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La ministra introdujo un tema ajeno a lo discutido lo que fue detectado por el resto de los integrantes del pleno de la Corte, por lo que se señaló que era inviable dejarlo. Batres, encaprichada, se negó una y otra vez a acatar lo decidido por la mayoría

En contra de la mayoría de ministros, Lenia Batres se niega a eliminar párrafo de una sentencia

En un caso inédito y sui generis, la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Lenia Batres se negó a obedecer a la mayoría del pleno y suprimir un párrafo de un proyecto de sentencia.

Batres estaba a cargo del proyecto en torno a un caso que involucraba delitos de alto impacto y amparos solicitados por los acusados. El proyecto de Batres encontró apoyo en los ministros en lo general, para evitar que el actual pleno (emanado de las recientes reformas constitucionales) revirtiera decisiones del Poder Judicial bajo su estructura anterior a la actual, pero Batres introdujo un párrafo (el 52 de su proyecto) en el que trataba de remarcar que podían existir casos de “cosa juzgada fraudulenta”, un tema que no estaba sobre la mesa pero al que es muy afecto el grupo político morenista al que pertenece.

Los ministros Estela Ríos, Irvin Espinosa y Azael Figueroa señalaron de inmediato lo improcedente de ese párrafo y pusieron sobre la mesa la necesidad de suprimirlo, no porque la “cosa juzgada fraudulenta” no sea un tema de la Corte, sino porque era ajeno a lo que se le entregó a Batres para hacer un proyecto de acuerdo.

Siete ministras y ministros votaron la supresión de ese párrafo, lo que, en un curso normal, debió derivar en la eliminación del párrafo referido a efecto de que el acuerdo fuese transitable, pero Batres se negó a hacerlo.

Los ministros, que ya habían votado unánimemente a favor del proyecto de Batres porque evitaba que la nueva Corte revirtiera sentencias inapelables del Poder Judicial emitidas previo a las reformas constitucionales, se encontraron repentinamente con una obstinación de Batres por que nadie le tocara una coma a su texto.

El proyecto de Batres y su actitud originó que, en efecto, se mantuviera el párrafo que la mayoría deseaba desechar (básicamente porque Batres se sacó un argumento de la manga y no de lo analizado jurídicamente).

La ministra Yasmín Esquivel tuvo entonces que recordar que las decisiones de la Suprema Corte deben ser el resultado del consenso y no de voluntades individuales y se fue más a fondo: “Resulta jurídicamente imposible que una sentencia contenga expresiones y decisiones que no son fruto del consenso de mayoría”, argumentó, “las decisiones que aquí se toman no representan ni deben representar la voluntad individual de una de las personas ministras, pues ello de ser así se estaría atentando en contra de lo que la mayoría decide deliberando democráticamente”.

Esquivel Mossa insistió que al dictar una sentencia como Suprema Corte de Justicia de la Nación, no pueden resolverse “a nombre propio” los temas.

Esquivel subrayó también la importancia del principio de colegialidad en el funcionamiento de la Suprema Corte, así como la necesidad de que las sentencias reflejen exclusivamente aquellas consideraciones que cuentan con el respaldo de la mayoría del Pleno, en apego al marco constitucional y al proceso democrático de deliberación judicial.

El Presidente de la Corte, Hugo Aguilar, apoyó a la mayoría de los ministros, pero fue entonces cuando la Suprema Corte asemejó a un grupo de escolares en el que la niña dueña del balón, con muy poco apoyo, se negaba a ponerse de acuerdo con los demás.

Y si bien Batres había iniciado con un “no tengo inconveniente” si se acordaba quitar ese párrafo, pronto titubeo y pasó a un “no me parece adecuado”.

Se votó la eliminación del párrafo 52 y se decidió que debía ser eliminado, pero increíblemente Batres se puso “bajo protesta” frente a la decisión de la mayoría. Por más que los ministros le indicaron a Batres que el proyecto debía reflejar el acuerdo tomado por la mayoría y que el fondo del tema, el que verdaderamente se discutía, había logrado apoyo unánime, Batres no dio su brazo a torcer.

Finalmente, la corte debió decidir que el proyecto de Batres se quedaba como estaba y dejar para el engrose del mismo la aclaratoria de que ese párrafo 52 era claramente ajeno al análisis jurídico que debían realizar, algo que 7 ministros notaron y votaron por corregir (sólo la ministra Herrerías, tímidamente, indicó que había apoyado previo a la discusión a Batres en la introducción de ese párrafo).

Con mayoría clara a cuestas y todo, la Corte tuvo que plegarse a la encaprichada Batres y emitir un acuerdo en el que se aclara que hay un párrafo que no debió quedarse, cuya eliminación se votó, pero que finalmente debió quedarse para que la Core pudiese pasar a otras cosas.

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