
¿Cómo se colaron las Islas Malvinas en el Mundial de Futbol?
Ocurrió debido al azar de las bolas del sorteo de la Copa del Mundo 2026. El sorteo determinó que la selección ganadora de grupo de Argentina, que quedó primera, se enfrentaría a la que quedara en segundo lugar del grupo de Inglaterra, que quedó segunda.
Así se produjo el choque histórico en la fase de octavos de final, visto como una revancha deportiva por parte de los ingleses, traumatizados desde la polémica “mano de Dios” de Maradona en el legendario partido de cuartos de final del 22 de junio de 1986 de la Copa del Mundo de México, disputado en el Estadio Azteca y que acabó con la derrota de los ingleses. En cambio, para los argentinos fue su primera gran revancha, tras perder cuatro años antes la Guerra de las Malvinas.
Cuarenta años y 23 días después llegó de nuevo el enfrentamiento deportivo más politizado posible. El 15 de junio, Argentina e Inglaterra volvían a enfrentarse en un Mundial; en esta ocasión en semifinales en el estadio de Atlanta (Georgia). Esta vez, la selección albiceleste no necesitó de trampas para poder ganar de nuevo a la selección inglesa, pero la polémica llegó minutos después, cuando los jugadores argentinos aprovecharon que medio mundo estaba viendo el partido para desplegar una pancarta que decía “Las Malvinas son argentinas”, pese a las protestas de los jugadores y aficionados ingleses presentes y la prohibición expresa de la FIFA de hacer alusiones políticas en cualquier evento deportivo.
¿Cuál fue la reacción de Londres?
El ministro del Foreign Office, Stephen Doughty, tachó la acción de “profundamente inapropiada” y el gobierno británico respaldó la solicitud ante la FIFA para que sancionase a Argentina por violar las normas de neutralidad política en el deporte. “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Islas Malvinas definitivamente sí lo son”, afirmó, tras anunciar la presión de Londres para que la FIFA penalice lo que consideró una afrenta contraria al espíritu del futbol.
La resolución de la FIFA llegó el 21 de agosto: 10 mil dólares de multa a la AFA (Asociación del Fútbol Argentino), más otros 310 mil por múltiples infracciones y juego sucio en la final que perdió contra España.
¿Cuál fue la reacción de Trump?
La primera reacción del presidente del país anfitrión del encuentro, Donald Trump, fue un puro ejercicio de hipocresía. Declaró su respaldo a la libertad de expresión de los futbolistas argentinos y presumió de que en “Estados Unidos se respeta la Primera Enmienda sobre la libertad de manifestación”; lo dijo el mismo que amenazó a quienes mostraran una pancarta “Free Palestine”.
La segunda reacción llegó dos meses y medio más tarde y fue mucho más perturbadora: una amenaza velada inédita en las relaciones internacionales entre Estados Unidos y Reino Unido.
El 31 de agosto, a la pregunta de un periodista sobre si su gobierno cambiaría su postura sobre la soberanía de las Malvinas, Trump declaró: “Siempre reviso todas las posturas; esta es una más de ellas”.
Tres días después, tras recoger los medios británicos la “traición norteamericana”, Trump insinuó, sin decirlo de forma directa, que evitaría acudir en apoyo de Reino Unido en un eventual conflicto con Argentina por las islas. En una entrevista con GB News, se quejó de que Reino Unido “no estuvo ahí” para ayudarlo en la guerra de su país con Irán (algo que, dado el carácter vengativo del magnate republicano, suena a venganza, mediante el retiro del apoyo de Washington a Londres en el contencioso con Buenos Aires por las Malvinas).
Aunque la respuesta parezca esquiva, se trata de un cambio de postura de enorme calado, puesto que, por primera vez, un presidente de Estados Unidos rompe su neutralidad respecto a la soberanía, aunque siempre con guiños a la administración británica. Lo que hizo Trump, muy crítico con el gobierno “socialista” de Keir Starmer, fue mandar un guiño a su nuevo gran aliado internacional: Javier Milei, presidente de Argentina y líder de la nueva ola ultralibertaria y ultranacionalista que recorre Sudamérica.
Muy lejos queda el apoyo logístico de Ronald Reagan a su gran aliada Margaret Thatcher durante la Guerra de las Malvinas de 1982, en la que salió derrotado el Ejército argentino, así como el reconocimiento “de facto” de la soberanía británica por parte de los sucesivos presidentes.
¿Qué hizo Milei ante el guiño de Trump?
Recoger el guiño y sacarle partido. El presidente argentino, un declarado admirador de la premier Thatcher y su política neocon, rompió su habitual silencio sobre el conflicto para anunciar, el pasado viernes en cadena nacional, que sancionará a aquellas empresas que exploten recursos naturales en las Malvinas sin autorización argentina.
Asimismo, anunció la firma de un decreto para ampliar los recursos del Ministerio de Defensa con el “fin prioritario” de construir una base naval en la provincia de Tierra del Fuego (2.4 mil kilómetros al sur de Buenos Aires), dentro de cuyo territorio Argentina considera que están las Malvinas.
¿Qué está detrás del repentino interés por las Malvinas?
Como en tantos conflictos geopolíticos, el petróleo. En diciembre, la compañía petrolera británica Rockhopper y la israelí Navitas Petroleum anunciaron una inversión de 3,900 millones de dólares para extraer petróleo de un yacimiento bautizado como Sea Lion en aguas a 250 kilómetros al norte de las Malvinas.
Las plataformas empezarían a perforar a partir de 2028 con una vigencia de unas dos décadas.
5.- Y la pregunta del millón: ¿de quién deberían ser las Malvinas?
Las Islas Malvinas pertenecen de “de facto” a Reino Unido, pero “de iure” deberían pertenecer a Argentina.
Londres se acoge al derecho a la autodeterminación para señalar que el 99.8 % de los habitantes de las islas votaron en referéndum en 2013 a favor de mantener el estatus de Territorio de Ultramar del Reino Unido (solo tres personas votaron en contra).
Buenos Aires alega que tanto el resultado del referéndum como la ocupación británica son ilegales porque todos sus habitantes son “impostores”, ya que fueron llevados a propósito desde territorio metropolitano para colonizar las islas y sus riquezas, una vez que fueron expulsadas las tropas argentinas y los pocos habitantes de las islas tras la ocupación británica en 1833.
Asimismo, señala que el archipiélago pertenece geográficamente a su plataforma continental y ya formaba parte del territorio argentino cuando fue invadido por los británicos. Alega, por último, que la ONU considera a las Malvinas (Falklands en inglés) dentro de la categoría de “territorios pendientes de descolonización”.
Mientras tanto, la ONU admite la complejidad del caso puesto que, a diferencia por ejemplo de la India, donde sus habitantes eran no británicos, los habitantes de las Malvinas fueron implantados desde la propia metrópolis.
La Resolución 2065 de la ONU sobre las Islas Malvinas, adoptada el 16 de diciembre de 1965, reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido y pide a ambos gobiernos iniciar negociaciones de paz para encontrar una solución pacífica, teniendo en cuenta la Resolución 1514 sobre descolonización y los intereses de la población local.
El Gobierno argentino reclama desde hace años la soberanía nacional sobre las islas, administradas por el Reino Unido desde su ocupación en 1833. Ambos países libraron una guerra por el archipiélago en 1982, que terminó con la rendición argentina el 14 de junio de ese año.