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El dictador autorizó concesiones mineras por una superficie equivalente al estado de Querétaro, pese a la presión de Trump de eliminar la influencia de Pekín en América Latina

Nicaragua ¿provincia número 24 de China? Ortega ya ha cedido a Pekín el 8.5% del territorio

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La influencia china en América Latina Laureano Ortega Murillo saluda a Li Mingxiang, representante del Partido Comunista de China, en un acto en Managua el 2 de diciembre de 2023. En el fondo un retato de Sandino

Si Xi Jinping se expresara como lo hace Donald Trump, presumiendo de que Canadá tarde o temprano será el estado 51 de EU, el líder de la superpotencia asiática iría por el mundo presumiendo de estar convirtiendo a Nicaragua en la provincia 24 de China (de las 23 que tiene). Si lo piensa, al menos tiene la decencia de quedarse callado.

El martes, la Dirección General de Minas de Nicaragua otorgó a la empresa china Tutuwaka Mining Company la concesión minera en el lote denominado Isabela 11, con una superficie total de 157.25 hectáreas, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur.

Con este nuevo título, el presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, que mandan en Nicaragua como si fuera su rancho particular, han otorgado entre 2021 y 2026 concesiones mineras en 74 lotes a 17 empresas chinas, que extraen principalmente oro y cobre sobre un territorio de algo más de un millón de hectáreas del territorio nacional, en concreto 1,027,467.49 hectáreas. Estos 10,274 kilómetros cuadrados equivalen al doble del estado de Aguascalientes o a casi todo el estado de Querétaro.

En esto se ha convertido Nicaragua bajo el mandato del exlíder guerrillero sandinista: en un lucrativo negocio familiar, compartido con el aliado ideológico más fuerte. Para ello nombraron a su hijo Laureano Facundo Ortega Murillo asesor presidencial para las Inversiones, Comercio y Cooperación Internacional, con libertad total para firmar los acuerdos que considere necesarios con Pekín, sin contar con la autorización de la Asamblea Nacional (que de todos modos es de fiel obediencia a la dictadura).

Los que disienten tienen que hacerlo desde fuera, si no quieren acabar en el centro de detención y tortura El Chipote, en las afueras de Managua.

“Ortega ha cedido ya el 8.5% del territorio nicaragüense, incluyendo áreas protegidas, indígenas y afrodescendientes, para la exploración y explotación de minerales”, denunció desde su exilio en Costa Rica Amaru Ruiz, líder de la ONG ambientalista Fundación del Río en un informe titulado Invasión minera china en Nicaragua.

“Peor que cuando Somoza”

“El modelo extractivista está haciendo que la población sea empujada hacia los sectores más rurales, sobre todo de la Costa Caribe y de los territorios indígenas”, denunció Ruiz, amenazado por el régimen y despojado de la nacionalidad nicaragüense, pese a estar expresamente prohibido por el Derecho Internacional.

Además, alertó que los contratos firmados entre el régimen y las compañías mineras chinas se realizan sin consulta previa a las comunidades, lo que viola convenios internacionales de derechos indígenas, y están causando una deforestación como no se había visto nunca.

“Los principales indicadores en términos de deforestación son mayores que en la época de (el dictador Anastasio) Somoza. En la época de Somoza teníamos 100,000 hectáreas anuales de deforestación; sin embargo, en la época de los Ortega-Murillo hablamos de entre 136,000 y 145,000 hectáreas de deforestación de los bosques”.

Aunque la sobreexplotación minera y la deforestación consecuente afectan a todo el continente americano, la maldición histórica centroamericana —la alianza entre dictadores y compañías de potencias depredadoras para explotar las riquezas del país— se está acelerando con fuerza en la única dictadura “de facto” que sobrevive en la región: Nicaragua.

De hecho, la maldición en el caso de Nicaragua es la misma, sólo que cambian los protagonistas: en vez del dictador Somoza entregando privilegios exclusivos a las compañías bananeras de EU en la primera mitad del siglo XX, ahora es el dictador Ortega entregando privilegios exclusivos a las compañías mineras chinas en esta primera mitad del siglo XXI.

Bailar con el mejor postor

Para entender este vuelco hay que trasladarse a 1990, cuando el entonces exguerrillero sandinista y presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, perdió las elecciones y, como es preceptivo en el juego democrático, reconoció la victoria de Violeta Chamorro, viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro, la voz periodística más crítica de la dictadura y cuyo asesinato por orden de Somoza precipitó la caída de su régimen.

Chamorro ganó porque se identificó con esa mayoría de la población que no compartía la deriva “castrista” del líder sandinista, y entre las medidas que tomó estuvo romper relaciones con China y entablar relaciones con Taiwán, la “provincia rebelde” que reclama el régimen comunista de Pekín como suya.

Ortega regresó al poder en 2007, tras ganar al oficialismo, que se fracturó entre tres candidatos. Entonces pocos imaginaban que su meta era aferrarse al poder, por las buenas o por las malas. Lo hizo por las malas, con una feroz represión contra la población en cuanto dejó ver sus intenciones: para garantizar su victoria en las elecciones de 2021, encarceló a sus rivales. Las sanciones internacionales ante el descarado fraude lo llevaron, entre otras cosas, a echarse en brazos del mejor postor y resultó ser China. De esta manera se acabaron 30 años de relaciones diplomáticas y económicas con Taiwán y comenzó un proceso muy acelerado de influencia china.

El silencio de Trump

Acostumbrados a la verborrea de Trump, el mandatario republicano guarda un extraño silencio en torno a la creciente influencia de China en Nicaragua, el único bastión antiimperialista en el continente, con la excepción de Cuba y luego de la conversión de la Venezuela chavista en un protectorado de EU, de donde extrae petróleo y oro.

Lo más reciente que ha dicho Trump sobre Nicaragua es que su administración podría imponer sanciones a toda la industria del oro nicaragüense, en respuesta a la confiscación de una mina de un empresario estadounidense cuyos activos fueron entregados a una compañía china.

Con la guerra de Irán sin resolver, Trump ha dejado en un segundo plano a su “patio trasero”, pero volverá a “ocuparse” de su patio trasero, con Cuba, por un lado, y la “cuestió de los cárteles” en México y Colombia. Pero es Nicaragua donde el temido choque de las dos superpotencias podría hacerse realidad.

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