Hay obras de infraestructura que se miden en metros o en millones de pesos. Hay otras que se miden en minutos recuperados. El Paso Superior Vehicular “Celsa Virgen Pérez”, inaugurado apenas el pasado 23 de abril en Colima, pertenece a esta segunda categoría: en solo dos meses de operación, ha devuelto 15 minutos diarios a cientos de miles de personas que antes quedaban atrapadas en uno de los cuellos de botella más persistentes de la zona metropolitana Colima–Villa de Álvarez.
En un país donde los retrasos en obra pública son casi una costumbre cultural, el dato llama la atención: la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) entregó este puente con dos meses de anticipación. La fecha de conclusión estaba programada para junio de 2026; sin embargo, los trabajos —que arrancaron el 10 de junio de 2025— concluyeron con suficiente margen para que la obra fuera inaugurada en abril.
La inversión total fue de 436 millones de pesos, recursos que se tradujeron en 590 metros de infraestructura: 298 metros de estructura y 292 metros de accesos, distribuidos carriles por sentido.
La cifra que el gobierno federal destaca no es la inversión ni la longitud del puente, sino su alcance social: más de 306 mil habitantes beneficiados en apenas ocho semanas. Ese número representa una porción significativa de la población total del estado de Colima —uno de los más pequeños del país en términos territoriales, pero con una dinámica urbana que desde hace años demandaba esta intervención.
Al eliminar un punto crítico de congestionamiento vial, el Arco Norte —como también se le conoce popularmente— no solo agiliza el tránsito cotidiano. Impulsa la actividad económica que ahora puede moverse con mayor fluidez entre sus dos municipios más poblados.
La construcción también generó 1,109 empleos directos durante su ejecución, entre personal técnico, operadores de maquinaria y trabajadores de la construcción, lo que le imprimió un doble dividendo: movilidad para el futuro, empleo en el presente.
El puente lleva el nombre de Celsa Virgen Pérez, y la elección no es anecdótica. Maestra, activista y pionera de la participación política femenina en Colima, Virgen Pérez fue una de las primeras mujeres en ocupar la presidencia municipal del estado. Nombrar con su figura una de las obras de infraestructura más importantes de la entidad en años recientes es también un acto de memoria: el de una sociedad que decide quiénes merecen estar en el paisaje urbano de manera permanente.
Técnicamente, la obra incluyó trabajos complementarios que van más allá del puente en sí: instalación de guarniciones para incorporaciones y desincorporaciones, colado de concreto estampado y la construcción de un sistema de drenaje pluvial, elementos que garantizan funcionalidad en condiciones de lluvia —relevante en una región con temporada ciclónica activa.
La SICT, encabezada por Jesús Esteva Medina, presentó esta obra como parte de su estrategia de infraestructura vial moderna y sostenible. En el contexto de una administración federal que ha apostado por grandes proyectos de conectividad, el Paso Superior Vehicular de Colima representa algo distinto: una intervención de escala media, centrada en resolver un problema concreto de movilidad urbana, con resultados medibles en el corto plazo.
Quince minutos al día pueden parecer poco. Pero multiplicados por los miles de conductores que cruzan ese punto diariamente, por los 365 días del año, la aritmética se vuelve contundente. Son horas que las familias colimenses dejarán de perder en el tráfico. Tiempo que volverá a las mesas, a los trabajos, a las escuelas. Esto, en el fondo, no es cuánto costó, sino cuánto tiempo le devolvió a la gente.