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Pasadas las “72 horas de oro”, se desploma la esperanza de rescatar con vida a personas atrapadas y surgen “milagros” como el de soldados mexicanos que sacaron a un niño. La última cifra de muertos es de 1,450

La tragedia en Venezuela destapa las grietas del régimen chavista: “Me salvó Google, no el gobierno”

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Catástrofe en Venezuela Un rescatista observa impotente la tragedia desde los escombros de un edificio colapsado en Catia La Mar (Ronald Peña R/EFE)

El gobierno venezolano declaró los dos terremotos ocurridos en la tarde del miércoles, con una diferencia de apenas 39 segundos, como el “evento más fatídico que haya sufrido esta república en 126 años”. Lo reconoció el sábado el jefe de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, justo cuando se cumplieron las llamadas “72 horas de oro”, considerado el límite de resistencia de una persona sin beber agua en una situación límite de estrés físico y mental.

Desde entonces, el número de personas con vida rescatadas ha caído en picada y, al igual que ocurrió en tragedias similares, como los terremotos de México de 1985 y los de Turquía en 2023, pasados los primeros tres días de la tragedia empezaron a emerger escasos “milagros”, especialmente de bebés salvados por no estar sometidos a la intensa sensación de pánico de los adultos, la cual acelera la sudoración y la deshidratación. La propia Delcy Rodríguez —hermana del líder de la Asamblea y vicepresidenta ejecutiva de Venezuela— colgó un video en su red social para celebrar el rescate de un niño por parte de soldados mexicanos.

“Buenos para reprimir, no para rescatar”

A cuatro días de la tragedia, el trauma por el doble terremoto y la angustia por la suerte de los desaparecidos comienzan a dar paso a la indignación con un régimen que lleva décadas preparando a sus fuerzas bolivarianas para reprimir la ola de protestas ciudadanas, pero no para reaccionar con rapidez y eficacia ante una catástrofe natural.

“Cuando los manifestantes cortaban las calles en Caracas para denunciar fraude electoral o por el hambre que pasamos, los esbirros y los colectivos (grupos paramilitares de barrio) aparecían de la nada y aplastaban en pocas horas cualquier protesta, de lo organizados que estaban; ¿dónde están ahora para socorrer a la población?”, se preguntaba entre lágrimas desde su TikTok una joven venezolana desde Catia La Mar, donde se han reportado más de 180 edificios de viviendas desplomados, muchos de hasta quince plantas.

De hecho, cuando pasadas las primeras doce horas empezaron a emerger en las redes sociales decenas de videos de venezolanos desesperados preguntándose por qué no habían llegado aún los rescatistas y rogando que ayudaran a sacar de las ruinas a familiares que habían quedado atrapados bajo los escombros, empezaron a organizarse escuadrones civiles que decidieron actuar por su cuenta, levantando cascotes de concreto con sus propias manos.

Para cuando el gobierno reaccionó y habilitó el dañado Aeropuerto Internacional de Maiquetía para la llegada masiva de la ayuda internacional y equipos de rescate de varios países, entre ellos México, la autopista que une Caracas con el aeropuerto y luego con las ciudades costeras de La Guaira estaba tan colapsada de ciudadanos que querían ayudar, que las autoridades tuvieron que emitir anuncios para que se dieran la vuelta y permitieran el paso de las caravanas con rescatistas y primeros auxilios.

Según datos oficiales, el sábado ya estaban desplegados en la zona del desastre 25,000 elementos de las Fuerzas Bolivarianas, pero, según comprobó la enviada de El País, “no se les ve con palas, sino en las calles, dirigiendo el tráfico, o al menos intentándolo, o parados en grupo, conversando”.

“A esta gente no la mató el terremoto. La mató el Gobierno”, declaró Juan Manuel Chirino, quien lleva tres días preguntando en los tanatorios, algunos improvisados, para enterrar con dignidad los cuerpos de su hijo, su nuera y dos nietos de 10 y 6 años, que murieron aplastados en su casa. “A mi familia la sacó la gente del barrio con las manos. Los sacaron abrazados. Como no había papel ni pluma no anotaron sus nombres y ahora no sé dónde están”, declaró entre sollozos.

Décadas ignorando el silencio sísmico

La tragedia actual en Venezuela estaba escrita desde 1812, cuando un terremoto de 7.2 grados destruyó parcialmente Caracas y dejó un saldo de 25 mil muertos. Desde entonces, la franja costera del norte de Venezuela, incluida Caracas, ha sufrido otros cinco sismos de categoría destructiva, como el de 1929 (7 grados) y el de 1967 (6.9), por lo que era cuestión de tiempo que volviera a temblar la tierra. Sin embargo, los diferentes gobiernos posteriores convirtieron el “silencio sísmico” (acumulación peligrosa de energía tectónica) en un olvido negligente, pese a que los geólogos alertan que la falla de San Sebastián, donde chocan la placa sudamericana y la del Caribe, corre en paralelo a menos de 50 kilómetros de la costa norte central, donde se concentra la mayoría de la población, ya sea en Caracas o en su periferia costera.

Cuando ocurrió el terremoto de Haití del 12 de enero de 2010, una de las mayores tragedias de la era moderna, con casi 300 mil muertos, ya gobernaba en Venezuela Hugo Chávez, pero nadie alertó que lo que había ocurrido en la frontera norte de la placa del Caribe (en Haití) podría ocurrir también en su extremo sur, el norte de Venezuela, como ocurrió no una, sino dos veces, el miércoles pasado, sin un sistema nacional de alerta sísmica instalado en los celulares.

Sin embargo, muchos venezolanos que estaban cerca del epicentro del primer terremoto sí se asombraron al ver cómo sonaba una alerta sísmica de Google en sus celulares a las 18:04 horas de ese 24 de junio.

El Android Earthquake Alerts System no predice los terremotos con antelación, sino que los detecta casi en el momento exacto en el que comienzan a producirse. Como la velocidad de la onda electrónica es mayor que la de la onda tectónica, esos segundos de ventaja permitieron a muchos venezolanos ponerse a salvo.

Pericles Sánchez, un escritor de 39 años, relató a The Associated Press que se encontraba en la zona oriental de Caracas, la más cercana al epicentro; cuando recibió la señal de alarma, decidió en cuestión de segundos que podría no ser un fraude o una broma, pese a que nunca había recibido algo parecido. “Nos dio tiempo de salir. No fue sino hasta que estábamos ya fuera que lo empezamos a sentir: Me salvó Google, no el gobiernos”, declaró.

La pregunta que muchos venezolanos se están haciendo es desgarradora: ¿Cuántas vidas se habrían salvado si el gobierno hubiese instalado una alerta sísmica nacional en celulares y hubiese concientizado a la población y a sus fuerzas del orden sobre cómo actuar ante una tragedia de esta magnitud?

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