
En lo que va de 2026 se han sucedido doce terremotos de magnitud mayor o igual a 7.0 grados a nivel mundial en la escala Mw (Magnitud de Momento, más precisa que la de Richter en los sismos de categoría superior), algunos con gran número de muertos, como los casi siete mil que quedaron bajo los escombros en la costa central de Venezuela tras el “doblete sísmico” del 24 de junio con apenas 39 segundos de diferencia: primero uno de 7.3 Mw y luego uno de 7.5 Mw.
La proximidad en el tiempo y en el espacio del terremoto de 7.4 grados en el oeste de Colombia, el 10 de agosto de 2026, que dejó un saldo de 320 muertos, y el de Perú, de 7.2 grados, ocurrido el 20 de agosto, inundó las redes sociales de bulos apocalípticos sobre la Tierra regresándonos el daño que le hacemos, especialmente los que predicen un inminente terremoto superior a 9 grados, acompañado de tsunamis con olas imposibles de más de cien metros de altura.
En el promedio alto
Sin embargo, la realidad es otra. No hay posibilidad de saber cuándo, dónde y de qué intensidad será el próximo sismo (la ciencia predictiva no ha llegado tan lejos), pero los sismólogos sí han comprobado una gran estabilidad en el número de terremotos en el rango de los 7 a los 7.9 grados Mw —entre 14 y 18 por año—, mientras que de 8 grados hay uno cada dos años. En cuanto a los terremotos superiores a los 9 grados Mw, son extremadamente raros: en los últimos dos siglos solo se registraron cuatro terremotos superiores a 9 grados.
Por tanto, que hayan ocurrido doce terremotos superiores a 7 grados en lo que va de 2026 solo indica que nos encontramos en el rango alto del promedio y todavía hay margen para otros cinco o seis terremotos fuertes, sin que se descarte la probabilidad de uno superior a 8 grados.
En cuanto a los terremotos superiores a 9 grados (los que liberan 32 veces más energía que uno de 8 y mil veces más que uno de 7), el promedio histórico suele ser de 20 a 30 años, pero los cuatro últimos presentaron una característica similar: los dos primeros estuvieron separados por apenas cuatro años —el terremoto de Chile de 1960 (9.5, el mayor registrado en la historia) y el de Alaska de 1964 (9.2, el segundo mayor)—; 40 años después, los dos segundos se separaron por siete años: el de Indonesia de 2004 (9.1) y el de Japón de 2011 (9.1).
Por tanto, si se repite el ciclo de dos sismos de 9 grados relativamente cercanos en el tiempo y luego un intervalo de 20, 30 o 40 años, el próximo megaterremoto habría que esperarlo a partir de 2030, aumentando la probabilidad por cada década que pase acumulando energía sísmica.
¿Por qué este año se ha generado alarma?
Aunque los sismólogos insisten en que los doce terremotos superiores a 7 grados en lo que va de año entran dentro de la media, reconocen que no es común que ocurran seis sismos de esta magnitud en apenas dos meses y medio, y que cuatro de ellos hayan ocurrido concentrados en el norte de Sudamérica. Hay dos factores que han hecho particular este año:
El primer factor es pura casualidad telúrica.
El 7 de junio se registró el terremoto más fuerte del año en la costa oriental de la isla de Mindanao (Filipinas), de magnitud 7.8 Mw, que dejó más de cien fallecidos, derrumbes de infraestructura costera y múltiples réplicas de gran escala.
Solo 17 días después, el 24 de junio, ocurrió el doblete sísmico (7.2 y, 35 segundos después, 7.5) en la poblada costa central de Venezuela, el más catastrófico en pérdidas humanas y daños por haber ocurrido a menos de 10 kilómetros de profundidad. Menos de un mes después, el 17 de julio, ocurrió el terremoto en Chiapas de 7.0 grados, dejando daños materiales estructurales y deslizamientos de tierra en zonas montañosas, aunque sin víctimas que lamentar.
El 10 de agosto, un sismo de 7.4 grados a profundidad intermedia (110 km) sacudió severamente el Eje Cafetero de Colombia, dejando un saldo de 329 fallecidos y miles de heridos; cuatro días después hubo un terremoto de 7.7 grados frente a la isla indonesia de Flores, y finalmente, el 20 de agosto ocurrió uno de 7.2 grados a poco más de 2 mil kilómetros al sur de la zona afectada en Colombia, en la región peruana de Ayacucho, dejando un saldo de 12 muertos.
El segundo factor que ha convertido los terremotos en trending topic este 2026 ha sido una pura cuestión de mala suerte.
La gran mayoría de los terremotos de entre 7 y 7.9 grados ocurren en las profundidades del océano o en zonas rurales o poco pobladas. En 2026 no ha sido la excepción: los cinco primeros sismos del año de esta categoría —Malasia, Tonga, Vanuatu, Indonesia y Japón— se ajustaron a estas características y solo dejaron un muerto en el indonesio.
Sin embargo, la situación cambió radicalmente entre el 7 de junio, con el terremoto de Filipinas, que dejó 107 muertos en la ciudad de General Santos (600 mil habitantes), y el del 15 de agosto en Palu (400 mil habitantes), en la isla indonesia de Flores, con 68 muertos y graves daños.
Entre ambas fechas ocurrieron otros tres terremotos fuertes en zonas muy pobladas. El doblete sísmico del 24 de junio en Venezuela dejó un saldo de al menos 6,509 muertos, en su mayoría concentrados en las ciudades costeras de Catia La Mar, Maiquetía, La Guaira y Caraballeda, donde viven 1.2 millones de personas.
Los dos terremotos ocurrieron casi de manera simultánea: el primero a las 18:04:33 hora local (Mw 7.2) y el segundo a las 18:05:03 (Mw 7.5). En conjunto, la secuencia sísmica duró alrededor de tres minutos, con sacudidas muy intensas que provocaron derrumbes masivos.
En cuanto al terremoto de Colombia del 10 de agosto de 2026 a las 7:34 de la mañana (Mw 7.4), dejó 320 muertos, en su mayoría en la ciudad de Pereira (400 mil habitantes), entre ellos una pareja de turistas mexicanos.
En resumen: no hay más terremotos fuertes, sino áreas más densamente pobladas cercanas a peligrosas fallas tectónicas. Por eso el terremoto más fuerte registrado en la historia, de 9.5 grados, ocurrido el 22 de mayo de 1960 en la región de Valdivia (sur de Chile), dejó apenas 1,500 muertos al tratarse de una región poco poblada; mientras que el terremoto de Haití de 7.0 grados, ocurrido el 12 de enero de 2010, tuvo su epicentro a apenas 25 kilómetros al suroeste de Puerto Príncipe (2.5 millones de habitantes entonces) y dejó un saldo de entre 250 y 310 mil muertos.
Tragedia en Nepal
Un terremoto de magnitud 4.4 sacudió la madrugada de este miércoles una zona montañosa la zona tibetana china próxima a la frontera con Nepal, a una profundidad de sólo 10 kilómetros, provocando rotura de presas y violentas riadas.
Los videos grabados por personas que lograron ponerse a salvo muestran escenas apocalípticas de las aguas destruyendo puentes, templos y viviendas, arrastrando vehículos y personas huyendo. Al menos 98 personas murieron y hay más de cuatrocientos turistas desaparecidos.