
Desde que la inteligencia artificial generativa se volvió un producto comercial a finales de 2022, hemos observado un enorme reacomodo de capital en los mercados financieros. Las acciones de diferentes empresas tecnológicas se han disparado a niveles que rompen con los manuales de finanzas tradicionales. Esto nos obliga a hacernos una pregunta fundamental: ¿estamos viendo cómo el mercado valora racionalmente una tecnología que va a cambiar el mundo, o estamos atrapados en otra burbuja especulativa impulsada por la moda?
Cuando leemos las noticias, parece que el “Boom de la IA” es un fenómeno parejo que afecta por igual a todo el sector tecnológico. Sin embargo, este mercado funciona más bien como una cadena de montaje con cuellos de botella muy claros. Todo empieza con los fabricantes de hardware y chips (Capa 1), que le dan poder a las empresas de infraestructura en la nube (Capa 2), para que finalmente los desarrolladores puedan correr su software (Capa 3). Para saber si hay una burbuja real, tenemos que revisar qué está pasando en cada uno de estos eslabones.
En mi trabajo terminal de la carrera de Economía en la Universidad Iberoamericana, utilicé modelos econométricos para analizar el comportamiento histórico de estas empresas desde el año 2000 hasta mediados de 2026. Lo que encontré es revelador: la supuesta burbuja no es general. El sobrecalentamiento irracional está extremadamente concentrado en el hardware, y casi de forma exclusiva en el monopolio de NVIDIA. Si observamos a sus competidores directos o a las empresas que solo fabrican semiconductores por encargo, sus precios no muestran los incrementos tan marcados de los precios de las acciones de NVIDIA. Esto nos dice que el capital de los inversionistas no está comprando “tecnología” a ciegas, sino que se amontonó de golpe en la única empresa que hoy tiene la capacidad real de procesar la IA al nivel que se requiere.
Es completamente válido argumentar que, en finanzas, los altos precios de las acciones reflejan a menudo el valor presente de ganancias futuras esperadas. Invertir apostando a un crecimiento masivo no es, por definición, evidencia de una burbuja. Por ello, para separar el optimismo racional de la exuberancia irracional, el estudio no se basa en el análisis subjetivo de expectativas, sino en la prueba econométrica Generalized Supremum Augmented Dickey-Fuller (GSADF), formalizada por Phillips, Shi y Yu en el 2015.
En un mercado eficiente, el precio de un activo se mantiene anclado a sus fundamentales siguiendo un proceso de “camino aleatorio”. Lo que logra el marco teórico de los autores antes señalados es detectar matemáticamente el momento exacto en que un activo rompe esa gravedad y entra en un régimen de varianza explosiva. Al aplicar esta metodología a NVIDIA, los datos demuestran una desviación estructural innegable: su precio adoptó una trayectoria explosiva.
Al cruzar esta anomalía estadística con la drástica expansión de su múltiplo Precio/Ganancias (P/E), confirmamos empíricamente que su valoración se despegó de la realidad operativa a partir de finales de 2023. Los datos indican que no estamos simplemente ante un mercado descontando mayores flujos futuros; estamos frente a una trayectoria de precio exponencial que ha logrado sostenerse por pura liquidez especulativa y la inercia de la narrativa.
Ahora bien, ¿cómo se contagia esta fiebre al resto del mercado? La intuición nos diría que es como un dominó: primero suben los fabricantes de chips, luego las empresas de la nube y meses después las de software. Pero los datos muestran algo fascinante que llamamos “contagio de red contemporáneo”. Hoy en día, los algoritmos y los inversionistas no analizan la cadena paso a paso, sino que compran la IA como un “paquete” temático. En el momento en que sale una buena noticia, el dinero entra y dispara los precios de NVIDIA, de fabricantes de equipo especializado como ASML y de gigantes de la nube como Microsoft casi al mismo tiempo, saltándose los tiempos de espera lógicos del mercado.
Entonces, si todo se mueve por expectativas y narrativas compartidas, ¿cuándo revienta? Aquí es donde la economía se mezcla con la psicología. Al cruzar nuestra información financiera con el volumen de búsquedas de Google Trends, confirmamos que las burbujas tienen un límite muy humano: el nivel de atención.
Para que los precios sigan subiendo de forma exponencial, el mercado necesita que todo el tiempo entren nuevos compradores. Cuando la narrativa se vuelve masiva y todo el mundo, desde el fondo de inversión hasta el pequeño ahorrador, ya está hablando y buscando sobre IA, el mercado se queda sin compradores nuevos. Esta “saturación minorista” es el techo natural de la burbuja. Cuando el interés llega a su límite, el combustible se acaba y los precios quedan vulnerables a una caída fuerte.
Para quienes invierten su dinero, la lección es dura pero necesaria. Tratar de protegerse diversificando entre distintas empresas de IA no sirve de mucho si, al final del día, todas se mueven en bloque al ritmo de las mismas noticias. La inteligencia artificial sin duda cambiará la economía real, pero en el mundo financiero ninguna tecnología está exenta de gravedad.
Los análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana se presentan a nuestros lectores cada 15 días en un espacio coordinado por el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx
El autor egresó el semestre pasado de la Licenciatura en Economía.