
Pasadas las dos de la mañana, cuando buena parte de la Ciudad de México todavía dormía y otros apenas regresaban de los festejos por el 15 de septiembre, una corneta marcó el inicio del día para 155 elementos del agrupamiento blindado que horas más tarde participaría en el desfile militar por el 216 aniversario de la Independencia de México.
El sonido rompe el silencio y la tropa se levanta de inmediato, las camas se tienden; los uniformes ya están listos en el borde de las mismas y comienza el movimiento.
Los elementos se visten y se arreglan para salir, para las mujeres hay algunos minutos frente al espejo, se acomodan el cabello, se ponen un listón tricolor y se maquillan; para los hombres, el arreglo es más sencillo: el uniforme y la gorra completan la preparación. No hay demasiado tiempo para detenerse, el 16 de septiembre no es un día cualquiera.

Una vez listos, comienza otra parte de la rutina: preparar el equipo que viajará en los vehículos. Mochilas y armamento entran y salen del cuartel en manos de los elementos, mientras afuera los vehículos blindados permanecen alineados, todavía cubiertos con sus fundas.
La oscuridad comienza a llenarse de movimiento, sólo se ven siluetas moviéndose de un lado a otro sin parar. Los vehículos encienden sus luces naranjas y sus motores rompen el silencio de la madrugada con un sonido grave y particular, parecido al de un tanque.
Las tripulaciones que abordarán cada vehículo se acercan para ponerlos a punto. Retiran las fundas, revisan el equipo y suben el armamento que llevarán durante el recorrido. Poco a poco, aquellos vehículos que horas después desfilarán frente a miles de personas comienzan a cobrar vida.

El coronel Enrique Nieto Gutiérrez, comandante del agrupamiento blindado, informa que el grupo está compuesto por 45 vehículos, 40 blindados y cinco administrativos; cerca de las cuatro de la mañana llega la orden del coronel, es momento de salir.
Afuera, la ciudad todavía no duerme por completo, por las calles circulan quienes regresan de la celebración de la noche mexicana. Al encontrarse con los vehículos blindados, algunos sacan sus teléfonos y comienzan a grabar. Sus dimensiones hacen difícil que pasen desapercibidos, incluso a esas horas de la madrugada.
Pero no sólo hay celulares levantados, también aparecen manos pequeñas y grandes que se levantan para saludar.
Niños y adultos observan a los militares y los saludan desde las calles. Del otro lado, los tripulantes responden al gesto; para ellos, esos momentos inesperados en medio de la madrugada cambian el ambiente y se convierten en una dosis de ánimo antes de comenzar el recorrido.
El coronel Nieto Gutiérrez, sabe lo que representa ese momento, “esta fecha es un orgullo, una satisfacción personal y un compromiso hacia el pueblo de México para poder mostrar cómo estamos preparados el Ejercito, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional”, dice.
Son 155 elementos los que integran el contingente, entre ellos 15 mujeres, oficiales y personal de tropa, que participarán en la conmemoración.
La cita oficial para el desfile será hasta las 10 de la mañana, pero para ellos el 16 de septiembre comienza varias horas antes.

Cuando los primeros rayos del sol comenzaron a aparecer, la madrugada de preparación había quedado atrás, los vehículos ya habían recorrido la ciudad, y ya estaban en el Centro Histórico, algunos alineados en la plancha del Zócalo, donde sus tripulantes se encargaban de los últimos detalles —brillo a las llantas, colocación de banderas y más—.
El desfile aún no comenzaba, pero muchos ciudadanos y ciudadanas ya les habían regalado sus primeras sonrisas, saludos y aplausos.