
El nuevo juicio por la muerte de Diego Armando Maradona, en el que se juzga a siete trabajadores de la salud, comenzó este martes con el foco puesto en los cuidados domiciliarios que el astro recibió en los días previos a su fallecimiento, ocurrido el 25 de noviembre de 2020 a los 60 años, tras un paro cardiorrespiratorio.
Tras la anulación del primer juicio el 29 de mayo de 2025 debido a la escandalosa actuación de la jueza Julieta Makintach, quien participaba en secreto en un documental sobre la causa llamado ‘Justicia Divina’, este martes comenzó un nuevo proceso judicial en un tribunal en las afueras de Buenos Aires para determinar si los médicos encargados de cuidar a Maradona en sus últimos días tuvieron responsabilidad en su muerte.
Al igual que el año pasado, el proceso oral se lleva a cabo en los tribunales de la localidad de San Isidro, el exclusivo barrio en la periferia de Buenos Aires, con nuevos jueces, ante quienes declararán más de un centenar de testigos.
En la primera jornada, la sala de audiencias reunió a las tres hijas de Maradona —Dalma, Giannina y Jana—, su última pareja con los cuatro médicos, un psicólogo y dos enfermeros acusados, que afrontan posibles penas de entre 8 y 25 años de prisión.
“Abandonaron a Maradona a su suerte”
El fiscal de la causa, Patricio Ferrari, que lleva adelante la acusación contra los médicos por “homicidio simple con dolo eventual” (no hubo intención de matarlo, pero asumieron conscientemente la probabilidad de que ocurriera), aseguró durante sus alegatos de apertura que los imputados “abandonaron a Maradona, condenándolo a su suerte” y que existieron múltiples señales de alarma que “decidieron no escuchar”.
Fernando Burlando, el abogado de Dalma y Gianinna, afirmó durante la audiencia que el astro “fue asesinado” y consideró que las conductas de los médicos “no fueron negligencias ni meras omisiones”, sino que “sabían la peligrosidad que implicaban sus actos”.
El neurocirujano Leopoldo Luque, principal acusado por la muerte del exfutbolista, estrenó este martes una defensa renovada con la incorporación de Roberto Rallin, que se sumó a Francisco Oneto, también abogado del presidente argentino, Javier Milei.
Uno de los argumentos novedosos de la defensa de Luque fue que el neurocirujano “no estaba a cargo” de la salud de Maradona, a pesar de que, durante el primer juicio, numerosas pruebas mostraron que él era su médico de cabecera.
“Si Diego viviera, pediría la absolución de Luque”, expresó Rallin, provocando la indignación de las hijas de Maradona.
“Agonía de 12 horas”
Ante el argumento de la querella de que Maradona tuvo “una agonía de 12 horas” previo a su muerte, la defensa del enfermero Ricardo Almirón aseguró que la mañana del día del fallecimiento su cliente abrió la puerta corrediza de la habitación de Maradona y “a distancia, lo observó respirar”.
Además, aseguró que “el chequeo de los signos vitales no estaba indicado por el médico tratante” y que el enfermero “hizo de más” al realizarlos de todas maneras.
La querella resaltó la “inacción” del equipo médico ante las señales observables del deterioro físico del ídolo, entre las que mencionaron un edema generalizado de pies a cabeza que provocó una hinchazón notable debido a la acumulación de tres litros de líquido en distintas partes de su cuerpo.
Durante el juicio, que se prevé se extienda por tres meses con audiencias todos los martes y jueves, se presentarán como prueba la declaración testimonial de un centenar de testigos, los mensajes intercambiados por los principales involucrados y evidencia médica.
Tal como sucedió en el proceso judicial de 2025, el nuevo juicio se centrará, en principio, en la decisión de llevar a cabo los cuidados de Maradona fuera de un centro médico, así como la calidad de los mismos, elementos que podrían indicar si la muerte del astro era evitable y qué responsabilidades penales tendrían los profesionales de la salud que lo atendieron.
El deceso de Maradona se produjo en plena pandemia de la covid-19. El entonces entrenador había sido sometido a una cirugía craneal por un hematoma subdural y, en circunstancias que la justicia deberá determinar, se resolvió que su rehabilitación se realizara en internación domiciliaria.
En una casa en un barrio privado de la localidad bonaerense de Tigre, presuntamente sin los dispositivos médicos adecuados, pasó sus últimas dos semanas de vida. En el marco de un crítico cuadro general que incluía enfermedad renal crónica, cirrosis, insuficiencia del corazón, deterioro neurológico y adicciones, entre otras dolencias, el desenlace lo provocó un paro cardíaco.
“Todos los imputados abandonaron a su suerte a Diego Armando Maradona, condenándolo a la muerte”, alegó el fiscal Patricio Ferrari, al presentar los lineamientos de la acusación. “La prueba va a mostrar que se trató de una internación domiciliaria sin precedentes, cruel, lapidaria, desprovista de todo”, indicó.
El fiscal calificó a los acusados como “una banda de improvisados” y aseguró que “no hicieron nada para evitar que Maradona muriera”.
“La indiferencia criminal los tuvo a todos como responsables”, concluyó.