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Se buscan excombatientes: La falange armada del crimen organizado se tecnifica y profesionaliza. Artillería hechiza, campos minados, binomios caninos y sapiencia estratégica patrocinada por exsoldados y paramilitares; la guerra que se cierne sobre México y la meseta purépecha…

Droneros, explosivistas y zapadores; Fuerzas Especiales del narco importan talento mortal desde Colombia

. Sicarios posan con un mortero artesanal, una suerte de cañón ampliamente utilizado por unidades de infantería ligera dada su fácil portabilidad.

En medio de la cruenta lucha que mantiene el Cártel Jalisco Nueva Generación por alzarse hegemón del hampa en la humeante tierra michoacana (y en otro tanto del suelo patrio), guerreando con las distintas facciones de Cárteles Unidos por el control de las prósperas economías ilícitas, las fuerzas del orden han encontrado pruebas, y padecido los efectos, de un hecho bien conocido: la presencia de excombatientes colombianos, otrora militares y paramilitares, entre el sicariato mexicano. Jóvenes y no tan jóvenes veteranos de la narcocriminalidad son hoy día entrenados y adiestrados por expertos mercenarios de origen extranjero en materias como contrainsurgencia, combate urbano e inteligencia, ramales del oficio de armas que resultan cruciales para incrementar la letalidad de las operaciones y la efectividad en el alcance de los objetivos.

LA MESETA PURÉPECHA

Recientemente el titular de la Fiscalía General del Estado de Michoacán, Carlos Torres Piña, acusó que tras la muerte del Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, sus brazos armados en la región estarían abriéndose camino hacia la zona purépecha de la entidad, en el centro-norte del estado. El objetivo, amplió, la vasta riqueza de la meseta, medida en bosques y buena producción agrícola y ganadera. El fiscal recalcó la existencia de extranjeros, de origen sudamericano y centroamericano, con un importante protagonismo de ciudadanos colombianos, entre los sicarios que asechan la zona, a quienes estarían capacitando con armamento pesado y explosivos. Municipios como Charapan, Tangancícuaro, Zacapu y Nahuatzen, colindantes con la meseta purépecha, han sido identificados como emplazamientos de estas reservas de mercenarios.

. Un operador exhibe parches de México y Colombia en su ropa táctica

A la fecha, escaramuzas entre estas células delictivas y elementos del Ejército, GN, SSPC Guardia Civil y defensas comunales indígenas han confirmado que entre los jaliscos de la entidad hay al menos 60 mercenarios colombianos preparados para batirse en duelo por la meseta con otros cárteles locales como el de Los Reyes y el Cártel de Los Caballeros Templarios.

. Minas antipersonales producidas por el CJNG, diseñadas para ser enterradas en el suelo, se activan y estallan mediante cables, trampas o cambios de presión.

LA DIESTRA COLOMBIANA

Hace un año y contados días, la guerra entre algunas escisiones de Cárteles Unidos y células oportunistas del CJNG se cobró la vida de ocho militares mexicanos que sucumbieron a sus heridas tras activar una mina terrestre improvisada en El Santuario, municipio de Los Reyes, Michoacán. Al episodio siguió una cacería humana por los responsables, una unidad de 17 sicarios cuyas órdenes eran combatir la irrupción de los jaliscos en la entidad. En posesión de armas largas, droga y material explosivo, se descubrió que de los 17 detenidos doce son ciudadanos colombianos con instrucción militar y con conocimientos en el ensamblaje minas antipersonales.

. Trascendió en las emboscadas a elementos de la GN, tras la muerte del Mencho, la imagen de un operador del cártel portando una boina con un distintivo de los Kaibiles, la fuerza de élite del Ejército de Guatemala.

Pero quizá el caso más escandaloso entorno de exmilitares fuereños prestando asesoría técnica y táctica a los cárteles mexicanos sea el de la ‘Diestra Colombiana #2 México’. Aparecidos en los medios de comunicación apenas unos meses antes del operativo que buscaba apresar al Mencho, pero que finalmente lo ultimó, la Diestra es una suerte de batallón del CJNG comandado, según se presume, por colombianos con formación policial o militar, muchos de ellos curtidos por más de tres décadas de conflicto interno en Colombia. No se trata de simples exsoldados que, en condición de retiro o desencanto, fueron atraídos por el jalón gravitacional de un generoso salario criminal, sus capitanes se dicen expertos explosivistas, habituados al combate urbano y en la serranía, sabedores de técnicas de asedio, guerrilla y contraguerrilla, son elementos castrenses capaces de imprimir disciplina al grey matón y enseñar a ejecutar asaltos, emboscadas y ataques coordinados en mancuerna con informes de inteligencia, vigilancia, comunicaciones, espionaje y nuevos agregados tecnológicos como drones artillados, inhibidores de señal y mochilas alimentadoras de cartuchos útiles para ametralladoras

. Mercenario Piamonence. De origen colombiano, presume en redes sociales haber combatido en tres conflictos: Colombia, Ucrania y en México, al servicio del CJNG. De acuerdo con sus propias declaraciones, hoy labora como escolta en Colombia.

Ataviados con equipo táctico y llevando consigo parches que fusionan la bandera colombiana con la mexicana, y a veces incluso reservando un tercio del pendón para algún motivo eslavo (dado que algunos sirvieron en la guerra ruso-ucraniana) se asoman los conjuros de la Diestra Colombiana en eventos como la explosiva emboscada fabricada a elementos de la Policía Estatal Preventiva de Zacatecas, en diciembre pasado, y la muerte del capitán Leonel Cardoso, de la Guardia Nacional, en San Juan de los Lagos, Jalisco, cuando una pick-up en la que viajaban sujetos armados fue abandonada y detonada de forma remota una vez que el mando y algunos elementos más cortaran camino al vehículo, esto en la serie de refriegas que siguieron a la muerte del Mencho.

. Explosivista coloca una mina antipersonal.

Además de instruir al sicariato mexicano en el pilotaje de drones, el manejo de armamento de grado militar y dotarles de rigor castrense, estos asesores del horror son los responsables de proteger los narcolaboratorios, dispersos en la sierra de estados como Jalisco, Michoacán y Nayarit, sembrando de minas las rutas aledañas y desplazando a comunidades enteras con bombardeos precisos en la búsqueda por nuevos emplazamientos.

. En decomisos, figuran prendas cuyos parches fusionan ambas banderas, de México y Colombia.

PARA CUIDAR LIMONES

Tal es la oferta que se lanza en grupos de WhatsApp, Telegram y otras apps de mensajería conformados por militares colombianos retirados. A sabiendas de que muchos de sus miembros cuentan con entre 40 y 50 años, y viven al día con una escueta pensión, los cárteles de la droga buscan atraerles como capital humano versado en la guerra y la contrainsurgencia. El narco se viste de empresa de seguridad privada legalmente constituida, a veces incluso vende a los incautos una alianza con empresas colombianas que tampoco existen, y capta a su presa con ofertas salariales que van de los 20 a 40 mil pesos mexicanos al mes por cuidar campos de cítricos en algún lugar de la provincia mexicana. Engañados o no, “en México hay gente de las Farc, el ELN, paramilitares, policías y soldados trabajando para esa gente (el narco)”, relataba en 2025 un exsargento colombiano huidizo de las huestes matonas. Repatriado y luego amenazado, vive hoy día en algún lugar del viejo continente.

. Un sicario exhibe un distintivo con la leyenda “explosivista”.

TRAIDORES A LA PATRIA

En 2024 el Ministerio de Exteriores de Colombia estimó que en México podría haber hasta 500 mercenarios colombianos operando para distintas organizaciones criminales, a saber, el Cártel de Sinaloa, el CJNG, Cárteles Unidos, Los Ardillos, Los Tlacos y La Nueva Familia Michoacana. Dato consistente con el volumen de ciudadanos de ese país detenidos o abatidos en eventos relacionados con enfrentamientos entre facciones del narco y la oficialidad mexicana, la estela del arma colombiana se extiende desde Guerrero y Michoacán hasta Sinaloa, pasando por Guanajuato y Zacatecas. A quienes venden sus conocimientos militares, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha llamado traidores a la patria, pero lo cierto es que más allá del gesto diplomático, y de apelar a la honorabilidad del militar, nada ha logrado taponar con efectividad la ruta del exsoldado colombiano, que sigue entrando a México sorteando los controles migratorios, incluso cuando algunos de los detenidos cuentan con antecedentes penales en su propio país o en otras latitudes. Hombres con documentos que los acreditan pensionados del Ejército Colombiano y elegibles aún para el servicio militar, para los criterios de cualquier nación, entran como turistas en vuelos comerciales o privados, tan solo con boleto de ida, a un país que no les solicita visado alguno, y que ostenta graves conflictos intestinos relacionados con el trasiego de drogas, ellos aterrizan en las capitales urbanitas de México y surcan libremente los terrosos trazados de la ruralidad sin despertar sospecha alguna ni botar la más mínima alarma en su camino, para finalmente pelear y asesinar en nombre del narco .

. Un supuesto mercenario colombiano captado en la zona en la meseta purépecha.

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