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Es vital que la Defensa y Semar transparenten los programas de sanidad militar con los que se procura la atención psiquiátrica a personal involucrado en operaciones de alto impacto

Mente nublada: El frente psicológico de las Fuerzas Armadas

Guardia Nacional CULIACÁN, SINALOA, 29AGOSTO2024.- En diversos puntos de la entidad se registraron bloqueos con automóviles incendiados, luego de los enfrentamientos, que se dieron entre integrantes del Cártel de Sinaloa y la Fuerzas Armadas por la presunta captura de Iván Archivaldo Guzmán Salazar líder de la facción conocida como “Los Chapitos” del Cártel de Sinaloa, detención que recientemente fue negada por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). FOTO: JOSÉ BETANZOS/CUARTOSCURO.COM (Jose Betanzos)

En 2022 los hacktivistas de “Guacamaya” filtraron documentos confidenciales de la Defensa en cuya prosa podían leerse cerca de diez años de información interna, entre aquel legajo se hallaban páginas particularmente supurantes en las que la milicia mexicana admitía que el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y otras afectaciones psicológicas, padecidas por algunos de sus elementos, reducen significativamente la capacidad de los militares para identificar amenazas reales, lo que en varios casos habría provocado acciones que terminaron afectando la imagen y el prestigio “del instituto armado”. También en esa pila de documentos, había una nota en la que la Secretaría de la Defensa Nacional daba cuenta de al menos 15 eventos operativos, sucedidos en el mismo año del hackeo, en los que se detectaron falencias en el desempeño y estado emocional de los soldados que hicieron parte de ellos. Esa brecha cibernética fijó nuevamente el foco público en el frente psicológico de las fuerzas armadas.

LOS DEMONIOS

SEMAR; DEFENSA CULIACÁN, SINALOA, 19MARZO2026.- En el poblado Valle Escondido, perteneciente a la sindicatura de Quilá, se registró un enfrentamiento entre fuerzas federales y un grupo armado que dejó como saldo 11 presuntos delincuentes abatidos. El operativo, desplegado en una zona rural al sur de la capital sinaloense, generó un fuerte despliegue de seguridad y tensión entre los habitantes, quienes fueron testigos de la intensidad del intercambio de fuego. Autoridades informaron que tras el choque se aseguraron armas de alto poder y vehículos, mientras que la zona permanece bajo resguardo militar para evitar nuevos incidentes. FOTO: JOSÉ BETANZOS ZÁRATE/CUARTOSCURO.COM (José Betanzos Zárate )

La lucha intestina del Ejército y la Marina, a veces aguerrida y otras pusilánime, en contra de su propia psique afligida ha sido vastamente documentada, pero muy desafortunadamente gracias a las consecuencias que acarrea tanto para militares como civiles. Es en extremo difícil elegir un caso paradigmático, pero es posible asirse a una época clave: la Guerra contra el Narco, gesta iniciada por el expresidente Felipe Calderón Hinojosa, y es que desde el primer año de esta cruzada, 2006, hasta el 2020, las bajas de operadores incapacitados por “actos fuera de servicio” (según la normativa del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas, ISSFAM) incrementaron en un 115% con respecto a décadas previas; en ese contexto se supo de casos como los de la detención de José Fausto Gálvez por parte de elementos del Ejército que le interceptaron en las faldas del cerro La Lesna en Sonora, muy cerca de la frontera con EU, sitio donde él y otras personas aguardaban por un pollero, esto el 7 de junio de 2007. Gálvez relató a la Comisión Nacional de Derechos Humanos que los soldados le encañonaron y golpearon en un afán por que el migrante delatara a quien supuestamente le entregaría un cargamento de marihuana para “cruzarlo”. La Comisión señaló por tortura a los militares toda vez que estos obligaron a José a beber alcohol hasta vomitar y clavaron astillas de madera en sus uñas para arrancarle una confesión. Más tarde, la CNDH confirmó que el mando que ordenó y participó del martirio ostentaba un padecimiento psiquiátrico “de pronóstico reservado” diagnosticado por el Ejército y que le había sido descrito en el Hospital Central Militar, de la dolencia se dijo que influía en el grado de agresividad con que trataba a otras personas.

Existen también casos autodestructivos: En 2021 se contó la historia de un soldado del Ejército que, tras doce años de servicio, tuvo una crisis durante un operativo en Reynosa, Tamaulipas, en 2014. A raíz del evento se le diagnosticó un “trastorno cognitivo leve”, de nuevo reservado, y se le dio de baja sin goce de pensión, pues la afección habría sido desarrollada por “causas ajenas al servicio”; el hombre se suicidó en diciembre de 2020 con sus propios medicamentos. A propósito de Tamaulipas, en 2016 la Marina reportó 40 casos de TEPT en sus filas, la mayor parte ubicados en dicha entidad.

Entre 2015 y 2018 surgió otro episodio similar, el de Luis Alberto Hernández, soldado de Infantería del Ejército con la matrícula D-2346950. A Hernández se le diagnosticó un trastorno paranoide con delirios que le llevó a mezclar la realidad con recuerdos traumáticos de experiencias vividas cuando participó en operaciones contra el narco en Sinaloa, el soldado vivió en estrés constante durante dos años de despliegues, vio morir a varios de sus compañeros y no pegó ojo cientos de noches en las que debió dormir parapetado en la sierra. Evaluado en el Hospital Militar de Mazatlán y luego en el Central Militar de la Ciudad de México, se le recetó diazepam y se recomendó iniciar un proceso de retiro por enfermedad fuera de actos de servicio, proceso que no fue debidamente seguido por la Justicia Militar, finalmente se confinó a Hernández a labores de jardinería hasta que su antigua unidad le reclamó de vuelta a las armas, lo que le ocasionó una nueva crisis que le mantuvo perdedizo fuera de su cuartel por ocho días. En 2018 la Defensa le dio de baja y le acusó por el delito de deserción.

DÉFICIT DE PROFESIONALES

Ejército ACAMBARO, GUANAJUATO, 26NOVIEMBRE2024.- Elementos de la Guardia Nacional en conjunto con el Ejército Mexicano lograron el aseguramiento y desmantelación de un narcolaboratorio de aproximadamente 200 metros cuadrados en el poblado de Andocutin, límites entre los estados de Guanajuato y Michoacán. Durante la operación se incautaron 4 toneladas de precursores químicos que equivalen a 6 millones de dosis entre 0.5 y 1 gramos de metanfetaminas y otro tipo de drogas químicas, en un periodo de entre 30 y 40 días.  FOTO: GALO CAÑAS/CURTOSCURO.COM (Galo Cañas Rodríguez)

De acuerdo con datos del ISSFAM, hasta mayo de 2022 las fuerzas armadas mexicanas contaban sólo con 26 psiquiatras y 105 psicólogos adscritos a la Defensa, por otro lado, Semar añadía a 82 psicólogos y 14 psiquiatras (para un total de 40 especialistas). Antes, reportes de prensa aseveraron que en 2021 ambas dependencias aglutinaban, para la atención especializada de los soldados, únicamente a 34 psiquiatras (10 en la Marina y 24 en el Ejército). Cifras insuficientes para brindar alivio a volúmenes tales como los mil 154 militares que precisaron atención mental entre 2007 y 2012, los 124 que fueron dados de baja por esta razón en 2013 o a los 192 marinos con cuadros clínicos relacionados con la salud mental registrados en 2021.

De la filtración de 2022 se extrajo que al segundo trimestre de ese año la Defensa contaba con 79 registros de militares con algún trastorno mental activos y ejerciendo tareas de seguridad pública en Puebla; aún más preocupante, cerca de la mitad de ellos no acudía a sus terapias por desidia, negación, burlas o debido a los constantes despliegues. Ello pinta un panorama en el que no solo la atención psiquiátrica es deficiente dado el número de médicos especialistas disponibles, también refleja la incapacidad del orden militar para crear esquemas de rotación y sensibilización del personal que permitan a los operadores cumplir con su tratamiento en tiempo y forma.

Ya en 2016 el estudio Trastorno por estrés postraumático en el Ejército y Fuerza Aérea mexicanos, de Iván Noé Martínez-Salazar, entonces jefe del de la subsección de Psiquiatría de Mujeres, en el Hospital Central Militar, emitía algunas recomendaciones para paliar la incidencia de TEPT y otros trastornos, así como para satisfacer su atención. El psiquiatra expuso la necesidad de crear una Licenciatura en Psicología Militar para que sus egresados sean asignados al primer nivel de atención de sanidad para la población militar y sus derechohabientes. Lo mismo para examinar mejor al personal postulante y a toda persona que desee ingresar al instituto armado. Martínez también propuso realizar valoraciones individuales y grupales en cada unidad antes, durante y después de participar en operaciones de alto impacto.

Huelga decir que en la normativa de la Dirección General de Sanidad del Ejército la información relacionada con la salud mental del personal se considera de “seguridad nacional”, por lo que el rastreo de casos resulta engorroso y la obtención de cifras actualizadas de manera directa está vedada, disponible sólo a criterio de las fuerzas armadas.

FATIGA Y ACCIDENTES

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Los trastornos mentales, tales como la depresión, la ansiedad y el estrés crónico, por no hablar del TEPT, inciden negativamente en el grado de agotamiento físico y mental de los sujetos afectados, condiciones operativas que bien pueden degenerar en accidentes. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) refieren que, en el caso de la Guardia Nacional, el 46.2 por ciento de las bajas registradas en 2024 corresponden a fallecimientos en “accidentes”, se trata de 30 elementos finados en eventos de dicha naturaleza, mientras que figuran sólo 7 muertes dolosas, dos suicidios y los casos de 26 elementos en el apartado de “causas naturales”. No obstante, los números muestran una mejoría con respecto a la data de 2023, donde el 60.2% de los agentes fallecidos (59 en total) lo hicieron como consecuencia de accidentes, además, cuatro cometieron suicidio, dos más que en 2024.

ROTACIÓN

Los accidentes que involucran a las fuerzas armadas, ya sean de carácter vial o por errores de juicio en el fragor de la batalla, son muchas veces achacados al cansancio crónico que padecen los soldados, sin que esto disculpe tales equivocaciones, en ocasiones fatales.

Durante la guerra de Irak, el ejército estadunidense desarrolló un plan de despliegue de tropas al que denominó ARFORGEN, el Army Force Generation; un plan nacido de la dificultad para preparar suficientes unidades que satisficieran la creciente demanda de tropas en el frente de batalla, que apenas tras un año de combates hallábanse fatigadas. El esquema de rotación ARFORGEN consiste en tres etapas: Reinicio, Entrenamiento/Preparación y Disponibilidad, la idea es que todas las unidades armadas siempre se ubiquen en alguna de estas tres fases.

En el Reinicio los soldados vuelven de su despliegue tras pasar algunos días de actividad liminal en los que se vigila su comportamiento, pasan tiempo libre con sus familias mientras retoman programas habituales de entrenamiento. Luego, en la fase de Preparación, el entrenamiento crece en intensidad y se dirige a misiones específicas; en la fase de Disponibilidad los soldados son desplegados para finalmente repetir el ciclo. ARFORGEN dirige los despliegues de las fuerzas armadas de EU al día de hoy, los mandos comprobaron que el modelo los hace más “predecibles” para el soldado y su familia: en casa todos saben cuándo volverá, esa es la virtud del programa. El militar y sus familiares saben que el descanso llegará puntual, ello ayuda a planificar actividades, crea expectativas sanas y aligera la carga mental de los operativos de alto impacto. Actualmente, el esquema prevé un año de despliegues por cada dos años en casa con entrenamientos. Aunque se trata de un modelo diseñado para el volumen y grosor de las fuerzas armadas estadunidenses, bien valdría la pena probar sus ventajas en el contexto de la Defensa y la Semar; ¿por qué no? si la nuestra no es una guerra...

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