
Las elecciones intermedias del martes, en las que se renovaba el Congreso y se elegía a una treintena de gobernadores, han levantado un muro inédito en la frontera; pero no uno físico, como el que ambiciona el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sino uno virtual: un muro de costa a costa teñido de azul demócrata, gracias a la conversión de Texas en un estado progresista y a la pérdida de su condición de mayor bastión republicano del país.
De California a Texas, pasando por Arizona y Nuevo México, se levantó, con millones de votos, un muro de 3,152 kilómetros contra las políticas antimigratorias y xenófobas del Gobierno de Trump y, a la vez, un puente virtual que tratará de restaurar la confianza y las buenas relaciones —sociales, comerciales yculturales (incluidos los lazos ancestrales de los pueblos nativos)— a ambos lados de la frontera, en los condados estadounidenses que colindan con Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Pero, sobre todo, se crearán puentes entre el Gobierno de México y los nuevos gobernadores fronterizos, por un lado, el nuevo Congreso, ahora en manos de los demócratas, por otro, mientras se está a la espera de cómo lidiar con Trump en su nueva condición de «pato cojo» (lame duck).
En cuestión de pocas horas, durante la noche del martes, el mapa de los estados fronterizos fue pintándose de azul, con varios hitos históricos:
En California, Xavier Becerra se convirtió en el primer gobernador de origen mexicano de su historia; en Arizona, la demócrata Katie Hobbs consiguió la reelección frente al republicano Andy Biggs, respaldado por Trump. En Nuevo México, la demócrata Deb Haaland se convirtió en la primera gobernadora indígena de la historia de EU.
Por último, en Texas, James Talarico ganó al fiscal Ken Paxton (apoyado por Trump) el escaño al Senado que estaba en juego, y Gina Hinojosa se convirtió en la primera mujer de origen mexicano que gobernará el segundo estado más poblado y con la segunda comunidad latina más grande de EU (12.1 millones), después de California (16.1 millones).
En cualquier caso, nada de esto habría ocurrido de no haber sido por el voto de castigo de los hispanos por la agresión del Gobierno federal contra su comunidad desde que Trump regresó al poder, en enero de 2025.
El voto de rabia de los hispanos
La gota que colmó el vaso fue el asesinato a tiros del mexicano Lorenzo Salgado por parte de agentes del ICE, ocurrido el pasado 7 de julio en Houston, Texas. El asesinato a sangre fría del inmigrante cuando se dirigía al trabajo, después de más de tres décadas viviendo en EU y con hijos estadounidenses por nacimiento, impactó profundamente a millones de hispanos, que transformaron su rabia en un voto de castigo contra el Gobierno de Trump y sus aliados republicanos en el Congreso federal y en el estado de Texas, hasta el martes electoral el mayor bastión conservador del país.
De los 18 millones de hispanos que votaron en las intermedias del martes en todo EU, 11.5 millones apoyaron a candidatos demócratas. De hecho, el deseo de propinar un voto de castigo fue tal que acudieron muchos más latinos a votar en las elecciones de medio mandato que en las presidenciales de 2024, cuando lo hicieron 17.5 millones, de los que 8.4 millones votaron por el candidato republicano. Hace dos años, Trump logró un hito histórico: por primera vez, los hispanos varones se decantaron mayoritariamente por el Partido Republicano frente al Demócrata. El martes ocurrió lo contrario.
El apoyo hispano a Trump (el presidente convirtió las intermedias de 2026 en un plebiscito sobre su mandato) pasó del 48 al 33 %, una caída de 15 puntos a nivel nacional, no solo por su política migratoria, sino también por la pérdida de poder adquisitivo debido a la alta inflación y la percepción de que la economía familiar ha empeorado.
Y si a nivel nacional la caída fue brusca, en Texas fue un auténtico descalabro.
La caída de la «Fortaleza Roja»
En las intermedias del martes, la caída del voto latino a los republicanos en Texas fue de 20 puntos: del 55 % que logró Trump en 2024 al 35 % que lograron los dos candidatos a los que apoyó y que perdieron: Ken Paxton para el Senado y Greg Abbott para la reelección como gobernador. Ambos eran entusiastas defensores de la mano dura contra la inmigración y de gestos hostiles hacia su vecino del sur, como la instalación de boyas en el río Bravo o de la apropiación de islas fluviales, en flagrante violación de los acuerdos limítrofes con México.
Y si el 60 % de los latinos texanos votaron por los demócratas, entre los jóvenes la ventaja fue aún mayor: un 70 %.
Este tsunami azul fue brutal, en palabras de The Texas Tribune: en los 16 condados fronterizos, Talarico obtuvo una ventaja cercana a 45 puntos sobre el republicano Paxton. Los 9 condados fronterizos que Trump ganó en 2024 los recuperó Talarico para los demócratas.
¿Qué implica para México este «bluenami» en la frontera?
Las primeras en notar el cambio serán precisamente las comunidades a ambos lados de la frontera, que, lejos de seguir levantando más kilómetros de polémicos muros, verán cómo se vuelven a reconstruir los puentes de amistad y de flujo comercial, especialmente en la frontera más larga y poblada: la que une las ciudades mexicanas con sus hermanas texanas: Ciudad Juárez/El Paso, Nuevo Laredo/Laredo, Reynosa/McAllen, Matamoros/Brownsville, Piedras Negras/Eagle Pass y Ciudad Acuña/Del Rio.
El gobernador republicano Abbott convirtió la frontera en uno de los principales escenarios de confrontación con el Gobierno mexicano y con la Administración Biden, una estrategia que se agravó con el regreso de Trump a la Casa Blanca.
Aunque la política exterior estadounidense sigue en manos del Gobierno federal —incluida la política fronteriza—, la llegada de la hispana Hinojosa al Gobierno de Texas abre la posibilidad de una relación bilateral más pragmática desde la frontera, especialmente en comercio, migración e infraestructuras.
El discurso en torno a la seguridad cambia radicalmente: frente a la alineación de Abbott con el discurso radical de Trump —«los inmigrantes son criminales e invasores»—, Hinojosa declaró durante la campaña que defiende una frontera segura, «pero trabajando junto con las autoridades mexicanas, no enfrentados».
La futura gobernadora también defendió durante la campaña, a raíz del asesinato del inmigrante Lorenzo Salgado a manos de agentes del ICE, que los inmigrantes indocumentados que no han cometido delitos tengan una vía para regularizar su situación: «Los que ya tienen mucho tiempo aquí trabajando y que no están en contra de la ley, ellos deben de tener una manera para estar aquí legalmente. Yo apoyo eso».
Hinojosa criticó con dureza las órdenes de Abbott de realizar inspecciones aduaneras exhaustivas e incluso de cerrar los puentes internacionales como medida de presión a México para exigirle un mayor combate contra el crimen organizado: «Cerrar puentes con México es una torpeza grave y es perjudicial para nuestras comunidades: para nuestra economía es vital el comercio con México».
En el mismo sentido opina el gobernador electo Becerra
«Haré todo lo que pueda para mejorar la relación con México»
En el otro extremo de la frontera, el gobernador electo de California, Xavier Becerra, tampoco dejó dudas durante la campaña sobre sus intenciones.
«Yo veo a México como uno de los socios más importantes de Estados Unidos y uno de los socios internacionales más importantes para California». Y añadió: «Haré todo lo que esté en mi poder no solo para tener una mejor asociación con México y sus estados, sino también una mejor relación con nuestros hermanos y hermanas en México».
No es de extrañar el interés: en 2025, Texas exportó a México 124,700 millones de dólares e importó desde México 177,117 millones de dólares. México representa aproximadamente el 43% de sus importaciones de bienes. En cuanto a California, exportó a México 34,910 millones de dólares e importó 61,560 millones de dólares, siendo México es el principal destino de sus exportaciones, pese a que el saldo comercial es favorable a México.
La relación, por tanto, es estratégica, tanto para México como para las dos mayores economías de EU. Con el nuevo muro azul, la apuesta es que lo sea mucho más.