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El objetivo va mucho más allá de cumplir con una rutina institucional pues sin exagerar, estos ejercicios pueden salvar vidas, explica el responsable del Protección Civil de la Universidad Iberoamericana, Norberto Sánchez Garduño.

Resistencia de mexicanos a simulacros pese a sismos del 85 y 2017: IBERO

Este simulacro contará con las alertas sísmicas de los altavoces y la alerta implementada en los dispositivos móviles.
Reticencia de un sector de la población a los simulacros pese a vivir en un país con alta sismicidad

Pese a que México es un país con alta sismicidad que ha enfrentado algunos de los terremotos más devastadores de su historia reciente, como los de 1985 y 2017, todavía existe gran resistencia social a participar en simulacros o bien no se toman con la seriedad debida, advierte la Universidad Iberoamericana a través de su departamento de Protección Civil.

“Todavía hay cierta resistencia en la participación de los simulacros”, advierte el responsable de Protección Civil de la Universidad Iberoamericana, Norberto Sánchez Garduño, quien, no obstante, también observa un cambio paulatino en la percepción social tras el sismo de 2017 en algunos sectores de la población:

“afortunadamente también he observado un grupo de la sociedad en donde se toman más en serio estos ejercicios a partir de lo que vivimos hace casi 10 años”.

Justo este 6 de mayo de 2026 se realizará el Primer Simulacro Nacional, convocado a las 11:00 horas en todo el país

Entrevistado apenas segundos antes del temblor que este 4 de mayo de 2026 remeció el centro y sur del país, Sánchez Garduño, consideró que el problema no es sólo de participación, sino de comprensión.

El objetivo, subraya, va mucho más allá de cumplir con una rutina institucional: “sin temor a exagerar, estos ejercicios pueden salvar vidas”.

“Un simulacro es un ejercicio simulado en donde ponemos una hipótesis de algún fenómeno perturbador que nos puede impactar. En ellos ponemos a prueba nuestros protocolos de actuación (…) para identificar fallas, fortalezas y mejora continua”, explica

TRAUMAS

El especialista reconoce que uno de los factores que explican la renuencia de ciertos sectores de la población a participar en simulacros es el impacto emocional que estos pueden detonar, pues muchos sufren de traumas derivados de los sismos de 1985 o del 2017.

Personas que vivieron eventos como el sismo de 1985 o el de 2017 –agrega--pueden experimentar estrés incluso ante el sonido de la alerta sísmica, aun cuando se trate de un ejercicio.

“No todas las personas responden de la misma manera (…) quienes tuvieron pérdidas pueden verse afectados psicológicamente, incluso si saben que es un simulacro”, explica.

Frente a ello, el especialista insiste en la importancia de la información y la preparación emocional: una comunidad informada “responde mejor y se recupera más rápido y con menos secuelas”.

El especialista llamó a la población en general a participar en estos ejercicios pues ello permite identificar áreas de mejora en los protocolos y prepararse para actuar en una emergencia real.

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