
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ganó este domingo las elecciones presidenciales de Brasil contra todo pronóstico y el 5 de enero de 2027 se convertirá en presidente por cuarta vez. Será, además, la segunda vez consecutiva que derrota a un miembro del clan Bolsonaro: si hace cuatro años venció al entonces presidente Jair Bolsonaro, en prisión domiciliaria por una intentona golpista, esta vez lo ha hecho contra su primogénito y ganador de la primera vuelta, Flávio Bolsonaro.
La remontada de Lula es histórica. Por primera vez desde el fin de la dictadura militar (1964-1985), un candidato que quedó en segundo lugar en la primera ronda electoral se impone en la segunda vuelta a su adversario.
En la primera vuelta, Flávio fue el más votado, con el 47 % de los apoyos, dos puntos más que el dirigente progresista, lo que se tradujo en una diferencia de 2.2 millones de votos. Este domingo, en la segunda vuelta, Lula revirtió ese resultado y le sacó más de cuatro millones de votos a su adversario. Nunca antes en la historia de Brasil un presidente había sido elegido en cuatro ocasiones diferentes.
“No somos el patio trasero de nadie”
En su primer discurso de la victoria, Lula declaró que Brasil “no es el patio trasero de nadie”, en alusión a la injerencia de Estados Unidos en la región y subrayó que han tenido que vencer “la intromisión” del exterior que vino “a través de las plataformas digitales” y aprovechó para anunciar que habrá que “regular” a las grandes plataformas digitales.
De hecho, la victoria de Lula también pone freno a Meta, de Mark Zuckerberg, y X, de Elon Musk, denunciados por el Gobierno y la Justicia brasileños por una injerencia descarada, mediante aranceles o bulos en las redes sociales, en contra del veterano dirigente petista.
Euforia de Sheinbaum, silencio de Milei y Trump
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, felicitó este domingo a su gran aliado en la región por su triunfo.
“Viva la democracia, ganó el pueblo de Brasil. ¡Felicidades presidente Lula!”, apuntó Sheinbaum en un mensaje en redes sociales.
En el otro extremo, el siempre lenguaraz Javier Milei, presidente argentino, quien dedicó insultos a Lula durante su campaña de apoyo a Bolsonaro, guarda silencio. Tampoco se pronunciaron Trump ni sus nuevos discípulos en la región, como el colombiano Abelardo de la Espriella.
El mensaje de Sheinbaum se une al de otros dirigentes latinoamericanos del bando izquierdista, como el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, quien llamó a Lula para felicitarlo.
“Acabo de comunicarme con el presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, un amigo. Lo felicité por el triunfo y por la fiesta democrática que representa un proceso electoral”, indicó Orsi en sus redes sociales.
También felicitaron a Lula los presidentes de países vecinos, como Bolivia y Paraguay, Rodrigo Paz y Santiago Peña, ambos derechistas y en la órbita de Trump, quienes coincidieron en sus escuetos mensajes en abogar por “trabajar juntos”.
Mientras tanto, desde Washington se imponía el silencio.
Claves de la remontada
La campaña de Lula convirtió el temor a un nuevo Gobierno bolsonarista en uno de sus principales motores de movilización. El presidente y sus aliados advirtieron sobre los riesgos de un eventual retroceso en los derechos sociales, la protección ambiental de la Amazonia y las instituciones democráticas con un regreso de la ultraderecha al poder. Esto convenció a gran parte de los 33 millones de brasileños que estaban indecisos en la primera vuelta o que votaron por otros candidatos para dar una nueva oportunidad al veterano presidente.
Además, la reivindicación de las políticas sociales de Lula fue otro de los pilares de la campaña. Lula defendió el programa de distribución de subsidios a los pobres, Bolsa Família, como una herramienta para combatir la pobreza. El programa beneficia a unas 19.3 millones de familias brasileñas y, a pocos días de la primera vuelta, el Gobierno anunció un reajuste del 15.04 % del valor del subsidio.
La defensa de esas ayudas permitió al presidente reforzar su vínculo con los sectores de menores ingresos, especialmente en el nordeste, la región más pobre del país.
El aspirante del Partido de los Trabajadores (PT) también multiplicó sus anuncios desde la Presidencia: logró la aprobación en el Congreso de la jornada laboral, perdonó las deudas a millones de trabajadores autónomos y lanzó medidas de incentivo para el sector de los videojuegos, entre otras iniciativas.
En este sentido, vinculó a Flávio con la “motosierra” de Milei, advirtió que su victoria supondría un “riesgo para la democracia”, tras la intentona golpista que lideró su padre después de perder los comicios de 2022, y recordó las sospechas de corrupción y sus vínculos con parientes de integrantes de grupos paramilitares de Río de Janeiro.
También alertó de que se subordinaría a Trump en asuntos como seguridad y minería, en medio de los intentos de injerencia de la Casa Blanca para supuestamente favorecer al hijo de Bolsonaro, aliado del republicano. “No permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie”, exclamó Lula en sus mítines.
Frente a esto, Flávio Bolsonaro, ungido candidato por su padre, al que prometió indultar cuando llegara a la Presidencia, perdió la capacidad de marcar el debate público y fue a remolque en las tres últimas semanas de campaña.