
El 15 de abril pasado, la secretaria de las Mujeres del gobierno federal, Citlalli Hernández, presentó su renuncia al cargo para incorporarse a su partido, Morena, y realizar una “tarea especial” relacionada con la construcción de alianzas electorales rumbo a las elecciones legislativas y locales de 2027. De acuerdo con la presidenta Claudia Sheinbaum, Hernández le habría comentado que su decisión obedecería a una conversación que habría sostenido con la líder del partido, Luisa María Alcalde, y la convicción de aquella para ayudarle. Siete días más tarde, el miércoles 22, Sheinbaum Pardo anunció que había invitado a la hasta entonces presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, a integrarse a la tarea gubernamental como Consejera Jurídica del Ejecutivo Federal, ante la salida de Esthela Damián, quien dejaría esa posición a fin de mes para buscar la candidatura al gobierno de Guerrero, aún cuando para el inicio de ese proceso electoral faltan varios meses. En una reacción poco común en la política mexicana, Alcalde señaló que analizaría la invitación para más tarde informar, mediante un video publicado en sus redes sociales, su conformidad con la misma.
Para comprender a cabalidad los hechos antes referidos, es necesario recordar que durante meses se han esparcidos rumores que señalan la existencia de una distancia cada vez mayor entre la presidenta Sheinbaum y la dirigencia de su partido. El desgaste entre el gobierno y el partido se ha profundizado a raíz de la publicación de imágenes del secretario de Organización de Morena en un viaje por Japón durante los días en los que se celebró una sesión del Consejo Nacional el año pasado, así como por los señalamientos que refieren la injerencia indebida del diputado Arturo Ávila la vida interna de Morena. Como resultado de todo esto, desde hace tiempo múltiples voces han anticipado la conveniencia de realizar un relevo en la dirigencia morenista para que una figura afín a Sheinbaum Pardo ocupe la titularidad y personas cercanas a la presidenta se hagan del control de posiciones claves para la operación política y electoral de su partido. Nada más lógico en un sistema político como el mexicano en los nuevos tiempos de un partido hegemónica, como antaño lo fuera el PRI.
Aun cuando nada será oficial hasta el próximo domingo 3 de mayo, hoy todos hablan de que la próxima presidenta morenista será la hoy secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, quien con gran probabilidad presentará su renuncia a más tardar el viernes 1 de mayo o incluso el día de mañana. De esta manera, en los próximos días la presidencia del partido oficial y dos secretarías de Estado estarán acéfalas en lo que parece más la profundización de una crisis política que una estrategia bien planeada para tomar el control del partido y asumir la definición de candidaturas legislativas federales y locales en 17 entidades federativas. ¿Era necesario colocar a Citlalli Hernández al frente de una “tarea especial” en Morena sin contar con su sustituta? ¿Cuál era la urgencia de anunciar en la conferencia mañanera la invitación a Luisa María Alcalde para incorporarse al gobierno sin haberlo hecho previamente en privado? ¿La reacción de la exlíder morenista de salir a los medios para señalar que reflexionar sobre la conveniencia de aceptar la invitación de la presidenta Sheinbaum obedece a mostrar su inconformidad con el movimiento? ¿Los movimientos en Morena se detendrán con la salida de Alcalde Luján o alcanzarán al secretario de Organización, Andrés Manuel López Beltrán? ¿Será que detrás de esta serie de movimientos desordenados se encuentra algo que la mayoría desconocemos y que la presidenta identificó como un riesgo para la definición de candidaturas y el control del partido?
Es poco probable que conozcamos con certeza lo que ha llevado a lo tropezado de todos estos movimientos, pero de lo que no cabe duda es de que detrás de ellos se encuentra la necesidad de Claudia Sheinbaum para hacerse del control de las decisiones partidistas. Como ya señalamos, lo anterior es natural en un régimen político como el mexicano, como también lo es el significado de ruptura que detrás de éste puede leerse entre el grupo de la presidenta y el de su antecesor. A partir de todo lo que estamos viendo, los próximos días marcarán el camino que, por lo que resta del sexenio, definirá el ejercicio real del poder por parte de la presidenta y el debilitamiento de los cercanos a Andrés Manuel López Obrador. Esta lucha por el poder, previsiblemente, sacará chispas y será una batalla sin cuartel por el control del partido y la definición de la candidatura presidencial rumbo a 2030.
Profesor de la UNAM
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