Opinión

Empedrado

Enredándose en nombre de la soberanía

En todos los países, la política exterior y la política interior tienen vasos comunicantes. Muchas acciones en el ámbito internacional buscan proteger o dar argumentos a los gobiernos en funciones para mantener sus sistemas políticos. No es cierto, sin embargo, que la política interior pueda suplir a la política externa, como afirmaba Andrés Manuel López Obrador. Y tampoco es conveniente amarrar ambas áreas, como lo está haciendo Claudia Sheinbaum, porque las posibilidades de que se armen nudos y todo acabe en un enredo de los grandes.

En un evento para mostrar músculo y para cerrar filas, la presidenta Sheinbaum lanzó un discurso de retórica soberanista y antiyanqui, que muchos han interpretado como la defensa abierta de los políticos morenistas acusados por Estados Unidos de alianza con el crimen organizado. Junto con eso, acusó a la oposición de estar al servicio del extranjero (léase imperialismo yanqui). Esa acusación coincide con una ofensiva propagandística del ala dura y pura del morenismo que asimila a los opositores con agentes del vecino país del norte. Y también lo hace con la aprobación de una ley que permite la anulación de elecciones si se comprueba que en ellas hubo injerencia extranjera.

Creo que el discurso se puede resumir en tres partes. La primera es recalcar, por si acaso hubiera habido dudas, que no hay intenciones de entregar a EU a los políticos afines acusados de colusión con el Cártel de Sinaloa, y tampoco a los morenistas que vengan en listas subsiguientes. La segunda, llamar a la unidad popular en defensa de una intervención extranjera en los asuntos del país. La tercera, excluir de esa unidad y de ese pueblo a los opositores, a quienes se coloca del lado del intervencionismo. El pueblo contra los traidores a la Patria.

Hay que hacer notar que el rechazo a la injerencia de Estados Unidos no estuvo acompañado de un claro deslinde respecto a los personajes señalados como colaboradores del narco. No se trata de hacer justicia con las instituciones nacionales, sino de definir campos políticos internos. Y hay que hacer notar que la combinación de la legislación sobre injerencia electoral extranjera y la campaña que iguala a la oposición con el intervencionismo parece preanunciar que, en caso de derrota, la coalición oficialista utilizará cualquier estratagema para no dejar el poder.

Dicho esto, pasemos al nudo. El destinatario principal del discurso era interno. Se genera una consigna para evitar que la desconfianza cunda entre las bases oficialistas y que sigan cayendo las preferencias. Al tiempo, se intenta vacunar a las bases ante lo que sigue. La frase “hoy vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector de México” deja claro que la principal preocupación es electoral. La obsesión de siempre.

Pero si el destinatario es interno, eso no implica que el discurso no fuera escuchado del otro lado de la frontera, y visto como una provocación. Si sabemos que lo que Trump sueña es en protectorados a lo largo y ancho del continente, entenderemos que el discurso de política interna genera tensiones y conflictos en el exterior y, dejando la retórica de lado, en nada ayuda a la soberanía. La pone más en riesgo, aunque se envuelva en la bandera nacional.

Por lo mismo, la presidenta Sheinbaum decidió matizar su discurso al día siguiente, en la Mañanera. Lo hizo de una forma extraña, separando a Donald Trump de la ultraderecha estadunidense, como si no fueran la misma cosa. Tratará de sobrellevar la relación y esperar que no haya una reacción fuerte (la habrá en términos retóricos, pero está por verse si en términos prácticos, más allá de una previsible desaceleración en las pláticas de renegociación del T-MEC).

Esos matices son claramente insuficientes para desanudar la maraña que armó con el discurso. Y el Departamento de Justicia de EU no parece ser una diana fácil de acertar.

Precisamente, la afirmación de la jueza de Nueva York que lleva el caso del general Mérida, exsecretario de seguridad del gobierno de Sinaloa, acerca de que hay “evidencia abundante” es un indicador de que habrá más procesados y detenidos y que los procesos seguirán generando tensiones de todo tipo entre México y Estados Unidos.

Una pregunta, entonces, es si la mierda pegará en el ventilador, que la repartirá por todos lados, hasta después de que acabe la Copa Mundial de Futbol, de la que México y EU son coanfitriones, o si será antes.

La otra pregunta es si la maraña que armaron desde el gobierno podrá desenmarañarse. Conociéndolos, uno podría pronosticar que, al contrario, se generarán otros nudos, precisamente porque la mejor política exterior no es la política interior, y eso no lo han entendido.

Twitter: @franciscobaez

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