Opinión

Terapia pública

Clara Brugada, jefa del Gobierno de la CDMX

La Ciudad de México está intentando abrir una conversación que durante décadas fue ignorada por los gobiernos: la salud mental. Mientras durante años la política pública se concentró en pavimentar calles, construir líneas de transporte o reforzar la seguridad, hoy Clara Brugada quiere colocar otro tema en el centro del debate: el bienestar emocional. Y no es menor. Porque quizá la siguiente gran desigualdad social ya no sea únicamente quién tiene acceso a vivienda o educación, sino quién puede pagar ayuda para no romperse emocionalmente.

Ir a terapia, atender ansiedad, depresión o acompañar una crisis emocional sigue siendo, para millones, un privilegio de clase. Un psiquiatra, medicamentos o atención psicológica constante pueden convertirse en gastos imposibles para muchas familias. Por eso el mensaje político detrás de la estrategia presentada esta semana tiene profundidad: democratizar la salud mental y sacarla del consultorio privado para convertirla en política pública.

Los datos explican la urgencia. La propia ciudad reconoce que una de cada cinco adolescentes presenta malestar psicológico. Que el suicidio golpea cada vez más a jóvenes. Que la ansiedad, el aislamiento y el agotamiento emocional dejaron de ser excepciones para convertirse en parte de la vida cotidiana de una generación entera. Una ciudad hiperconectada, acelerada y permanentemente presionada también puede convertirse en una ciudad emocionalmente cansada.

Ahí aparece quizá el cambio más interesante: la salud mental deja de verse únicamente como un asunto médico y comienza a entenderse como un tema comunitario. Ya no esperar a que alguien llegue a un hospital psiquiátrico en crisis, sino intervenir antes. En escuelas. En colonias. En espacios públicos. El dato más poderoso de toda la presentación no fueron los discursos ni los anuncios, sino haber detectado más de 150 casos de riesgo suicida entre estudiantes. Ahí la política pública deja de ser narrativa y se convierte en vidas posiblemente salvadas.

La apuesta es enorme: 100 Centros de Cuidado de las Emociones, una clínica especializada 24 horas, líneas de atención permanente y presencia territorial en escuelas y colonias. Más allá de filias políticas, hay una realidad imposible de ignorar: a mucha gente le duele la vida y pocas veces el Estado había decidido asumir que también le toca acompañar ese dolor.

En México todavía cuesta mucho trabajo aceptar que pedir ayuda no es señal de debilidad. Durante años se estigmatizó acudir a terapia, hablar de ansiedad, depresión o sufrimiento emocional. Mucha gente sigue creyendo que callar y “echarle ganas” basta para salir adelante. Pero así como cuidamos el cuerpo, también debemos aprender a cuidar la mente. Hablar, pedir apoyo y atenderse a tiempo también salva vidas. Por eso es importante que el gobierno comience a entender que la salud emocional no puede seguir siendo invisible ni un privilegio reservado para quienes pueden pagarlo.

Por cierto:

1. TÓMALA. En Xochimilco el fuego amigo ya dejó de ser rumor y comenzó a tomar forma institucional. Ciudadanos (aunque en realidad varios operadores políticos son perfectamente identificables) ya entregaron al IECM cerca de 40 mil firmas para empujar la revocación de mandato de la alcaldesa Circe Camacho, superando en papel la meta de las 36 mil rúbricas requeridas para avanzar en el procedimiento. Sin embargo, todavía viene la parte más delicada: la validación con el INE, donde deberán revisarse posibles duplicidades, registros de personas fallecidas, inconsistencias o firmas de ciudadanos que ni siquiera pertenezcan a la alcaldía Xochimilco. Aun así, el dato político es demoledor: el verdadero problema de Circe no parece estar en la oposición, sino dentro de Morena. Porque cuando un movimiento de este tamaño crece en una alcaldía, difícilmente ocurre sin estructuras, permisos y padrinazgos internos. Pobre Circe: todo indica que los suyos son quienes más ganas tienen de verla fuera.

Vivo la noticia, para contarle la historia

@juanmapregunta

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