
El martes 3 de noviembre, Estados Unidos volverá a las urnas para consolidar el “reinado” de Donald Trump, o si, por el contrario, regresa el control del Congreso a los demócratas para que los dos años que le quedan al presidente haga honor a lo que en la jerga estadounidense se conoce como “lame duck”, un pato cojo, incapaz de sacar adelante su políticas extremistas.
En las elecciones de medio mandato (“midterms elections”) están en juego los 435 escaños de la Cámara de los Representantes y un tercio del Senado (33 escaños más dos vacantes).
Los republicanos controlan la Cámara de Representantes por una mayoría estrecha de 217 escaños más un independiente que vota con los conservadores, por lo que suman los 218 necesarios para el control de la cámara baja. En cuanto a los demócratas, cuentan con 214 escaños, mientras que hay 3 escaños vacantes. Por tanto, para que haya un vuelco, los demócratas deben ganar cuatro escaños para sumar 218, por ejemplo ganando los tres vacantes y arrebatándole uno a los republicanos.
En cuanto al Senado, de los 35 escaños en juego, los republicanos defienden 20 y los demócratas sólo 13. Teniendo en cuenta que la tradición señala que es mucho más fácil defender un escaño que arrebatarlo, la ambición de los demócratas de arrebatar el control a los republicanos es más complicada. La composición actual es del Senado es de 53 escaños republicanos y 47 senadores; por tanto, los progresistas necesitarían arrebatar a los conservadores cuatro escaños; una tarea difícil, aunque menos desde hace unos días, cuando se abrió una ventana de esperanza donde menos se pensaba: Texas; y de quien menos se esperaba: el presidente Donald Trump.
La apuesta más arriesgada de Trump
El pasado 16 de mayo, una semana antes de las primarias republicanas para elegir al candidato al Senado de EU por Texas, Trump dio un golpe en la mesa y anunció por sorpresa que “su” candidato no era el actual senador, John Cornyn, sino el polémico fiscal Ken Paxton, considerado el principal impulsor de la cacería de inmigrantes en el segundo estado con más hispanos de EU, sólo por detrás de California.
En una publicación en la plataforma Truth Social, Trump indicó que considera a Paxton un “verdadero guerrero MAGA”, por su campaña contra los inmigrantes y contra el activismo “woke” (que defiende los derechos de las minorías raciales y sexuales), y por su defensa de las deportaciones masivas, la construcción del muro y todas las políticas de extrema derecha impulsadas por el magnate populista desde la Casa Blanca.
Aunque el veterano senador Cornyn cortejó desesperadamente al presidente, a quien incluso ofreció bautizar una autopista texana como autopista Trump, cometió un error fatal en la pasada campaña nacional, cuando declaró que “El tiempo de Trump había pasado” y apoyo a otros candidatos a la presidencia. Además, fue de los pocos republicanos que se opuso a la construcción de un muro fronterizo, por inútil. Pero, la venganza es un plato que se sirve frío, y el mandatario espero más de un año después de ganar las elecciones de 2025 para anunciar que no apoyaba su tercera reelección “por desleal”.
La victoria de Paxton (63 años), el martes pasado, fue abrumadora, pese a sus escándalos en el cargo por abuso de poder, soborno y corrupción por ayudar a un inversor inmobiliario. El fiscal ultraconservador, quien sobrevivió a un “impeachment” gracias a la mayoría republicana en el Congreso de Texas, ganó por más de 25 puntos de diferencia a Cornyn, quedando demostrado que Trump, pese al desgaste en las encuestas nacionales, tiene una influencia imbatible entre el electorado consevador.
“El altamente respetado Fiscal General de Texas, un Patriota y alguien que siempre me ha sido extremadamente leal“, escribió satisfecho Trump, como advertencia a cualquiera que se atreva a desafiar su autoridad.
Las primarias de Texas llegan también semanas después de que la falta de lealtad al movimiento MAGA fuera castigada en las primarias de Georgia, Alabama y Kentucky. En este último estado, Thomas Massie, quien se había convertido en uno de los críticos más duros de Trump dentro del oficialismo, perdió su escaño.
Sin embargo, al vengativo Trump podría salirle el tiro por la culata en Texas, el granero de votos republicanos en las últimas décadas; no sólo por la falta de experiencia de Paxton en contiendas electorales, sino porque su excesivo extremismo y su clara hispanofobia podría llevar a muchos votantes conservadores moderados a elegir al rival demócrata en la lucha por uno de los dos escaños para el Senado que están en juego en el estado de la Estrella Solitaria: James Talarico.
Progresismo humanista contra conservadurismo supremacista

Con apenas 37 años y un exitoso manejo de las redes sociales, el moderado Talarico ganó el 3 de marzo por goleada a su rival demócrata, Jasmine Crockett (de la corriente izquierdista del partido) en las primarias demócratas para elegir candidato por Texas al Senado de EU.
El exseminarista tuvo una carrera política fulgurante y llamó la atención, no sólo a nivel estatal, sino nacional, gracias a una estrategia de serenidad, pero firmeza, frente a los insultos y calumnias de Trump, que ha causado entusiasmo entre el electorado que desconfía tanto del extremismo de la derecha MAGA como del extremismo de líderes como Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortes.
Una réplica de Talarico a Trump cuando le acusó de ser “un insulto a Jesucristo” define toda su ideología y aún colea en las redes con entusiasmo:
“¿Quieres saber qué es un insulto a Jesús? Echar a los enfermos de su seguro médico mientras se bajan los impuestos a los multimillonarios. ¿Sabes qué es un insulto a Jesús? Deportar al extranjero y separar a los bebés de sus madres. ¿Sabes qué es un insulto a Jesús? Bombardear a niños inocentes en las escuelas de Irán y enviar a nuestros valientes hombres y mujeres a morir en otra guerra eterna. ¿Sabes qué es un insulto a Jesús? Encubrir los archivos de Epstein y luego negarse a procesar a una sola persona que aparece en ellos”.
Talarico ya no piensa en derrotar a Paxton; piensa en derrotar a Trump, y en ambos casos espera lograrlo con la mejor arma posible: el voto de los jóvenes, de los independientes y, sobre todo, de los hispanos.