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El tema vuelve al proscenio mediático internacional en tanto, desde Nigeria, se reporta el desmantelamiento del “mayor laboratorio clandestino de metanfetamina a escala industrial”

La conexión africana de los cárteles: del trasiego a la producción in situ; EU sugiere colusión con grupos yihadistas

General Dagvin RM Anderson, jefe del Comando África de EU

El pasado 13 de mayo autoridades sudafricanas hallaron y desmantelaron un laboratorio clandestino consagrado a la producción de drogas sintéticas bien oculto en las inmediaciones de una granja en la localidad de Swarttruggens, a unos 170 kilómetros al noroeste de Johannesbrugo. Luego de reventar el lugar, y con el expediente de inteligencia en la mano derecha, el comisionado nacional interino del Servicio de Policía de Sudáfrica, Puleng Dimpane, anunció que en la acción habrían sido detenidas once personas, entre las que figurarían cuatro mexicanos, no obstante, el mando policial se reservó la información concerniente a la afiliación criminal de los implicados, incluyendo el nombre del cártel u organización que empleó a los cuatro connacionales.

Apenas unas horas más tarde, ya con fecha del 14, el jefe del Comando África (AFRICOM) de las fuerzas armadas de Estados Unidos, compareció ante los miembros del Comité de Servicios Armados del Senado estadunidense para rendir un informe protocolario. En su mensaje el citado general Dagvin RM Anderson declaró que el Comando derivó inteligencia a autoridades españolas para detener un envío de cocaína que, procedente de Sudamérica se hallaba próximo a llegar al occidente de África, a través de una ruta cercana a Canarias, comunidad autónoma de España. La autoridad española incautó 35 toneladas de la droga, valuadas en mil millones de dólares; “Creemos que se trata de la mayor incautación de la historia”, aventuró Anderson.

Y aunque el trasiego de cocaína sudamericana no es un fenómeno nuevo, tanto que incluso en algunos círculos académicos se llama Coke Coast al litoral oeste del continente, el general sí denunció un hecho relativamente reciente (o al menos in crescendo): la incursión de los cárteles latinoamericanos y otras organizaciones criminales locales en la producción in situ de drogas sintéticas, particularmente las metanfetaminas y la heroína. Un punto sobre el cual mencionó, en sintonía con la narrativa ‘narcoterrorista’ del Ejecutivo estadunidense, que el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) mantenían una fuerte participación en los esfuerzos africanos por producir drogas.

El AFRICOM reportó haber tomado parte, de forma indirecta, en el desmantelamiento de al menos 12 laboratorios de drogas en los últimos dos años “en distintos países africanos” comprobando un lazo creciente entre los cárteles mexicanos y “grupos armados” de África. Según Anderson, en once de los doce laboratorios intervenidos las fuerzas del orden encontraron a personas vinculadas con el narco mexicano. Sobre la intervención de la policía de Sudáfrica en el laboratorio hallado el 13 de mayo, el militar sí dio más detalles, pues aseveró que entre los detenidos se hallaban miembros del Cártel de Sinaloa.

El tema vuelve al proscenio mediático internacional en tanto, desde Nigeria, se reporta el desmantelamiento del “mayor laboratorio clandestino de metanfetamina a escala industrial” jamás localizado en suelo nigeriano, de acuerdo con la Agencia Nacional para el Control de Drogas de Nigeria (NDLEA). Lo más trascendental en los medios corporativos: de los nueve detenidos en el operativo, tres eran ciudadanos mexicanos, supuestos cocineros de droga sintética.

De la existencia de este laboratorio, localizado al suroeste del país, en el boscoso y agreste Ogun, el titular de la Agencia nigeriana, Buba Marwa, adujo que esto responde al cambio de estrategia en la operación de los grupos de trasiego de drogas, hoy día recurren a “especialistas extranjeros”, provenientes de América Latina, para instalar centros de producción en la ruralidad del África subsahariana occidental, donde Nigeria destaca como epicentro del tráfico desde la década de los ochentas.

Los detenidos: Félix, de 46 años; Jesús, de 40 años; y Juan Carlos ‘N’, de 51 años de edad.

DE CUATRO DÉCADAS

La cocaína, producto insignia del tráfico de drogas en la región, comenzó a llegar al oeste de África vía marítima desde Sudamérica (Colombia, Venezuela, Brasil, Perú y Bolivia) a principios de los años ochenta del siglo pasado, a mediados de los noventa el mercado interno creció y las pandillas nigerianas se apersonaron para satisfacer el consumo doméstico y encaminar un tanto más a Europa, Oriente Próximo y Asia, incluso hacen rebotar hoy día vastas cantidades (entre el 50 y 60 por ciento del total) hacia Norteamérica. Ya en el siglo XXI, en 2005, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) identificó varias rutas en el occidente de África como corredores de polvo blanco y otras sustancias, al tiempo que advertía del creciente vínculo birregional entre el crimen organizado de ambas costas.

Para 2007 la misma oficina esgrimió con alarma que el volumen de droga que entraba en África aumentaba rápidamente en virtud de la creciente demanda interna, donde antes se incautaban entre 1 y 2 toneladas, ahora, en el lapso de dos años (2005-2007) habían llegado a detectarse hasta 33 toneladas en un solo cargamento, y hacia 2009 se comunicó que en la región comprendida entre Nigeria, Benín, Togo, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Senegal, Cabo Verde y Mauritana comenzaban a instalarse laboratorios para la fabricación de drogas sintéticas como las metanfetaminas; del mismo modo, la ONU presumía que los insumos químicos, llegados a América desde China, eran luego catapultados hasta las costas de África por la misma vía que la cocaína, la senda trasatlántica.

En 2015 la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes cerró la pinza del tráfico y producción de droga cuando describió el “Triángulo Blanco” conformado por los tres mayores receptores de cocaína e insumos para la fabricación de narcóticos en África occidental: Cabo Verde, Senegal y Guinea-Bissau, este último, a punto de ser declarado como el primer Narco-Estado en 2007, cuando la UNODC denunció el voraz involucramiento de su élite política y económica en las operaciones de trasiego. Adicionalmente, en el mismo informe se asentó que en la zona entre Nigeria, Costa de Marfil y Guinea proliferaban los laboratorios clandestinos, pues tan solo en ese año un total de diez de estos fueron desmantelados en los tres territorios.

Los informes de Naciones Unidas describieron, poco a poco, la red de recepción, tráfico y producción de drogas que hoy se enquista en el occidente de África desde hace poco más de 40 años.

LA CONEXIÓN CON MÉXICO

En un documento del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra EU se afirma que la presencia de operadores de los cárteles latinoamericanos en África es una consecuencia natural de la búsqueda por nuevos mercados. Ya en 2013, año en que dicho estudio fecha su rastreo, miembros del Cártel del Sinaloa y “otros nueve grupos” mexicanos hallábanse en países de la costa occidental del continente africano en busca de organizaciones locales capaces de proveer servicios accesorios para sus planes de expansión del trasiego y producción de drogas sintéticas, dones que encontraron en las pandillas nigerianas que ya contaban con rutas establecidas de contrabando, espacios de almacenaje, casas de seguridad, servicios financieros y topos en la oficialidad de aduanas, y gobierno, de cada nación del Triángulo Blanco. Este habría sido un proceso similar al que tuvo lugar cuando los cárteles colombianos acudieron al hampa mexicana en busca de caminos, seguridad y transporte para su cocaína, una vez que la DEA y otras agencias estadunidenses bloquearon las rutas que Medellín y Cali empleaban en el Caribe.

El subcomandante del AFRICOM, el teniente-general John W. Brennan, confirmó en 2025 que de todas las organizaciones mexicanas que EU había identificado operando en África, sólo Sinaloa y el CJNG habrían tenido éxito en asentar laboratorios en Sudáfrica y “en la costa de África occidental”; huelga decir que ello fue revelado sin pruebas y cuando la administración trumpista ya había declarado organizaciones terroristas a estos cárteles y a otros seis. Brennan señaló que el Comando trabaja activamente en impedir que los cárteles se expandan a territorios del norte del continente, donde ya existen graves problemas “por culpa de los grupos yihadistas”, de igual modo, el AFRICOM ostenta entre sus objetivos principales mantener Angola y Namibia sin trazas de los cárteles de la droga, allí existe ya toda una estrategia de seguridad, amparada en el entrenamiento y equipamiento de los ejércitos locales, para mantener a raya a los yihadistas, también catalogados como terroristas. Anderson, el titular del AFRICOM, aseveró que los “grupos terroristas con base en África” reciben “cada vez más financiación” de los cárteles mexicanos, lo que amplía su “alcance” y “letalidad”, conjurando así una amenaza directa a la seguridad estadunidense y a la estabilidad del hemisferio occidental.

EL TRÁFICO

La droga y varios de los precursores químicos para los laboratorios arriban al occidente africano, desde América del Sur, en barcos pesqueros o buques cargueros que navegan a lo largo del paralelo 10 norte (la ruta A10), la línea imaginaria horizontal que da vuelta al planeta y traza un rumbo que va de Venezuela a Guinea sobre el océano Atlántico. Los barcos llegan a las aguas territoriales de África y comúnmente eligen entre Cabo Verde y Guinea-Bissau como puntos de descarga, el primero es un archipiélago, mientras que el segundo ostenta un territorio continental precedido por una serie de islotes, en ambos casos, los brotes insulares dificultan el patrullaje del mar territorial y posibilitan la rápida dispersión del cargamento una vez que embarcaciones más pequeñas y rápidas bajan la droga del barco carguero sin que éste deba amarrar. Una vez en el continente, el cargamento se mueve por tierra en rutas de contrabando que llegan hasta los países-emplazamientos de laboratorios, por aire en vuelos comerciales a través de mulas, mediante avionetas o con ayuda de guías tuareg (como lo hacen los grupos nigerianos), estos últimos son un pueblo nómada del desierto sahelo-sahariano con el conocimiento para transitar por Argelia, Libia, Níger, Malí, Burkina Faso y todo el Magreb, es decir, la parte más occidental del mundo árabe, situada en el noroeste de África. Tal movilidad es fundamental para, por ejemplo, derivar la droga casi siempre a traficantes marroquíes que finalmente la pasan a Europa, esto cuando el destino no es Asia u Oriente Próximo.

LA DOCTRINA DE EU PARA ÁFRICA OCCIDENTAL

Para prevenir la proliferación de narcolaboratorios en el occidente de África, así como la expansión de las operaciones de los cárteles mexicanos, caribeños y venezolanos hacia otras áreas del continente, el Colegio de Guerra estadunidense planteó en 2013 una serie de medidas destinadas a mejorar la cooperación efectiva entre las autoridades locales y las agencias de seguridad de EU, además del AFRICOM. Los axiomas:

1. Expandir la presencia física del “gobierno de los Estados Unidos” en la subregión reabriendo la embajada en Guinea-Bissau (cerrada en 1998 al estallar una guerra civil en el territorio) y estableciendo una oficina permanente de la DEA en Dakar, Senegal.

2. Buscar financiamientos múltiples para los esfuerzos antinarcóticos en África occidental, ello en mancuerna con los órganos legislativos estadunidenses.

3. Establecer asociaciones con las agencias de seguridad y fuerzas armadas de las naciones de la costa occidental del continente, sobre todo las más pobres y menos desarrolladas. Esto echando mano de los gobiernos de los doce países que conforman la Comunidad Económica de África Occidental (ECOWAS). Estas asociaciones buscarían no solo vincular al AFRICOM (con sede en Stuttgart, Almania) con los dispositivos de seguridad de las naciones africanas objetivo, sino incluir en la colaboración directa a la Guardia Costera de Estados Unidos, al Grupo de Trabajo Conjunto Interagencial Sur (JIATF Sur, del Comando Sur, con sede en Miami) y a las Fuerzas Navales de África (NAVAF) de la Marina de Guerra de EU, ancladas en Nápoles, Italia.

El objetivo ampliado de esta colaboración estriba también en proveer entrenamiento a las fuerzas navales africanas para utilizar la inteligencia estadunidense en la intercepción y neutralización de los envíos trasatlánticos de droga.

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