Mundo

El Escudo de las Américas de Trump va más allá de la lucha contra los cárteles, supone la creación “de facto” de una OTAN de países latinoamericanos sometidos a la voluntad de Washington y con un objetivo claro: cerrar el paso a China

Un escudo para dominarlos a todos… incluido México

comandante-miami-2026
Nueva alianza militar panamericana Los aliados latinoamericanos de Trump rodean al nuevo comandante en jefe de la región, tras la firmar en Miami del Escudo de las Américas (Presidencia de República Dominicana/EFE)

La Doctrina Donroe (la versión resucitada por Donald Trump de la Doctrina Monroe) se consagró definitivamente este fin de semana en Miami, mediante un pacto inédito entre EU y gran parte de América Latina que está llamado, como dijo el presidente estadounidense, a “cambiar el rumbo de la historia”, pero que, en la práctica, revienta décadas de diplomacia y equilibrio entre la gran potencia del norte y el resto del continente, poniendo incluso en riesgo la existencia de la OEA.

Mientras las miradas de todo el mundo estaban puestas en la guerra de EU e Israel contra Irán, Trump convocó, en secreto y en tiempo récord, a doce líderes latinoamericanos para firmar en Miami su “Escudo de las Américas”, una suerte de alianza militar panamericana para derrotar a los cárteles del narcotráfico, en la que los firmantes autorizan el uso de la “fuerza letal” estadounidense en la región.

Allí estuvieron presentes los más fieles trumpistas, encabezados por el argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele, y el ecuatoriano Daniel Noboa, quien ya autorizó la presencia de militares de EU en el país. De hecho, en víspera de la cumbre de Miami ya se puso en marcha la primera operación militar conjunta EU-Ecuador para atacar al cártel colombiano Comandos de la Frontera, que operaba en la frontera amazónica.

Pero el Escudo de las Américas no es sólo una alianza militar anticárteles; es también una alianza política proestadounidense, antiwoke y antiliberal, en la que sus miembros se comprometen a apoyar a los candidatos afines de países de la región con gobiernos que aún se resistan a ponerse bajo la órbita de Washington, o en el caso de regímenes autoritarios a intentar derribarlos, como es el caso de Cuba.

Esto explica por qué Trump no invitó a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ni a los presidentes de Brasil y Colombia, Lula da Silva y Gustavo Petro. No es que no quiera de miembros a estos países, lo que no quiere son a sus líderes izquierdistas.

México, vetado

Sin embargo, bajo la lógica de que la recién nacida alianza militar se ha creado con la finalidad de destruir los cárteles, la decisión de vetar y amenazar a México, más que humillante, es absurda, peligrosa y preocupante.

Es absurda porque México no sólo es el único país latinoamericano que comparte frontera terrestre con EU (más de tres mil kilómetros), sino que tiene a los cárteles más poderosos, por lo que México debería de haber sido el primer país invitado. Además, la caída de El Mencho durante un operativo del Ejército mexicano, gracias a datos de inteligencia aportados por EU, demuestran que el camino a seguir es la cooperación, no la exclusión.

La decisión de marginar a México es peligrosa porque alienta la idea de que una intervención armada unilateral es la única salida viable, cuando en la práctica supondría como mínimo reventar las relaciones de dos países condenados a entenderse.

Y finalmente es preocupante, porque los firmantes de la alianza han otorgado a Trump el cargo de comandante en jefe de toda la región, a sabiendas de su comprobada vocación por bombardear países sin miramientos, como estamos viendo en Irán.

Resulta patético e injusto que en la cumbre se hayan escuchado declaraciones como la de la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, cuando aseguró que no va a permitir que su país se convierta en “otro México”, a sabiendas de que el 80% de las armas que usan los cárteles mexicanos proceden de EU, donde cualquier puede comprar armas de guerra libremente.

Lo firmado por Trump y los líderes latinoamericanos, todos partidarios de la mano dura— no es algo parecido al intento fallido de George W. Bush de crear un Área de Libre Comercio de las Américas, sino algo mucho más trascendente y peligroso: una alianza político-militar, donde los países de la región pueden contar con Washington si se someten a sus intereses, o de lo contrario, pueden ser represaliados mediante el chantaje arancelario, un embargo, como el que está asfixiando a Cuba, o una intervención militar, como la ocurrida en Venezuela o podría ocurrir en México.

“México no tiene la puerta cerrada”

Como aclaró en español la portavoz del Departamento de Estado de EU, Natalia Molano —Trump ya advirtió que no iba a aprender esa lengua “de mierda”— México no tiene la “puerta cerrada” en la coalición militar para combatir a los cárteles, sólo tiene que “alinearse” con la doctrina Trump.

“No es ninguna puerta cerrada, es una oportunidad para reconocer a países que desde el primer día de la Administración del presidente Trump se han puesto la camiseta y se han alineado”, dijo. En otras palabras, el problema no es México, sino la presidenta Sheinbaum, sobre quien Trump volvió a decir que “es muy buena persona” y añadió de novedad que “tiene una voz hermosa”, pero a la que ve impotente para que el país deje de ser “el epicentro de los cárteles”.

La reacción de Sheinbaum tampoco ha sido una novedad: volvió a decir que hay que actuar con la “cabeza fría”. Sin embargo, con la negociación del T-MEC a la vuelta de la esquina y la creación de esta alianza militar, la presión se está volviendo insoportable.

Neutralizar la amenaza china

Pero la estrategia de Trump no es sólo forzar a Sheinbaum para que deje de resistirse y dé su visto bueno a una intervención militar estadounidense en México, sino algo de mucho más calado y consecuencias impredecibles: cortar en seco la creciente influencia china en la región y expulsarla.

De momento, Trump ya ha logrado que Panamá retirase a dos empresas chinas la concesión de sus dos principales puertos de contenedores, tras amenazar con quedarse por la fuerza con la soberanía del canal.

Falta por ver si China da un paso adelante y desafía al Escudo americano o se retira, quizá pensando el provecho que podría sacar de todo esto... como invadir Taiwán tan pronto como este mismo año.

Tendencias