
Como todos sabemos (bueno, quizá no todos), la actual gobernanza de Corea del Sur pasa por momentos críticos y tiene antecedentes todavía más conflictivos. Difíciles en general, sobre todo, por dos anuncios del pasado lunes.
No se sabe cuál de los dos es más preocupante para el gobierno de Kim Min Seok, quien llegó al cargo hace apenas unos meses después de las turbulencias estrepitosas del depuesto Han Duck Soo y su intento de imponer un permanente estado de sitio en el país.
El primer problema fue –dice CNN—un “arancelazo” de Donald Trump:
“El presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció este lunes que está aumentando los aranceles sobre los productos de Corea del Sur de 15 % a 25 %.
“Debido a que la Legislatura coreana no ha promulgado nuestro Histórico Acuerdo Comercial, lo cual es su prerrogativa, por la presente estoy aumentando los ARANCELES de Corea del Sur sobre autos, madera, productos farmacéuticos y todos los demás aranceles recíprocos, del 15 % al 25 %”, escribió Trump en una publicación en Truth Social”.
El otro asunto de urgente atención para el premier coreano, además de una preocupación sobre cuya naturaleza escribiré luego, es una solicitud de la presidenta (con A) de México, Claudia Sheimbaum quien le pide su intervención para traer a México a BTS.
Como se sabe el grupo tiene varias fechas, pero la demanda es excesiva y ante la imposibilidad de que OCESA, la empresa contratante para lograr más fechas, la 4T.2P, atenta a las necesidades musicales de la juventud mexicana y el progreso emocional de los futuros ciudadanos, le escribió una carta al jefe del Estado bajo del paralelo 38, solicitándole más presencia de sus prodigiosos muchachitos, aunque no sean suyos.
Hasta donde se sabe la carta ya ha sido recibida, pero no ha habido respuesta o conocemos aún el resultado de tan patriótico empeño y tan musical intervención en asuntos trascendentes. Tanto como la idea de Andrés López de contratar a Bad Bunny.
La 4.T se quiere blanquear. Quiere ser el nuevo Blanquita.
Por cierto, para quien lo ignore: BTS significa (wpd), Bangtan Sonyeondan; literalmente, “Muchachos a prueba de balas»). La banda la forman siete muchachos: Jin, Suga, J-Hope, RM, Jimin, V y Jungkook, administrados por la empresa Hybe, liderada por el productor Bang Si-hyuk. Son los reyes de la llamada “Ola coreana”.
Estos jóvenes contribuyen con un nada despreciable 0.3 por ciento del PIB y le han generado a la economía coreana cerca de 5 mil millones de dólares en años recientes (por eso Marcelo está tan atento). Pero no dependen de ninguna manera del gobierno. Eso sería posible en Corea del Norte.
Obviamente los conciertos de BTS tienen mucha importancia frente a un déficit comercial de más de mil millones de dólares (tablas y estadísticas al final). El comercio exterior, las importaciones, las exportaciones, la inversión directa y todo lo demás, no necesitan ni cartas ni comunicación directa entre jefes de Estado. Los adolescentes de BTS, sí.
Y si líneas arriba dije de la otra preocupación coreana en relación con México --más allá de la inversión de KIA en Nuevo León (una décima parte del valor del déficit entre ambos países, favorable a los asiáticos)— es porque el 18 de junio las dos selecciones de futbol se van a enfrentar y el resultado no es del todo predecible, excepto si escuchamos la voz de la estadística, esa profecía que mira al pasado, como decía el “Mago” Septién.
Hasta ahora Corea del Sur y México han jugado cinco partidos. Tres en favor de los ratoncitos verdes. Por eso Kim Min Seok no duerme.
Y si a usted le interesan los numeritos, pues ahí tiene estos:
En noviembre de 2025, las exportaciones de México a Corea del Sur fueron US$492M, mientras que las importaciones alcanzaron US$1,821M. Lo anterior resulta en un balance comercial de -US$1,329M. (Fuente Secretaría de Economía).
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