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La derrota de Orbán y la respuesta desafiante de León XIV al presidente de EU confirman un cambio de estrategia de ante los ataques de los populistas

Del ganador en Hungría al Papa: los “zurdos” de los que se burla Trump están despertando

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Muro contra la extrema derecha en Hungría El primer ministro electo de Hungría, Peter Magyar (TIBOR ILLYES)

En el intervalo de la noche del domingo a la mañana del lunes ocurrieron dos acontecimientos que deberían hacer saltar las alarmas a los líderes de la extrema derecha populista, empezando por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En el primer caso, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, sufrió una humillante derrota electoral, pese a la descarada injerencia del gobernante republicano, quien envió a su vicepresidente, JD Vance, a Budapest en los últimos días de campaña para dar su apoyo en persona a Orbán, el único dirigente de la Unión Europea (a la que odia, pero de la que recibe millones de euros en ayuda por su pertenencia al club de 27 países europeos).

En el segundo caso, el papa León XIV rompió su acostumbrada discreción y no se dejó amilanar por los insultos de Trump, quien lo llamó “débil” y al que instó a “dejar de alinearse con la izquierda radical”, por criticar su guerra en Irán y su apoyo a los bombardeos masivos de Israel en Líbano.

A bordo del avión que lo trasladaba a Argelia, primera etapa de su viaje por varios países africanos, el primer papa estadounidense sorprendió a los periodistas con un mensaje que supone todo un desafío abierto al magnate populista republicano: “No le tengo miedo; seguiré criticando la guerra”.

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El papa rompe su silencio León XIV lanzó un aviso a Trump desde el avión que lo trasladó de Roma a Argelia (ALBERTO PIZZOLI/EFE)

Perder el miedo a hablar

¿Qué ocurrió en particular en Hungría para que la población acabara con 16 años de reinado absoluto del ultranacionalista Orbán, otorgando una victoria aplastante a su oponente, Peter Magyar?

Básicamente, porque lo que dijo el papa: porque perdió el miedo a hablar alto y claro sobre los casos de corrupción y las mentiras del mandatario húngaro para mantenerse en el poder, empezando por una falsedad inspirada en la oratoria agresiva no solo del republicano, sino del inventor de un insulto degradante para todos los que defiendan ideas progresistas o minorías perseguidas: los “zurdos”.

Magyar ni siquiera es socialdemócrata (la versión más light de la izquierda en las democracias liberales europeas), es un conservador que abandonó el partido ultraconservador de Orbán, en protesta por haberse convertido en un pelele de Putin, y fundó el suyo propio con un discurso europeísta, con el que arrasó el domingo.

Cada vez que Orbán acusaba a Magyar de ser un traidor que se alió con los “zurdos” de la Unión Europea, más fuerte le increpaba que, para traidor, el mandatario por despreciar a sus socios europeos y echarse en brazos de Putin, a quien le aplaudió por invadir Ucrania.

El cambio de estrategia fue fundamental para la rotunda victoria en las urnas del europeísta Magyar.

Pero, durante demasiado tiempo, la situación era muy diferente.

La estrategia del insulto

El auge de la extrema derecha en la última década y media —la victoria más reciente fue la del pinochetista Juan Antonio Kast en diciembre— se debió a que surgió una generación de políticos antiliberales y sin pelos en la lengua que aprovecharon el auge masivo de las redes sociales para insultar a sus oponentes, lanzar bulos sobre la izquierda y venderse como salvadores de la patria.

Así ganaron en las urnas, entre otros, los defensores del Brexit —“la ladrona Europa roba a los británicos”—, Donald Trump —“los demócratas abrieron la frontera a los criminales mexicanos”— o Javier Milei —“ante los zurdos de mierda no hay que ceder ni un milímetro”, en alusión a los políticos izquierdistas y progresistas—.

Así ganó también Viktor Orbán en 2013, cuando se sumó a las voces que culpaban al multilateralismo de haber provocado la crisis financiera global de 2008, cuando en realidad fue consecuencia de las políticas neocon que convirtieron los mercados en un casino donde los especuladores financieros apostaban el dinero y endeudaban a bancos y Estados.

Sin embargo, el secreto del éxito de Orbán y sus aliados internacionales en el poder (y los que esperan su turno en las urnas, como el español Santiago Abascal, del partido ultranacionalista Vox) no solo es gracias a que secuestraron el discurso y gritaban más alto, sino que fue también gracias al silencio de sus rivales ante la agresividad del bully, en un inútil ejercicio de decoro democrático.

¿Qué habría pasado en las presidenciales de Estados Unidos de 2016 si, durante el último debate televisado, Hillary Clinton no se hubiese quedado callada cuando Trump dijo que debería estar en la cárcel?

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Elección histórica en Países Bajos El primer ministro neerlandés, Rob Jetten, junto a su marido, el argentino Nicolás Keenan (EFE)

Esa misma pregunta debió hacerse el actual primer ministro de Países Bajos, el socialdemócrata Rob Jetten, cuando endureció su discurso en el debate televisado frente al favorito, el ultraderechista Geert Wilders, y acabó ganando las elecciones el 29 de octubre de 2025, convirtiéndose unos meses después en el primer gobernante que supo defender su homosexualidad y su lucha contra el cambio climático, dejando a su oponente sin argumentos, atrapado en sus bulos y su demagogia ultraderechista

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