
La cabeza de Nataly empezó a crecer de forma distinta desde sus primeros meses de vida. Lo que para sus padres era una inquietud terminó siendo un diagnóstico poco común: craneosinostosis. Se trata de una malformación congénita que ocasiona el cierre prematuro de las suturas del cráneo y que, de no atenderse a tiempo, puede comprometer el desarrollo cerebral. A los seis meses de edad, una cirugía realizada por especialistas del Hospital General “Dr. Gaudencio González Garza” del Centro Médico Nacional (CMN) La Raza cambió el rumbo de su historia.
Su historia forma parte de las jornadas extraordinarias de cirugía que el Hospital General CMN La Raza del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) lleva a cabo los fines de semana, iniciativa que tiene el objetivo de reducir el rezago quirúrgico y otorgar atención oportuna a pacientes con padecimientos de alta especialidad. En entrevista con La Crónica de Hoy, el jefe del Servicio de Neurocirugía Pediátrica del hospital, Antonio García Méndez, detalló el procedimiento que logró cambiar el pronóstica de la pequeña.
“La craneosinostosis es el cierre prematuro de las suturas del cráneo. Normalmente estas estructuras terminan de cerrarse entre los 20 y 30 años de edad, pero en algunos bebés lo hacen desde el embarazo. Eso provoca deformidades en la cabeza y, lo más importante, limita el crecimiento del cerebro”, explicó García Méndez.
En el caso de Nataly, el diagnóstico fue escafocefalia, la variante más frecuente de esta deformidad craneal, responsable de alrededor del 60 por ciento de los casos. La sutura sagital que se encuentra ubicada en la parte superior del cráneo, se había fusionado antes de tiempo, haciendo que su cabeza creciera de forma alargada.
Diagnóstico oportuno
Nataly nació en el propio Hospital General de La Raza. Tras estar internada unos días por niveles elevados de bilirrubina, continuó con sus consultas pediátricas de rutina. Fue durante una de esas revisiones cuando el pediatra detectó que la forma de su cráneo no era normal y decidió enviarla con especialistas en neurocirugía pediátrica.
Sus padres recordaron que la noticia fue difícil de asimilar.
“Nos explicaron que necesitaba una cirugía para que más adelante tuviera un desarrollo adecuado y no presentara retrasos. Desde que llegamos siempre nos trataron muy bien y nos explicaron en qué consistía todo el procedimiento”, relató Evelyn Valencia, madre de la niña.
Cuando Nataly llegó al consultorio de neurocirugía tenía alrededor de tres meses de edad. El equipo médico confirmó que el diagnóstico a través de la exploración física y estudios especializados, entre ellos una tomografía tridimensional que ayudó a identificar con precisión la sutura cerrada.
El tiempo era determinante
“Existen edades ideales para operar. Lo mejor es hacerlo entre los 3 y 6 meses de vida. Después de los 12 meses ya no observamos el mismo beneficio porque el cerebro ya realizó gran parte de su desarrollo”, informó García Méndez.
No solo es una deformidad estética
Aunque la alteración en la forma del cráneo suele ser lo primero que observan las familias, los riesgos van mucho más allá de la apariencia física.
El especialista destacó que la cirugía tiene el propósito de evitar anomalías en el desarrollo cognitivo y psicomotor, aparte de disminuir la posibilidad de crisis convulsivas y de aumento de la presión intracraneal.
“El objetivo principal es evitar trastornos en el desarrollo del cerebro. Después viene la parte estética, porque muchos niños pueden sufrir problemas para socializar por la deformidad craneal, pero lo más importante es proteger su desarrollo neurológico”, señaló el neurocirujano.
Asimismo, García Méndez subrayó que estudios realizados en el propio CMN La Raza comprobaron que niños que no fueron intervenidos oportunamente presentaron mayores dificultades en el desarrollo psicomotor y cognitivo respecto de quienes recibieron tratamiento temprano.
Una carrera contra el tiempo
Nataly fue incluida en la primera jornada extraordinaria de cirugía para craneosinostosis organizada por el hospital.
La decisión respondió a una necesidad creciente. El servicio acumulaba pacientes en lista de espera provenientes de diferentes entidades del país, por lo que la apertura extraordinaria de quirófanos admitió la intervención a 12 menores durante esa jornada.
“Ningún otro hospital había realizado una jornada de este tipo porque requiere una infraestructura muy importante al contar con personal altamente capacitado, varios quirófanos funcionando al mismo tiempo, tecnología especializada y equipos suficientes para atender a todos los pacientes con seguridad”, manifestó García Méndez.
Dentro del quirófano
La cirugía inició con Nataly colocada boca abajo, en la llamada “posición de esfinge”, para dejar completamente expuesta la parte superior del cráneo.
Después, el personal médico efectuó una incisión de oreja a oreja, cuidadosamente diseñada para que la cicatriz fuera lo más discreta posible. Tras exponer el hueso localizaron la sutura que se había cerrado prematuramente.
Con ayuda de un craneótomo eléctrico, ejecutaron cortes de alta precisión para retirar el segmento óseo afectado y lograr que el cerebro volviera expandirse libremente.
“La función es que el cerebro respire, se expanda y tenga espacio para seguir desarrollándose”, resumió el neurocirujano.
La intervención duró cerca de cuatro horas, lo cual requirió la participación de entre siete y nueve especialistas, entre neurocirujanos, anestesiólogos pediátricos, residentes, personal de enfermería e instrumentistas.
Uno de los mayores desafíos fue controlar el sangrado.
“Los bebés prácticamente no pueden perder sangre. Cada movimiento debe ser extremadamente cuidadoso porque el principal riesgo de esta cirugía es precisamente la pérdida sanguínea”, recalcó García Méndez.
El uso del craneótomo eléctrico, incorporado al hospital en 2022, propició la disminución del tiempo quirúrgico y el sangrado durante el procedimiento. Desde entonces, el equipo ha sido utilizado en decenas de pacientes con craneosinostosis.
El momento más esperado
Como ocurre con la mayoría de estos procedimientos, los médicos esperaban que Nataly presentara hinchazón alrededor de los ojos durante las primeras 48 horas posteriores a la operación.
No ocurrió.
La bebé despertó sin complicaciones, empezó a alimentarse apenas unas horas después de la cirugía y evolucionó favorablemente.
“A las seis horas ya estaba comiendo. Abrió sus ojos, movía sus brazos y sus piernas. Fue una evolución muy satisfactoria”, contó el neurocirujano.
Para sus padres, el alivio llegó cuando los médicos salieron del quirófano.
“Pensábamos que iba a ser un proceso mucho más complicado. La cirugía duró aproximadamente cuatro horas y media, y todo salió bien. Hoy la vemos como si no le hubieran hecho nada”, declaró Eric Silva, padre de la niña.
Un futuro diferente
Dentro de los próximos meses, Nataly acudirá periódicamente a consulta para vigilar la cicatrización y el crecimiento de su cráneo.
Conforme pasen los meses, la forma de su cabeza irá adquiriendo un aspecto completamente normal.
Las expectativas médicas son alentadoras.
“Esperamos que tengas un desarrollo adecuado, con un buen aprendizaje, un lenguaje normal y una buena calidad de vida. Esa es la importancia de haber realizado la cirugía a tiempo”, reconoció el especialista.
Para el neurocirujano, historias como la de Nataly representan la razón de ser de su trabajo.
“Como médico, la mayor satisfacción es saber que ayudaste a un bebé a tener un mejor futuro. Gracias a esa cirugía temprana, Nataly tendrá la oportunidad de desarrollar plenamente sus capacidades y de perseguir cualquier sueño que decida construir”, puntualizó.
Antes de concluir la entrevista, García Méndez hizo un llamado a madres y padres de familia a prestar atención a cualquier deformidad en la cabeza de sus hijos durante los primeros meses de vida.
“Si notan que la forma del cráneo no es normal, no esperen. Acudan con un pediatra y, si persiste la duda, busquen la valoración de un neurocirujano pediatra. Un diagnóstico oportuno puede cambiar completamente la vida de un niño”, concluyó.
La Crónica de Hoy 2026