
Concebida durante décadas como una simple unidad de refugio, la vivienda va más allá del concreto y ladrillos pues se trata de que no solo sea un desarrollo habitacional sin que construya comunidad y cohesión social.
Para el presidente de Dynamica Desarrollos Sustentables, Carlos Valenzuela Cadema un desarrollo habitacional no termina cuando se entrega una llave. Empieza de verdad cuando sus habitantes encuentran motivos para convivir, organizarse y sentirse parte de algo.
En México—agrega—durante años se han levantado casas, pero no necesariamente barrios.
En tiempos en que muchas ciudades siguen pagando el costo de periferias sin identidad, esa discusión merece ser tomada en serio, considera
Asegura que un fraccionamiento necesita también espacios que organicen la vida comunitaria, generen arraigo y ayuden a dar identidad a quienes llegan a habitarlo.
“Cuando un desarrollo logra consolidar identidad comunitaria y permanencia poblacional, también se vuelve más visible para las autoridades y más exigente en términos de infraestructura y servicios”, establece
La visión de Valenzuela, documentada incluso por el Tecnológico de Monterrey como un caso de estudio académico, sostiene que un fraccionamiento debe ser un ecosistema vivo.
Por ello su apuesta ha sido invertir en infraestructura social: escuelas, áreas verdes, parques y centros comunitarios.
Dentro de este esquema, los centros religiosos juegan un papel fundamental que trasciende lo espiritual.
Para Valenzuela, estos espacios funcionan como “anclas morales” y puntos de encuentro, especialmente valiosos en zonas donde las familias llegan desde otros estados para trabajar y necesitan, con urgencia, una identidad que las vincule a su nuevo entorno.
Investigaciones recientes sobre “infraestructura social” consideran que los lugares de culto dentro de los desarrollos, son capaces de fortalecer la pertenencia, la acción colectiva, el cuidado informal y la vida comunitaria.
Es decir, no sustituyen a la política pública, pero sí pueden ayudar a producir comunidad.
Valenzuela Cadena reconoce que afirmar que la sola presencia de una iglesia reduce automáticamente la violencia o eleva por sí misma la plusvalía sería un exceso, pero si es constituye un marco más amplio que ayuda a entender el planteamiento.
En ese sentido recuerda dos casos de éxito: Valle Dorado y Lomas del Sur ubicados en Nayarit donde un centro de culto en cada uno de esos desarrollos no solo fue punto de referencia sino que ayudó a la identidad del barrio y las volvió visible ante el ojo público.