
Una virtud que se impone poco a poco en esta era digital es no callarse ante los insultos o los bulos, o mejor aún, responder riéndose, recurriendo a los mismos canales.
Así nació el fenómeno de los “No Sabo Kids”: no como un movimiento organizado ni como una campaña reivindicativa asociada a un partido o a una organización activista proinmigrante, sino como una broma espontánea entre jóvenes de segunda o tercera generación de origen hispano, nacidos en Estados Unidos (y, por tanto, estadounidenses por nacimiento), que forman parte de una generación de votantes que contribuyó a la cadena de derrotas republicanas en las elecciones de medio mandato del martes, especialmente el histórico vuelco de Texas, pero también en otros bastiones rojos, como Kansas o Iowa.
Aunque no existe una fecha exacta de nacimiento del término, las búsquedas de «No Sabo Kid» comenzaron a aparecer en Google a finales de 2020. Los videos reproducían situaciones reconocibles para muchos jóvenes: no entender lo que dicen sus abuelos, mezclar palabras en inglés y español, pronunciar mal determinadas expresiones («no sabo» por «no sé») o quedarse en blanco cuando alguien les habla en español.
En julio de 2023, un video grabado durante una celebración de aficionados de la selección mexicana en Los Ángeles contribuyó a popularizar todavía más el término. Un periodista intentó entrevistar a un niño de padres hispanos que no conseguía responder en español y mezclaba palabras en inglés.
«Está muy emocionado», dijo el periodista para justificar la falta de respuesta del niño, mientras otro comentarista de la transmisión en directo de la cadena ESPN señalaba: «Es una generación que ya no habla español». Las imágenes se difundieron masivamente y miles de comentarios utilizaron la expresión «No Sabo Kid» para burlarse de él.
El caso del «No Sabo Kid» llamó la atención del Pew Research Center (PRC), institución que analiza cuestiones demográficas de EU y que publicó un estudio en el que reveló que el 40% de los latinos en el país escucha con frecuencia bromas o comentarios de familiares y amigos sobre quienes no hablan bien español («linguistic shaming»).
«Fue muy llamativo que los comentarios de muchos cuestionaran por qué ese niño no habla español. Lo que es una lástima porque los padres no le están hablando en español a ese niño», declaró a BBC World Mark Hugo López, director del departamento de Raza y Etnicidad del PRC y coautor del estudio.
Sin embargo, lo que ocurrió fue algo igual o más poderoso que la toma de conciencia de los padres: los propios jóvenes de la Generación Z y sus hermanos aún más pequeños de la Generación Alfa, nacidos en 2013, 2014 y 2015, comenzaron a apropiarse del término y a darle un significado diferente.
De la vergüenza al orgullo cultural
El estigma inicial de ser llamado «No Sabo» fue un revulsivo para que surgieran otro tipo de videos: los que utilizaron las etiquetas #NoSabo, #NoSaboKid y #YoNoSaboKid, ya no como objeto de burlas, sino como una forma de reivindicar el aprendizaje del español sin temor al rechazo ni a la presión de hablar un «español perfecto».
Lo que comenzó como una burla en TikTok contra los hijos de inmigrantes que no sabían hablar español terminó convertido en una reivindicación generacional: los No Sabo Kids dejaron de avergonzarse de sus carencias lingüísticas para reivindicar que ser latino no depende de hablar perfectamente la lengua de sus padres.
Para diciembre de 2023, los hashtags #nosabo y #nosabokid acumulaban, respectivamente, 440.9 millones y 242.4 millones de visualizaciones en TikTok, según el estudio. Se empezó a reivindicar el «spanglish» y la identidad chicana/latinx como expresiones culturales válidas y legítimas.
Lema de guerra en campaña
Mientras el fenómeno se consolidaba en las redes sociales entre los jóvenes hispanos como una reivindicación social, ocurrió un acontecimiento que transformaría aquella broma en una movilización social y política como pocas veces se había visto entre la juventud latina con derecho a votar en Estados Unidos: la victoria de Trump en las presidenciales de noviembre de 2024, en buena medida gracias al avance del voto masculino hispano, y su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025.
Lejos de corresponder a la confianza que muchos hispanos habían depositado en él, el gobierno de Trump emprendió una dura ofensiva contra los inmigrantes, no solo contra quienes acababan de cruzar la frontera huyendo de la pobreza o la violencia, sino también contra quienes llevaban décadas viviendo en Estados Unidos, donde habían logrado prosperar y formar una familia. Peor aún, el propio Trump los ha presentado reiteradamente como criminales.
Casi dos años de persecución, deportaciones de familias enteras, muchas con hijos con cáncer, arrestos e internamientos en centros de detención denunciados por sus condiciones inhumanas, como el polémico Alligator Alcatraz, en Florida, han sido suficientes para que los «No Sabo» hayan aprendido a decir, en español o en inglés: «No olvido».
Este martes 3 de noviembre —y en los días posteriores, gracias al voto adelantado—, las redes se inundaron de videos de estudiantes, muchos de ellos adolescentes, haciendo largas filas en los centros de votación para proclamar: «¡Yo voto!». El 71 % de los jóvenes latinos de entre 18 y 29 años que acudieron a las urnas votó por los demócratas.