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Un músico iraní convierte las ruinas de su escuela en un acto de resistencia. Su historia muestra el poder del arte en medio del conflicto.

“Quería que el último sonido fuera música”: el profesor de Irán que toca entre las ruinas de su escuela

“Quería que el último sonido fuera música”: el profesor de Irán que toca entre las ruinas de su escuela. (hamidreza afarideh)

Hamidreza Afrideh sostiene un kamancheh sobre sus piernas cruzadas, sentado en las ruinas de lo que fue su escuela de música.

Antes de comenzar a tocar, mira a su alrededor y, desde su mundo, desde lo que él ve, y que aún no podemos imaginar, dice: “Quería que el último sonido que quede aquí fuera música, no bombas ni misiles”, y entonces roza el arco de un instrumento de cuerpo esférico y mástil largo, apoyado en el suelo, entre restos de partituras y escombros.

Hamidreza Afrideh, compositor e intérprete iraní, no solo comparte una bella melodía tradicional de su país con un “violín persa”; Afrideh transmite la resistencia de la música ante la muerte, la vida del sonido contra la destrucción de los misiles.


Un músico iraní que combate desde los escombros de su escuela en Teherán

La Huniak Music Academy fue impactada por drones tras el ataque armado de Estados Unidos e Israel en Teherán. Un recinto de enseñanza del arte hecho escombros. Pero Hamidreza Afrideh alza la voz, o mejor dicho, el sonido del kamancheh.

Aunque sabe que todos los ojos están puestos en su país, él toca bajo el polvo de la indiferencia, en el olvido del mundo.

Hamidreza Afrideh filmó la destrucción de su escuela de música, pero también su resistencia

Es en las publicaciones de Hamidreza Afrideh donde se puede ver el paso del tiempo. El paso del tiempo ante unos ojos que no son los nuestros.

Hace solo algunos meses, el 18 de enero para ser exactos, Hamidreza compartía el lanzamiento de un nuevo álbum independiente que, según describe, “se sitúa en el espacio de la música iraní y la música electrónica”.

Él, con su kamancheh de cinco cuerdas, participó como arquitecto del sonido con instrumentos como el violín, viola, violonchelo, voz soprano y voz alto, además de diseño sonoro y composición.

En ese entonces, este músico iraní presentó “El clima lluvioso”, un álbum donde la guitarra, los instrumentos de percusión llamados koobei, el bajo y la batería se integran para regalarle música al mundo y a su comunidad.

Ahora, las imágenes son distintas: la estructura que alguna vez albergó a soñadores y soñadoras del sonido se observa esquelética; se ven las arterias del concreto; la luz entra por donde estallaron los misiles, en muros frágiles y escombros de recuerdos.

Pero la música suena. Hamidreza toca y dice: “Quería que el último sonido que quede aquí fuera música, no bombas ni misiles”, incluso después del estruendo, incluso sobre el silencio del mundo.

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