Opinión

Pendientes con las juventudes mexicanas (III)

Juventudes
Juventudes (Universidad Nacional Autónoma de México)

Cuando hablamos de la necesidad de escuchar a las juventudes no nos referimos, como ya señalamos en la entrega anterior, a permitirles hablar o expresar lo que sienten, piensan, necesitan y desean, sino a efectivamente atender aquello que les facilite, primero, su inclusión efectiva en la sociedad y no como meros espectadores para, después, incorporarles en la toma de aquellas decisiones colectivas de mayor relevancia. Para lograrlo, es necesario saber qué está sucediendo por la mente y las emociones de las y los jóvenes y ello solo es posible escuchando y observando con absoluta atención para compatibilizar sus expectativas con la construcción de oportunidades de futuro y en ello juegan un papel preponderante aspectos como la salud mental y emocional, el desarrollo personal y familiar, el crecimiento profesional y la inclusión laboral, la vivienda y los servicios públicos, así como la participación en la vida colectiva, entre otras más igualmente importantes.

Las condiciones de salud mental y emocional que hoy afectan a las juventudes atienden lo mismo a aspectos propios de la etapa de desarrollo personal en el que se encuentran, que a aquellas de un entorno cada vez más complejo por el que atraviesan la mayoría de las sociedades en el mundo. No es extraño que trastornos como la depresión o la ansiedad hoy formen parte de la normalidad de las y los jóvenes, como tampoco lo es el incremento en el consumo de sustancias como alcohol o drogas sintéticas. Por supuesto que se trata de un problema que debe abordarse desde la óptica de la salud, pero es necesario también hacerlo con un enfoque social, político y económico que procure disminuir la enorme incertidumbre en la que las juventudes se encuentran por la falta de claridad respecto de lo que puede ser su futuro. ¿A quién le puede resultar estimulante vivir en un mundo en el que se carece ya no de certeza, sino siquiera de la mínima expectativa sobre lo que la adultez le depara?

Junto con el de haber sido víctimas de violencia escolar, el común denominador de los agresores en casos como los mencionados en la pasada entrega y sucedidos en México, Argentina, Chile y Estados Unidos es el de provenir de entornos familiares complejos o francamente inexistentes. Cuando una persona joven se desarrolla en contextos que la desvalorizan y le hacen creer que los golpes, la falta de reconocimiento, las humillaciones, la ausencia de afecto, las vejaciones y el maltrato son normales, el resultado es una persona adulta sin una estructura personal basada principios que le permitan relacionarse adecuadamente con otros individuos o en colectividades. Con independencia de aspectos religiosos o tradicionales, la familia – sea cual sea su tipología – tiene una relevancia mayúscula en el desarrollo de las personas. Los prejuicios y estigmas que le hemos asignado a esta categoría de la vida social hoy nos cobran factura en lo que hace a la formación axiológica de las y los jóvenes.

Sin lugar a duda, son alguien que cree en la educación como el mejor vehículo con el que cualquier persona cuenta para alcanzar su máximo potencial y desarrollo como individuo y como integrante de una sociedad. Sin embargo, no soy un fanático que piense que la formación académica es el único camino para encontrar la plenitud. Creo, en cambio, que quien decida adoptar esta senda debe contar con todas las posibilidades para hacerlo de la mejor manera y quién no debe igualmente contar con oportunidades para incorporarse a una forma de vida que le permita generar el sostén necesario para vivir con dignidad y suficiencia. El problema en México es que, desde hace varias décadas en las que la población superó las posibilidades reales del Estado, las y los jóvenes no tienen ni las mejores ni los suficientes espacios para formarse académicamente, ni las oportunidades óptimas para incorporarse a una vida productiva que les genere un ingreso económico que les permita vivir con dignidad. Evidentemente, las becas y los apoyos al desempleo ayudan, pero son un mero paliativo que no resuelven un problema ni plantean una alternativa.

La vivienda y los servicios públicos, así como la participación en la vida colectiva, son dos aspectos adicionales en los que tenemos pendiente con las juventudes y que abordaré, junto con algunas conclusiones generales, en la siguiente colaboración. Por lo pronto, haríamos bien si como sociedad y como Estado comenzamos por escuchar, entender y atender aquello que los jóvenes identifican como aspiraciones y necesidades para enfrenta la vida en un mundo que hoy ofrece pocas expectativas y que no será un mejor espacio si no hacemos algo para cambiarlo.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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