
Las máquinas ya no se administran únicamente cuando necesitan una reparación. Datos, costos, utilización, vida útil y decisiones de inversión forman parte de una nueva manera de entender los activos industriales. El ingeniero colombiano Cristian Guzmán analiza cómo esta transformación está modificando el papel de los profesionales responsables de ellos.
Una máquina puede estar funcionando correctamente y, sin embargo, estar siendo mal administrada. Puede trabajar menos horas de las previstas, consumir recursos innecesarios, permanecer demasiado tiempo sin utilización o continuar dentro de una flota cuando económicamente sería más conveniente reemplazarla. También puede recibir intervenciones técnicamente correctas que, vistas desde la perspectiva completa de su vida útil, no constituyan la mejor decisión para la empresa.
Esa diferencia entre mantener una máquina funcionando y administrar adecuadamente un activo es uno de los cambios que están transformando la ingeniería mecánica.
Para Cristian Guzmán, ingeniero mecánico colombiano y especialista en gerencia de proyectos, la pregunta ya no puede limitarse a determinar si un equipo funciona.
“Un activo tiene que analizarse dentro de la operación. Hay que saber cuánto se utiliza, qué cuesta mantenerlo disponible, qué productividad genera, qué comportamiento está mostrando y en qué momento deja de ser conveniente seguir invirtiendo en él”, explica.
La experiencia de Guzmán se ha desarrollado durante más de una década alrededor de maquinaria pesada, flotas, proyectos de infraestructura y operaciones técnicas, tanto en Colombia como en Estados Unidos. Ese recorrido le ha permitido observar un cambio progresivo: las empresas disponen hoy de mucha más información sobre sus equipos, pero esa información también ha hecho más complejas las decisiones.
Todo activo atraviesa diferentes etapas. Es adquirido para cumplir una función determinada, entra en operación, acumula horas de trabajo, requiere intervenciones, pierde gradualmente parte de su valor y finalmente llega a un punto en el que la organización debe decidir si continúa utilizándolo, lo reconstruye, lo reemplaza o lo retira.
Tradicionalmente, buena parte de la atención técnica se concentraba en mantenerlo operativo durante ese recorrido. La gestión de activos amplía la perspectiva. No se trata únicamente de preguntar cuánto cuesta reparar una máquina, sino cuánto cuesta poseerla y utilizarla a lo largo del tiempo y qué valor continúa aportando a la organización.
Para Guzmán, esa distinción es fundamental. “Dos equipos pueden estar funcionando y encontrarse en situaciones completamente diferentes. Uno puede justificar perfectamente los recursos que se están invirtiendo en él y otro puede estar acumulando costos sin producir el retorno esperado. Técnicamente ambos funcionan, pero desde el punto de vista de gestión no necesariamente representan la misma decisión”.
Eso obliga al ingeniero a mirar más allá del estado físico inmediato del equipo. Una de las decisiones más difíciles en una flota no siempre consiste en reparar una máquina averiada. A veces consiste en determinar qué hacer con una máquina que funciona, pero se utiliza poco.
Un equipo inmoviliza capital, ocupa espacio, puede requerir seguros, inspecciones, almacenamiento y conservación, y pierde valor con el paso del tiempo incluso cuando permanece detenido.
Por esa razón, la utilización se ha convertido en una variable especialmente relevante. Una organización con numerosos equipos no necesariamente posee una flota mejor administrada. La pregunta es si esos activos corresponden realmente a sus necesidades operacionales.
Guzmán considera que esta es una de las áreas donde la ingeniería y la administración financiera comienzan a encontrarse. “Hay ocasiones en que la solución no es incorporar otro equipo, sino entender mejor los que ya existen. Saber cuáles trabajan, cuánto trabajan y si están siendo utilizados donde realmente generan valor cambia completamente la conversación”.
La decisión puede llevar a redistribuir activos entre proyectos, modificar su programación, recurrir temporalmente al alquiler en lugar de adquirir nuevos equipos o desprenderse de aquellos cuya utilización ya no justifica conservarlos.
Guzmán tuvo contacto directo con esa evolución durante su trayectoria en GECOLSA, distribuidor de Caterpillar en Colombia, donde asumió responsabilidades relacionadas con VisionLink, una plataforma de telemática y gestión de flotas.
Sistemas de este tipo permiten reunir información sobre variables como horas de funcionamiento, ubicación, utilización, consumo de combustible, períodos de inactividad y condición de los equipos. Para un ingeniero, esto representa una diferencia considerable frente a una época en la que muchas decisiones dependían principalmente de inspecciones físicas, registros manuales y reportes elaborados después de ocurrido un evento.
Ahora es posible observar tendencias. Un equipo puede mostrar cambios en su comportamiento antes de que esos cambios se conviertan en un problema evidente. Una flota puede revelar activos subutilizados. Los tiempos de operación pueden compararse entre máquinas o proyectos. Los registros acumulados permiten reconstruir una historia mucho más completa del activo.Sin embargo, Guzmán advierte sobre una paradoja de la digitalización: tener más datos no significa necesariamente conocer mejor una flota. “Puedes recibir una enorme cantidad de información y aun así no saber qué decisión tomar. El verdadero valor aparece cuando identificas qué datos responden a una pregunta concreta”.
Del dato a la decisión. Este es uno de los nuevos desafíos para el ingeniero mecánico.Durante buena parte de la historia industrial, conseguir información era una dificultad. Hoy el problema puede ser exactamente el contrario: recibir tanta información que resulte difícil distinguir lo importante de lo accesorio. Horas de operación, alertas, códigos, consumo, localización, productividad y registros históricos pueden producir miles de datos.El ingeniero debe convertirlos en preguntas útiles.¿Por qué dos máquinas equivalentes presentan patrones de utilización diferentes? ¿Por qué un activo consume más recursos que otro realizando tareas semejantes? ¿Es conveniente trasladarlo a otro proyecto? ¿Existe una tendencia que justifique una intervención? ¿El costo acumulado continúa siendo razonable respecto del servicio que presta?
El dato, por sí solo, no responde esas preguntas.
“La tecnología te permite ver cosas que antes eran muy difíciles de observar”, señala Guzmán. “Pero después viene la parte profesional: interpretar lo que estás viendo, entender el contexto y decidir qué acción tiene sentido”.
Ese proceso está convirtiendo el análisis de información en una competencia cada vez más vinculada con la ingeniería de activos. Reparar o reemplazar: una decisión que no es solamente mecánica
Existe un momento particularmente complejo en la vida de cualquier equipo: decidir hasta cuándo conservarlo. Una máquina puede repararse muchas veces. La pregunta es si debe hacerse.
El análisis comienza con su condición mecánica, pero rápidamente incorpora otras variables: antigüedad, frecuencia de intervenciones, costo de repuestos, disponibilidad de componentes, productividad, valor residual, consumo, confiabilidad y necesidades futuras de la operación.
Una reparación costosa puede justificarse en un activo crítico con varios años productivos por delante. La misma inversión puede resultar difícil de defender en otro equipo con baja utilización y costos crecientes. Por eso, según Guzmán, una de las responsabilidades más importantes del profesional técnico consiste en evitar que la decisión se reduzca exclusivamente al costo inmediato. “Lo más barato hoy no necesariamente es lo menos costoso durante la vida del equipo. Hay decisiones que parecen ahorrar dinero en el corto plazo y terminan generando un costo mayor después”.
La gestión de activos introduce precisamente esa dimensión temporal. No todos los activos deben administrarse igual
Otra dificultad surge cuando las organizaciones intentan aplicar las mismas reglas a todos sus equipos. No todas las máquinas tienen la misma importancia.
Un activo cuya indisponibilidad detiene una operación completa requiere una estrategia diferente a la de otro que dispone de unidades de respaldo. Un equipo utilizado intensivamente no debería evaluarse de la misma manera que otro de uso ocasional.
Para Guzmán, comprender esa diferencia permite asignar mejor los recursos. “Cuando todo se considera urgente, realmente nada está priorizado. Hay que entender cuáles activos tienen mayor impacto sobre la operación y concentrar allí la atención y los recursos que corresponden”.
Esta clasificación obliga al ingeniero a conocer no solamente las características de cada máquina, sino también la función que cumple dentro del sistema productivo.
Es otra señal de cómo la profesión se está alejando de una visión aislada del equipo para acercarse a una visión integral de la operación.
La gestión moderna incorpora además una pregunta que durante mucho tiempo parecía tener una respuesta sencilla: ¿es necesario ser propietario de todos los equipos que una empresa utiliza?
La experiencia profesional de Guzmán en Estados Unidos, dentro del sector de equipos de alquiler, le ha permitido observar otra dimensión del problema. Para determinadas necesidades permanentes, la propiedad puede resultar lógica. Para trabajos temporales, picos de demanda o equipos altamente especializados, el alquiler puede ofrecer una alternativa diferente.
La respuesta depende nuevamente de utilización, duración del proyecto, disponibilidad, costos y estrategia empresarial.
Desde esta perspectiva, administrar activos ya no significa exclusivamente administrar aquello que una empresa posee. Una flota moderna puede combinar equipos propios, alquilados o arrendados y, aun así, debe ser analizada como un conjunto de recursos destinados a cumplir objetivos operacionales.
El nuevo desafío del ingeniero. La evolución de la gestión de activos está ampliando finalmente las preguntas que debe ser capaz de responder un ingeniero mecánico.
Ya no basta con determinar qué tiene una máquina y cómo corregirlo. También debe comprender qué información produce el activo, cuánto se utiliza, qué recursos consume, qué riesgo representa su indisponibilidad, cuánto tiempo conviene conservarlo y qué alternativas existen para cumplir la misma función. Son preguntas donde ingeniería, economía y tecnología comienzan a superponerse.
ara Guzmán, el futuro de la profesión estará precisamente en esa capacidad de integrar perspectivas.
“El conocimiento mecánico siempre será indispensable porque tienes que entender físicamente el activo. Lo que está cambiando es todo lo que necesitas comprender alrededor de él para tomar una buena decisión”.
En una industria cada vez más conectada, las máquinas producen información continuamente.
Pero decidir qué hacer con ellas continúa siendo una responsabilidad humana.
El desafío para el ingeniero mecánico será transformar esa información en criterio: saber no solamente cómo mantener un activo funcionando, sino cuándo utilizarlo, cuánto invertir en él, dónde genera mayor valor y hasta qué momento tiene sentido conservarlo.
Porque gestionar una máquina ya no consiste únicamente en prolongar su funcionamiento. Consiste en comprender qué lugar ocupa durante toda su vida dentro de la organización.