
Miles de mujeres en México abandonan la lactancia al regresar al trabajo por falta de apoyo, información y condiciones laborales adecuadas, especialmente en el sector informal — Imagine a una mujer que regresa al trabajo cuando su bebé tiene tres meses. Ha estado alimentándolo con leche materna y quiere continuar haciéndolo. En su centro de trabajo existe una sala de lactancia; lo sabe porque lo leyó en un cartel. Pero cuando llega el momento de usarla, no se atreve a pedirle a su jefe los treinta minutos a los que la ley le da derecho. Además, la sala está lejos de su área de trabajo. Termina encerrándose en el baño, extrayéndose leche sobre el lavabo y desechándola porque no hay dónde almacenarla. Esa leche, y todo el esfuerzo que implicó, se va directo al drenaje.
Esta historia no es excepcional. Es la realidad cotidiana de miles de mujeres trabajadoras en México.
La lactancia importa, pero en México estamos lejos de cumplir las metas
Dar pecho durante los primeros seis meses de vida, de manera exclusiva, es una de las mejores cosas que pueden pasarle a un bebé y a su mamá. Protege al bebé de enfermedades, favorece su desarrollo cerebral y reduce el riesgo de obesidad. Para la madre, disminuye el riesgo de cáncer de mama y de ovario, así como enfermedades del corazón. Si todas las familias pudieran practicar la lactancia según las recomendaciones, se podrían evitar cerca de 800 mil muertes infantiles cada año.
En México, únicamente uno de cada tres bebés menores de seis meses recibe leche materna de manera exclusiva. Eso nos coloca por debajo del promedio de América Latina, que ya de por si es bajo. Y entre las mujeres que trabajan, el panorama es aún más preocupante: tienen el doble de probabilidad de no amamantar o de abandonar la lactancia antes de lo recomendado. El regreso al trabajo es, consistentemente, una de las principales razones por las que las madres dejan de amamantar.
Contar con salas de lactancia en los centros de trabajo es un gran paso, pero no es suficiente
En los últimos años, México ha dado pasos importantes. Hoy cuenta con una Guía Nacional para la instalación de salas de lactancia en los centros de trabajo, elaborada de manera conjunta por la Secretaría de Salud, el IMSS, UNICEF y la Secretaría del Trabajo. Además, la ley reconoce el derecho de las madres trabajadoras a contar con pausas para amamantar o extraerse leche, así como a disponer de un espacio adecuado para hacerlo. Algunos centros de trabajo han avanzado en esta dirección: han instalado salas, incorporado refrigeradores y promovido información y pláticas. Estos esfuerzos merecen reconocerse.
El problema es que la sala de lactancia, por sí sola, no cambia la historia de la mujer en el baño.
La evidencia en México es clara: muchas mujeres trabajadoras desconocen que tienen derecho a pausas para lactar. Algunos supervisores tampoco lo saben o no lo facilitan. A ello se suma que hay colegas que se molestan porque “les dejan más trabajo” cuando una compañera se ausenta para extraerse leche. En varios centros de trabajo, además, la lactancia sigue viéndose como “un asunto personal” que no debería cruzar la puerta de la oficina. Con esta cultura laboral, la sala puede estar ahí… y aun así no utilizarse (Hernández-Cordero, et al. 2022).
¿Qué se necesita para que las madres trabajadoras puedan continuar con la lactancia?
El gran pendiente: las trabajadoras del sector informal
Hasta aquí hemos hablado, principalmente, de mujeres con empleo formal, aquellas que tienen contrato, seguridad social y, al menos en teoría, acceso a derechos que marca la ley. Pero en México, más de la mitad de las mujeres que trabajan lo hacen en la informalidad: vendedoras en mercados, trabajadoras del hogar, agricultoras, empleadas sin contrato.
Para ellas, la sala de lactancia es un privilegio inalcanzable.
No cuentan con licencia de maternidad pagada, ni con pausas protegidas para amamantar. No tienen a quién reclamarle si las despiden por estar embarazadas. Cuando su bebé nace, muchas vuelven al trabajo en semanas, no porque quieran, sino porque no pueden darse el lujo de parar. Y amamantar en esas condiciones se vuelve más complicado.
Hablar de lactancia y trabajo sin incluir a estas mujeres es hablar de solo la mitad del problema. Son las más vulnerables, las más desprotegidas, y las que más necesitan que la conversación las incluya.
Entonces, ¿Qué necesitamos?
La evidencia acumulada en México y en el mundo es bastante clara: facilitar la lactancia en el trabajo requiere acciones simultáneas en distintos niveles.
En los centros de trabajo, es indispensable ir más allá de la instalación de salas. Se necesita una política escrita, clara y conocida por todo el personal, que diga explícitamente que lactar es un derecho y que el trabajo tiene la responsabilidad de facilitar esta práctica. Se necesita que directivos, supervisores y colegas, hombres incluidos, entiendan por qué importa y cómo pueden contribuir. Se necesita flexibilidad real en los horarios, no solo en el papel.
En el sistema de salud, es fundamental que las mujeres reciban información y acompañamiento desde el embarazo para prepararse para la lactancia cuando regresen al trabajo: cómo extraerse leche, como conservarla y cómo mantener la producción. Muchas madres enfrentan el regreso laboral sin estas herramientas, y ante la primera dificultad, no pueden continuar con la lactancia como la habían planeado.
En el ámbito de las políticas públicas, México tiene una deuda pendiente, particularmente con las mujeres trabajadoras informarles. Se necesitan mecanismos que les extiendan protecciones básicas: una licencia de maternidad pagada, aunque sea mínima, puede marcar la diferencia entre lactar o no. Países vecinos de América Latina ya han explorado transferencias económicas para madres en la informalidad.
Finalmente, como sociedad, necesitamos dejar de ver la lactancia como “cosa de las madres”. Lactar en el trabajo requiere que la pareja también conozca cómo apoyar, que los compañeros de trabajo respeten los tiempos y que los jefes no pongan ceño fruncido cuando una mujer se levanta de su escritorio con una bolsa de extracción. También requiere que las mujeres cuenten con información y guía oportuna cuando enfrentan dificultades. La lactancia en el trabajo es una responsabilidad compartida.
Mientras amamantar dependa únicamente del esfuerzo individual de las mujeres, seguirá siendo un privilegio y no un derecho.
*Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, CDMX
Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx
Las autoras son investigadoras del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide).