Durante meses, sectores conservadores —desde el presidente hacia abajo— lo han retratado como antiestadounidense. Anoche, Bad Bunny planteó otra pregunta: ¿y si yo soy el verdadero estadounidense?”
La reflexión no es banal porque lo que está ocurriendo en Estados Unidos es que está en juego su propia alma y los dos protagonistas de la noche, el hombre más poderoso del mundo y el cantante más escuchado del mundo (“y si no entienden español que lo aprendan”, como dijo Bad Bunny), dejaron claro la noche del domingo de Super Bowl en qué bando luchan.
El Estados Unidos de Bad Bunny quedó suficientemente claro con su espectáculo, y el de Trump también con su reacción en las redes, pero donde quedó retratado el magnate republicano, sobre su naturaleza racista y sobre el país al que aspira construir, quedó patente en vísperas del evento deportivo.
El golfo de América es Trump
El jueves de la semana pasada, Trump compartió un video en Truth Social en el que el expresidente Barack Obama y la exprimera dama Michelle Obama aparecen con cuerpos de simios, un clip que generó fuertes críticas por su contenido considerado racista.
Aunque el video fue realizado por un influencer de extrema derecha y pese a que el presidente se defendió alegando que no lo vio hasta el final donde aparecen los Obama, el hecho de haberlo colgado en su red, de que no fuese borrado hasta 10 horas después y de que se niegue a pedir una disculpa dejan en evidencia la vocación racista de Trump, heredada por vía paterna: su padre, Fred Trump, fue arrestado en 1927 tras participar en una manifestación clandestina del Ku Klux Klan (KKK).
En 1989, Trump pagó de su propio bolsillo anuncios en periódicos pidiendo la pena de muerte para cinco jóvenes afroamericanos y latinos acusados de haber violado a una mujer blanca en el Central Park de Nueva York. En 2002, los acusados fueron exonerados, pero Trump nunca se retractó.
Cuando ocurrieron los hechos, Bad Bunny no había nacido, pero sí era un joven viviendo en un pueblo humilde del norte de Puerto Rico, cuando el huracán María destrozó la isla en 2017.
La humillación que sintió tras ver en televisión al presidente Trump en su primer mandato, tirando rollos de papel a personas que lo habían perdido todo, se transformó el pasado domingo, casi una década después, en el plato de la venganza que se sirve frío.
En este tiempo transcurrido, Bad Bunny (que lo único que tiene de anglosajón es su nombre artístico, que se puso tras encontrar una foto de él de pequeño, con cara de enojado porque fue obligado a disfrazarse de conejo para una actividad en la escuela) no sólo se ha convertido en una estrella global, sino en un activista que decidió boicotear todos sus conciertos en Estados Unidos para no darle el gusto a los agentes del ICE arrestando a inmigrantes, por el simple hecho de tener apariencia hispana.
La pesadilla Trump desaparecerá en enero de 2029, cuando tenga que dejar el poder por impedimento constitucional para un tercer mandato (a no ser que intente dar un golpe contra la democracia, como bien podría estar tentado), pero es muy probable que la estrella de Bad Bunny, a sus 31 años, siga brillando.
En cualquier caso, su carrera meteórica confirma que si hay alguien que ha cumplido el “sueño americano” (no estadounidense, sino americano) ese es Benito Antonio Benítez Ocasio, el mismo que hace menos de una década se ganaba la vida colocando productos en las estanterías de un supermercado.