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El hallazgo ocurrió en las inmediaciones de la terminal Buenavista, donde especialistas localizaron nueve osamentas, piezas de cerámica y otros objetos que podrían aportar información sobre las prácticas funerarias de las antiguas comunidades de Nonoalco

INAH descubre posible osario prehispánico durante obras del tren México-Querétaro

INAH descubre posible osario prehispánico durante obras del tren México-Querétaro

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron un depósito de huesos humanos que posiblemente funcionó como osario, durante los trabajos de salvamento arqueológico realizados en el trazo del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro, en las inmediaciones de la terminal de Buenavista.

El hallazgo, cuya antigüedad podría corresponder al periodo Posclásico Tardío (1200-1519 d.C.) o a la etapa de contacto con los españoles (1519-1535 d.C.), fue localizado el 17 de septiembre de 2026, durante las labores de terraplén para el tendido de la vía ferroviaria.

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, señaló que el descubrimiento permitirá profundizar en el conocimiento de las prácticas con las que las antiguas comunidades trataban y recordaban a sus difuntos, en un periodo marcado por importantes transformaciones históricas.

Las excavaciones se realizaron bajo supervisión del INAH, mediante un proyecto de salvamento arqueológico coordinado por el arqueólogo Víctor Francisco Heredia Guillén. A una profundidad de 1.40 metros, los especialistas encontraron cráneos, mandíbulas, fragmentos de caderas, fémures, costillas y dientes. En un nivel inferior localizaron el depósito funerario, cuyos restos no presentan relación anatómica.

El arqueólogo responsable en campo, Josué Castillo Sánchez, informó que hasta el momento se han contabilizado nueve osamentas, dos de ellas con modificaciones craneales, además de cinco mandíbulas y huesos de mayor tamaño, como radios, tibias e iliacos, que presentan buen estado de conservación.

Las características de las modificaciones, así como la edad y el sexo de los individuos, serán determinados mediante análisis en el Laboratorio de Antropología Física (LAF).

Junto con los restos humanos también se recuperaron materiales arqueológicos, entre ellos cerámica de uso doméstico correspondiente a la temporalidad Azteca III (1350-1520 d.C.), como platos, ollas y salineras, estas últimas utilizadas para la extracción de sal en el antiguo lago de Texcoco.

El conjunto incluye además siete malacates miniatura, dos figurillas y piezas de lítica pulida, entre ellas cuatro fragmentos de manos de metate y mortero, así como navajillas elaboradas principalmente con obsidiana verde, posiblemente procedente de la Sierra de las Navajas, en Hidalgo.

El encargado del Laboratorio de Antropología Física, José Manuel Cervantes Pérez, explicó que la combinación de restos óseos y cerámica podría relacionarse con los últimos años del periodo prehispánico y la época colonial (1535-1821).

Esta hipótesis se sustenta también en la ubicación del hallazgo, dentro de lo que fue el calpulli de Nonoalco, uno de los 19 barrios prehispánicos del islote de Tlatelolco. Además, los restos fueron encontrados cerca de la iglesia de San Miguel Nonoalco, construida en el siglo XVI y utilizada como capilla de visita por los frailes franciscanos del Convento de Santiago Tlatelolco.

Cervantes Pérez destacó que los osarios localizados anteriormente en la Ciudad de México suelen estar relacionados con el periodo virreinal o la etapa de contacto, aunque en este caso también se encontraron materiales de origen prehispánico, lo que hace relevante su estudio.

Por su parte, la antropóloga física Abril Machain Castillo, encargada de la exhumación, explicó que uno de los elementos que permite considerar el depósito como un posible osario es la presencia de piezas óseas que suelen conservarse, como cráneos y huesos largos, en lugar de fragmentos pequeños o irregulares.

De acuerdo con la especialista, estos restos corresponderían a personas que originalmente fueron enterradas en otro sitio y cuyos huesos fueron posteriormente trasladados y depositados en un espacio destinado a concentrar restos humanos.

Tras su registro en el lugar del descubrimiento, los materiales fueron trasladados a los laboratorios de antropología física, lítica y cerámica del proyecto, ubicados en Tula de Allende y Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo. Ahí serán sometidos a procesos de limpieza y restauración para su posterior análisis y resguardo.

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