Opinión

La temperatura del agua sigue subiendo

Donald Trump en un evento desde la Casa Blanca (EFE)

2026 pasará a la historia como uno de los años más convulsos en materia de política internacional. Cuesta trabajo recordar un inicio de calendario con tantos y tan relevantes acontecimientos en apenas un par de meses. Prácticamente al despertar el año, el sábado 3 de enero, el mundo amaneció con la noticia de la caída de Nicolás Maduro, el presidente venezolano al que se le ha señalado no solo como el arquetipo del autócrata latinoamericano, sino como cómplice de una red dedicada al narcotráfico en la región. El 22 de febrero se conoció la detención y posterior muerte de Rubén Oseguera, alias “El Mencho”, considerado por Estados Unidos como uno de los más peligrosos y poderosos líderes de la delincuencia organizada en el mundo. Apenas una semana más tarde, Estados Unidos e Israel comenzaron a solicitar a sus ciudadanos radicados en algunos países de Medio Oriente salir lo antes posible de la región, ante la inminencia de lo que unas cuantas horas más tarde se confirmaría: el inicio de acciones militares en contra del gobierno de Irán que traerían como primer resultado la muerte del Ayatola Ali Jamenei.

Dos meses de este año han bastado para colocar al gobierno norteamericano y a su presidente, Donald Trump, como personajes principales de una gran sacudida política. Como una máquina que no se detiene frente a nada, el gobierno de Trump no termina de cerrar un capítulo cuando ya empieza a anunciar su siguiente objetivo. La saciedad es una cualidad que Estados Unidos y su presidente no parecen conocer y la gran pregunta ya no es qué sucederá con el proceso judicial contra Maduro, la recomposición del tráfico de fentanilo desde México hacia Estados Unidos o la anulación total del programa nuclear de Irán, sino quién será la próxima víctima de una estrategia que asemeja más a la de un imperio en expansión, que a un país que hasta ahora se había asumido como el atalaya de la democracia liberal desde finales del siglo XVIII. No es difícil adivinar que entre las opciones más obvias está el régimen cubano de Miguel Díaz-Canel, pero también una participación más activa en México en la que el premio mayor sea la detención y extradición de algunos personajes de la vida pública de los últimos años y que han sido señalados como cómplices del narcotráfico.

Evidentemente, esta amenaza pende de manera permanente sobre el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y es la cuestión que, solidaridad internacional aparte, más nos debe de preocupar. Trump ha demostrado no conocer los escrúpulos y sus acciones muestran una voracidad pocas veces vista. Parece más un conquistador dispuesto a quemar las naves con tal de alcanzar su objetivo, que la de un estadista que busque su pase a la historia como un constructor de acuerdos y factor de estabilidad en el mundo. En su hoja de ruta, México constituye un jugoso premio y los discursos sobre la soberanía, “el respeto al derecho ajeno” y la vecindad amistosa parecen no tener la menor importancia. ¿En verdad podemos pensar que con mensajes enviados desde l conferencia matutina se lograra desactivar el hambre del expansionista? ¿La presidenta y sus más cercanos confían en que, ante la inminencia de la acción, bastará convocar a un mitin por la unidad nacional en la que 100, 200 o hasta 500 personas arenguen en coro “¡presidenta, presidenta!”?

Desde el triunfo presidencial de Donald Trump el mundo sabía que serían cuatro años complejos para la política internacional. Sin la posibilidad de un nuevo periodo por tratarse de su segundo mandato y sin más interés que el de pasar a la historia como alguien que cambió al mundo, no era difícil anticipar que Trump asumiría una actitud extrema. Hoy, como en la fábula de la rana que cae al agua en el fogón, la temperatura ha comenzado a subir peligrosamente. Esa rana es el gobierno mexicano y el calor que sube es la presión norteamericana. El inicio de año tan convulso y el hambre expansionista del gobierno estadounidense tendría que mandarnos la señalar para brincar pronto y escapar del calor. No podemos apostar a que una mañana Donald Trump amanezca de buenas y decida voltear hacia otro lado. México es una pieza necesaria en el rompecabezas que Estados Unidos está armando y negarlo o apostar a la fuerza del derecho internacional será ingenuo e inútil. La temperatura del agua sube, sube, sube y sigue subiendo. Veremos si a l rana le quedan fuerzas para brincar antes de sucumbir al hervor yankee.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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