Opinión

El inevitable impacto a la nave insignia

Andrés Manuel López Beltrán emite su voto en el Consejo Nacional de Morena

Apenas el pasado lunes 25 de mayo, Andrés Manuel López Beltrán presentó su renuncia a la cartera que ocupada en Morena como secretario de Organización. De acuerdo con la carta que dirigió a Ariadna Montiel, presidenta de su partido, López Beltrán anuncia que en sus intenciones está participar en las próximas elecciones legislativas como candidato a diputado federal por el Distrito VI de Tabasco. Quizá si su paso por la Secretaría de Organización no hubiera estado marcado por controversias tanto personales – sus desavenencias con la ex presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, los múltiples señalamientos públicos que lo colocan al centro de un escándalo marcado por la corrupción y el influyentismo, así como sus gustos por el lujo y la frivolidad – como políticas – derrotas sufridas por su partido en entidades que directamente operó y el súbito abandono en el que deja la contienda local que en tan solo dos semanas vivirá Coahuila –, la decisión de Andrés Manuel López Beltrán resultaría casi anecdótica y susceptible de ser vista, incluso, como un movimiento estratégico en la construcción de una carrera política propia al margen de su vínculo filial con el ex presidente López Obrador.

López Beltrán ha sido un personaje marcado por la polémica desde incluso antes de la llegada de su padre a la Presidencia de la República. Para algunos, se trata de la reedición del “orgullo de mi nepotismo” con el que José López Portillo se refería a su hijo José Ramón, a quien el presidente nombró subsecretario de Programación y Presupuesto. Desde sus tiempos como candidato, López Obrador apoyo la operación política y electoral más delicada a su hijo, situación que valió para ser objeto de críticas y señalamientos de sus opositores. En contrasentido, sus cercanos lo han visto como el arquetipo de la continuación de la obra de su padre. Basta recordar la invitación que como precandidato presidencial le hiciera Marcelo Ebrard para ocupar la titularidad de una dependencia que en caso de llegar a la Presidencia crearía y llevaría por nombre el de Secretaría de la Cuarta Transformación. Con estos antecedentes, lo mismo críticos que favorables, la renuncia de López Beltrán a la Secretaría de Organización de Morena no puede ser vista como un simple movimiento para buscar una diputación federal.

Es necesario considerar que la relación entre López Beltrán y la presidenta Sheinbaum no ha sido del todo buena. Aun cuando en distintos momentos el ex secretario de Organización morenista apoyo a la entonces jefa de gobierno de la Ciudad de México y posterior candidata presidencial, algo parece haberse roto entre ambos. En este contexto, sin que Andrés Manuel López Beltrán forme parte del círculo más cercano de la presidenta, quizá la apuesta por protegerlo frente a los señalamientos que lo vinculan lo mismo con la debacle de Morena en ciertos territorios, que con el escándalo del huachicol fiscal o incluso con Rubén Rocha Moya y sus hijos, no valga la pena y lo mejor sea, en tiempos de escándalo como los que se han venido presentando, disminuirlo en su presencia pública y mediática para, eventualmente, reducir el efecto que una acusación judicial formal pudiera provocar. Nadie duda que un señalamiento formal por parte del gobierno norteamericano en contra de López Beltrán sería durísimo para Morena y la presidenta, pero en algo ayuda, así sea muy poco, el desligarlo antes de que ello suceda. ¿Será que tras la reciente visita de Markwayne Mullin, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, la presidenta cuenta con información sobre el futuro inmediato en materia de acusaciones judiciales que involucran o siquiera rozan a López Beltrán?

Es ingenuo pensar en que López Beltrán renuncia a su cargo partidista a menos de dos semanas de su responsabilidad más inmediata en el calendario – la elección local en Coahuila, el domingo 7 de junio – para buscar la diputación federal del Distrito VI de Tabasco a más de cinco meses de distancia de que esta se defina. Quienes argumentan en este sentido, lo hacen señalando la necesidad del tabasqueño avecindado en la Ciudad de México que ahora regresa a la tierra que lo vio nacer para buscar el fuero constitucional que una curul le proporcionaría a partir del primero de septiembre de 2027. Los tiempos quedan demasiado lejos y las acusaciones están demasiado cerca para darle validez a esta versión. Quizá más bien la renuncia haya sido forzada frente a lo que se considera como una inevitable acusación que golpeará en la línea de flotación de ese buque llamado Morena, sin darse cuenta que el impacto del torpedo podría ser tal, que no solo afectaría a la nave insignia de la flota bautizada como Cuarta Transformación.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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