
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó este domingo en su red Truth Social una imagen del mapa de aquella entidad en el que tachó la palabra “México” y escribió debajo la leyenda “América”.
Aunque no acompañó la imagen con ninguna descripción o mensaje, el republicano realizó esto tras la presentación de una serie de iniciativas de su administración para modificar denominaciones geográficas como forma de venganza o provocación. Ocurrió así con la reciente orden de denominar el lago Ontario como “lago América” o cuando ordenó cambiar oficialmente el nombre del golfo de México por “golfo de América” el mismo día que asumió su segundo mandato (20 de enero de 2025).
En ambos casos las denominaciones no tienen validez internacional debido a que la ONU establece que debe haber acuerdo si los países involucrados lo aceptan, algo que rechazaron con rotundidad Canadá, por un lado, y México y Cuba, por otro.
Plataformas digitales como Google Maps o Apple Maps, atemorizadas por las posibles represalias de Trump, aceptaron denominar “golfo de América” y “lago América” solo para usuarios dentro de EU, pero no para el resto del mundo.
A diferencia de los accidentes geográficos (como montañas o cuerpos de agua), en los que el Ejecutivo estadounidense puede cambiar la nomenclatura interna para sus agencias federales vía la U.S. Board on Geographic Names, el presidente de EU no tiene la facultad de renombrar un estado por orden ejecutiva. Cambiar el nombre de un estado requeriría la aprobación del Congreso estatal de Nuevo México y del Congreso de los Estados Unidos.
200 años antes que el nombre de México
Curiosamente, el nombre de Nuevo México, asignado por los exploradores y colonizadores españoles a finales del siglo XVI, existe más de 200 años antes de que el país vecino, México, se independizara y adoptara oficialmente su nombre en 1821.
Los conquistadores españoles, tras observar las avanzadas culturas indígenas y las riquezas del Valle de México (asiento del Imperio mexica), creían que hacia el norte encontrarían imperios legendarios similares. Al explorar las tierras habitadas por los indios pueblo, comenzaron a llamar informalmente a la región “el Nuevo México”, esperando hallar una “segunda Tenochtitlan”.
Fue bautizado en 1598 cuando Juan de Oñate estableció la provincia colonial de Santa Fe de Nuevo México dentro del Virreinato de la Nueva España.