Opinión

Personalización de los partidos

Partidos Políticos

Esta semana recordamos el 102 aniversario del natalicio de uno de los fundadores de la ciencia política moderna, Giovanni Sartori. Experto en teoría democrática, sistemas de partidos e ingeniería constitucional comparada, el profesor, politólogo y sociólogo florentino también reflexionó críticamente sobre el pluralismo, el multiculturalismo y sobre la influencia de la televisión en la política. Una tesis muy relevante de su pensamiento es que la democracia no puede entenderse correctamente si no se define con precisión, dado que la confusión conceptual que involucra a este término ha dado lugar a verdaderas crisis democráticas. Cuando los conceptos políticos están mal definidos o son usados de manera ambigua, el debate político se vuelve inútil o engañoso. Democracia es, para el profesor italiano, el caso más dramático de una noción elástica. Un término que ha sido aplicado a tantas realidades distintas que ha perdido su capacidad explicativa.

Es el caso también de los partidos políticos, considerados como una proyección representativa de la sociedad civil. Surgidos entre los siglos XVIII y XIX, estas organizaciones de agregación y representación de los intereses sociales desarrollaron gran relevancia en los regímenes políticos contemporáneos. En cuanto agudo observador de las diferentes realidades políticas, Giovanni Sartori advirtió sobre el fenómeno de la personalización de los partidos y su impacto en las instituciones, derivado principalmente de los procesos de presidencialización de los regímenes democráticos. Este fenómeno ha sido estudiado a partir de las transformaciones del partido como organización estructurada y actor autónomo. El fenómeno de la personalización de los partidos, de sus alcances y dirección, ha sido abordado en perspectivas históricas y teóricas.

Para Sartori, la personalización de los partidos constituye una de las transformaciones centrales de la política contemporánea. Su análisis parte de una preocupación fundamental representada por el desplazamiento de los partidos como organizaciones ideológicas y colectivas hacia estructuras centradas en la figura del líder, la comunicación mediática y la lógica electoral inmediata. El politólogo observa este fenómeno especialmente en sus reflexiones sobre videopolítica, la crisis de la representación y la transformación de la democracia de partidos en democracia de las audiencias. En “Homo Videns” y “Partidos y Sistemas de Partidos”, sostiene que los partidos dejaron de ser instrumentos de mediación social para convertirse en máquinas electorales dependientes de la imagen del dirigente. Antes los partidos tenían identidad doctrinal, base social reconocible, militancia organizada, mecanismos colectivos de decisión y programas relativamente coherentes.

La personalización partidaria rompe esta lógica. El partido ya no gira alrededor de una doctrina sino de una personalidad capaz de captar atención mediática y votos. El líder asume la función de marca política, centro de la comunicación, principal activo electoral y sustituto de la organización partidaria. Consecuentemente el partido ha perdido densidad ideológica transformándose en “vehículo electoral” del dirigente. Asistimos al retorno del poder personal en modalidades que presentan una interacción entre las dos formas del poder patrimonial y carismático. Una conjunción cada vez más fuerte e insidiosa, si se realiza al interior de la institución clave del régimen democrático del partido político. La tendencia a su personalización puede variar en intensidad y amplitud. En los partidos de tradición consolidada, el proceso puede ser obstaculizado por las oligarquías que mantienen el poder de decisión en la organización.

La personalización es mucho más invasiva en el caso de los nuevos partidos que derivan de un líder fuerte que asume desde el principio el control. En la mayoría de los casos la personalización del partido permanece confinada al rol de impulso que produce el líder. En estos casos, la personalización del liderazgo produce debilitamiento institucional, fragilidad organizativa, dinámicas plebiscitarias y antiparlamentarias, así como empobrecimiento ideológico y concentración del poder. La identificación de la acción partidaria y de su perfil programático depende cada vez más de la figura del líder.

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