
Para una empresa, quedarse sin electricidad no significa solamente apagar las luces. Una interrupción puede detener una línea de producción, afectar servicios, retrasar operaciones y modificar por completo los costos de un negocio. En México, este escenario ha llevado a que algunas industrias busquen alternativas para generar, almacenar y administrar su propia energía.
David Sánchez Jasso, CEO de Solventa Energía, explica que la compañía ha evolucionado desde sus inicios en la generación solar hasta desarrollar proyectos que integran generación, consumo, almacenamiento y eficiencia energética.
“Hay toda una oportunidad en el manejo y la optimización del uso de la energía”, señala el directivo, quien considera que el reto ya no consiste únicamente en instalar paneles solares, sino en diseñar soluciones que respondan al perfil específico de cada empresa.
¿Cuáles son los retos de la industria?
De acuerdo con Sánchez Jasso, uno de los principales problemas que enfrenta actualmente la industria mexicana es la disponibilidad de energía. Desde su perspectiva, la congestión de la red puede dificultar los planes de expansión de empresas manufactureras y de servicios que requieren nuevas capacidades eléctricas.
El almacenamiento aparece entonces como una herramienta para administrar mejor la energía. Las baterías pueden cargarse durante periodos de menor demanda y utilizarse posteriormente en horarios críticos, una estrategia conocida en el sector como peak shaving cuando busca reducir los picos de consumo.
“Las baterías es un elemento esencial para poder resolver esto, la congestión de la red”, explica.
La lógica también puede trasladarse a una fábrica que necesita ampliar su capacidad, pero enfrenta limitaciones para obtener una conexión eléctrica suficiente. En estos casos, una microrred puede combinar generación y almacenamiento para cubrir parte de la demanda sin depender exclusivamente de una ampliación inmediata de la infraestructura.
Una solución energética para la industria
Sánchez Jasso subraya que no existe una única fórmula para todos los negocios. Solventa ha trabajado con industrias, aeropuertos, hoteles y retail, sectores que tienen perfiles de consumo muy diferentes.
“Cada usuario tiene necesidades distintas y necesita hacer el traje a la medida”, afirma.
En determinadas zonas industriales, por ejemplo, la cogeneración con gas natural puede proporcionar una fuente constante para procesos que operan de manera continua. En otras regiones, particularmente donde los horarios críticos representan un problema para las empresas, el almacenamiento mediante baterías puede modificar la ecuación económica al permitir administrar la energía cuando más se necesita.
La clave, añade, está en analizar horarios, demanda, procesos productivos y condiciones de cada instalación antes de decidir qué tecnología utilizar.
El reto también es financiero
La transición energética no depende solamente de la tecnología. Para las empresas, la pregunta también es cuánto cuesta el proyecto, cuándo recuperarán la inversión y qué impacto tendrá sobre sus gastos.
Según Sánchez Jasso, algunos proyectos pueden estructurarse con horizontes de retorno cercanos a cuatro años o menos, mientras que existen esquemas de financiamiento destinados a empresas que buscan migrar hacia modelos más sustentables sin asumir necesariamente todo el desembolso inicial.
La discusión sobre almacenamiento también ha adquirido relevancia regulatoria en México. Durante 2026 se publicaron disposiciones específicas para la integración de sistemas de almacenamiento al Sistema Eléctrico Nacional, además de mecanismos para la conexión e interconexión de estos proyectos.
Para Sánchez Jasso, el siguiente paso será que la energía deje de verse únicamente como un gasto operativo y se convierta en una variable estratégica para la competitividad.
La apuesta, en ese sentido, no consiste solamente en producir más electricidad, sino en saber cuándo generarla, cuándo almacenarla y cuándo utilizarla.