Como una paradoja siniestra, en la misma fachada de la casa donde una cartulina convoca al novenario para rezar por su alma, pende un cártel de la feria de Los Santos Reyes, donde murió.

“Se les invita a los rosarios de Javier Torres, ´Kalusha´, a las 8:00 pm”, se lee en el letrero pegado por la familia, bajo la sombra amarillenta de una lona colocada para recibir a deudos, familiares y amigos. A unos metros, el anuncio del festejo patronal: “Visita de los Santos Reyes al barrio del Niño Jesús”, la actividad programada para ese funesto 10 de enero, día en el cual la estructura tubular de un juego mecánico se desplomó en pleno movimiento y mató a Javier, de 45 años.
En el mismo carrito giratorio pintado de colores pastel iba un adolescente: Isaac, quien también fue golpeado por los fierros retorcidos; quedó herido y hoy continúa en supervisión médica.
“La muerte de mi hermano pudo haberse evitado, pero las autoridades no hacen nada. Ha sido una tortura para nosotros”, dice a Crónica Anayeli Torres.
La tragedia ha exhibido una realidad lacerante no sólo en la Ciudad de México, sino en todo el país: el desorden en el cual operan las ferias callejeras y, en específico, los juegos mecánicos.
Aunque son parte vital de una añeja tradición, en especial en un pueblo inclinado a los festejos como el mexicano, basta un simple recorrido por algunos de estos lugares para constatar la falta de seguridad y el riesgo: “atracciones” amontonadas en pequeños espacios, ruidosas y destartaladas, entre alambres parchados, piezas unidas con cuerdas y motores al descubierto, a pleno paso del público; zonas apretujadas, sin rejas o barreras perimetrales, rutas de evacuación, extintores, botiquines de primeros auxilios ni accesos libres para servicios de emergencia. Y enjambres de cable colgados de los postes, prueba despiadada del robo de luz y de apagones forzados de energía eléctrica, en perjuicio de vecinos.
“Regularmente los ferieros o dueños de juegos mecánicos están afiliados a grupos u organizaciones que tienen un representante, quien sirve de gestor ante las autoridades locales. A veces los compañeros tienen más de un juego, tienen 2 o 3, y pagan por el espacio que ocupan, por los metros cuadrados”, cuenta Manuel Becerra, quien ha organizado eventos de este tipo en Ciudad Nezahualcóyotl y diversos municipios del Edomex.
“Con quien se negocia no es con el gobierno estatal, sino con el municipal y con sus áreas de vía pública y, sobre todo, Protección Civil. Obtener un permiso para instalar una feria y juegos no es cualquier cosa, hablamos del pago de decenas o cientos de miles de pesos, dependiendo del espacio negociado. Son ferias temporales e itinerantes, por eso armamos rutas: los mismos juegos van a Neza, luego a Chimalhuacán, a Chalco, a Ixtapaluca y así nos vamos”.
Las áreas de juegos mecánicos ya no lucen como antes, ahora se ven descuidadas, abandonadas, inseguras –se le comenta.
–Cada vez es menos rentable traer un juego, la demanda ha bajado, los chamacos están más metidos en sus celulares o en los videojuegos, ya no se ven las largas filas de antes para subir, con lo que se gana apenas alcanza y eso ha provocado, en general, que se sacrifique el mantenimiento.
–Muchos no pagan luz, se cuelgan de los postes…
–No es sólo la luz, es el transporte, los remolques o camiones, la gasolina. Y no sólo es de colgarse, a veces hay que darle buenos moches a los de la CFE, para que te pongan unas bajadas, o pagar las plantas de luz.
–¿Qué pasa con los permisos municipales o la supervisión de protección civil?
–Somos el país que vive bajo el régimen de la mordida, todo se puede. Como decimos nosotros: para la feria se necesita feria. Cuenta hasta la cuestión electoral, más cuando es un grupo grande: la autoridad te dice: ´ahí te va el permiso, te cuesta cien mil, pero ya sabes, necesito además tantos afiliados, tantos votos, y ahí te pones de acuerdo con Protección Civil o con Bomberos´.

RESPONSABLES
La responsabilidad directa por irregularidades en la operación de juegos mecánicos temporales apunta a los gobiernos locales: municipios o alcaldías, y a sus departamentos de Protección Civil. Así lo marcan las diferentes disposiciones legales y reglamentos en la materia. No es falta de leyes. En algunos lugares, como en la Ciudad de México, se han publicado incluso normas técnicas para la instalación y operación de juegos mecánicos, las cuales se modifican cada año. Simple letra muerta…
La propia Norma técnica NT-SGIRPC-IJMT 005-5-2025 de la CDMX alerta:
“Parte importante de las tradiciones en la ciudad es la operación de instalaciones de juegos mecánicos temporales en espectáculos públicos, tradicionales y ferias, los cuales, la mayor parte de las veces son omisos en el cumplimiento de las medidas de prevención y salvaguarda necesarias para los asistentes”.
HERIDAS
La feria y juegos mecánicos donde murió Javier y donde el chico Isaac terminó herido se montaron en el pueblo de Los Reyes, a menos de 10 minutos de los hogares de ambos, en el pueblo aledaño de La Candelaria, de callejuelas diminutas.
Los amigos de la cuadra le decían a Javier “El Kalusha”, en alusión al color moreno de su piel, como la de aquel famoso futbolista zambiano: Kalusha Bwalya, jugador del club de futbol América en la década de los 90´s del siglo pasado. En su calle, hoy desolada, todos lo recuerdan como un hombre dicharachero y trabajador, dedicado a la venta de comida.
Pese a la desgracia, el jolgorio y el ruido de los viejos motores de martillos, carruseles, ruedas de la fortuna y sillas locas, continuó. Los juegos ni siquiera pausaron. Se supo después de la detención solitaria de un operador y de la apertura de una investigación en la Fiscalía General de Justicia. De los avances, nada se sabe…
“Si a las autoridades o al mismo pueblo les hubiese importado lo que pasó, hubieran venido al menos a preguntar cómo estábamos, desde el mismo momento en que murió mi hermano. Falleció y como si nada. A lo mejor no parar toda la fiesta, porque es un evento muy grande, pero si clausurar los juegos, que ya dejaran de funcionar, pero no lo hicieron”, dice Anayeli.
“Ni los mayordomos vinieron”, reprocha la madre, quien apenas se asoma por la puerta del zaguán, mientras al fondo de la vivienda otras mujeres parecen preparar alimentos para la levantada de cruz.
El desdén oficial y la falta de respaldo del pueblo, además del inesperado zarpazo de la muerte, hirieron a todos los integrantes de la familia Torres, quienes han decidido —por ahora— no ventilar detalles del caso ni hablar sobre una posible demanda o batalla legal.
“Quedamos muy lastimados”, dice otra de las hermanas.
–La muerte de Javier se pudo haber evitado…
–Lo sabemos —responde Anayeli, quien ha asumido el liderazgo familiar—, pero las autoridades no hacen nada. Lo que queremos es que mi hermano ya descanse en paz.
–¿Y los responsables?
–El hacer justicia queda en manos de Dios.
Por los vericuetos de La Candelaria encontramos a Esteban Ramírez, papá de Isaac, también sigiloso: “Él ya está mejor, pero sigue en tratamiento, checado por doctores especialistas”.
–¿Y la alcaldía de Coyoacán, la unidad de Protección Civil?
–Hasta ahora ni siquiera se han presentado, por nuestra cuenta fuimos a la Fiscalía a hacer la denuncia correspondiente. No han venido ni a preguntar cómo ayudan. Para nosotros hoy lo más importante es la vida y la salud de mi niño.
No es sólo Javier. No es sólo Isaac. Las historias de angustia y peligro se multiplican. La rueda del infortunio gira y gira.