
En medio de un contexto más rígido en materia migratoria en Estados Unidos, jornaleros mexicanos siguen cruzando la frontera de forma legal para trabajar en el campo durante la temporada agrícola, impulsados por la necesidad de empleo y la falta de oportunidades en sus lugares de origen.
Cada día, decenas de trabajadores llegan a la garita de San Ysidro, en Tijuana, con documentos en regla y equipaje ligero, listos para ingresar al país vecino.
Su destino son campos agrícolas donde participarán en la cosecha de productos como fresa, lechuga, espárrago y melocotón, principalmente durante la primavera.
La mayoría proviene de estados como Puebla, Guanajuato y Oaxaca. Algunos viajan por su cuenta y otros en pequeños grupos, pero todos buscan integrarse a esquemas laborales temporales que les permiten trabajar por alrededor de tres meses y regresar a México sin enfrentar problemas legales.
De acuerdo con el antropólogo Víctor Clark Alfaro, académico de la San Diego State University, este flujo responde a un programa que Estados Unidos ha mantenido durante años para cubrir la falta de mano de obra en el campo.
Según explicó, actualmente más de 200 mil jornaleros mexicanos participan en este tipo de esquemas, lo que refleja la creciente demanda en el sector agrícola.
Tan solo en el consulado estadounidense en Tijuana se atienden cerca de 200 personas al día interesadas en incorporarse a estos programas, lo que muestra que la demanda sigue activa pese al contexto migratorio.
Desde el inicio de la administración del presidente Donald Trump en enero de 2025, las políticas más estrictas y el aumento de redadas han generado temor entre trabajadores indocumentados, especialmente en sectores como el agrícola.
Esta situación provocó una disminución temporal en la mano de obra, lo que incluso comenzó a reflejarse en los precios de algunos productos.
Con el paso de los meses, muchos trabajadores regresaron a las labores ante la necesidad de ingresos, pero la escasez de personal no se ha resuelto por completo. Esto mantiene la dependencia del campo estadounidense de trabajadores mexicanos.
Para quienes cruzan con permisos legales, el panorama es mixto: por un lado, pueden trabajar sin complicaciones; por otro, el ambiente general de mayor vigilancia y deportaciones genera incertidumbre constante, incluso entre quienes cumplen con todos los requisitos.
(Con información de EFE)