
En los últimos meses, tres condiciones que se han conjuntado permiten que el análisis político haga suponer que las elecciones de 2027 serán más competidas de lo que se pudo haber pensado tras el proceso de 2024 en el que Claudia Sheinbaum y Morena obtuvieron prácticamente del 60 por ciento de la votación. Más aún, rumbo a la sucesión presidencial que por la vía ordinaria viviremos en 2030 – o antes, si la revocación de mandato dice lo contrario – han comenzado a surgir perfiles de candidatos y estructuras de movilización que apenas a inicio de año nadie veía como competencia para es maquinaria electoral llamada Morena. Sin que esto signifique que la oposición se ha convertido mágicamente en una opción competitiva, ni que Morena se encuentra en la lona, es conveniente, para ambos bandos, hacer una reflexión.
Primera. Morena, la presidenta y la Cuarta Transformación se encuentran debilitadas en imagen, capacidad financiera y liderazgo. Escándalos públicos, presión desde el extranjero y disputas internas han marcado el primer semestre del año para el partido, la cabeza visible y el proyecto político. El haber puesto sobre el anterior gobierno un reflector como el estadounidense ha permitido que asomen a la luz pública acusaciones que vinculan a políticos y exfuncionarios con actos de corrupción y relaciones con la delincuencia organizada, lo que ha mermado la reputación de Morena, pero también ha limitado la operación política en territorio. Aquellos recursos provenientes del huachicol fiscal que en otros momentos fluyeron sin recato alguno, hoy ya no están presentes. La presidenta, por su parte, parece atrapada entre la realidad y el discurso, el pasado y el futuro. Para rematar, los resultados en Coahuila no parecen ser el mejor augurio para los de guinda.
Segunda. El PAN ha descubierto que es posible que sus grupos se aglutinen en torno a un personaje como la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. Tras el desmantelamiento de uno de los laboratorios más grandes de producción de drogas sintéticas hallados en México y la posterior muerte de dos agentes norteamericanos de la CIA que participaron en el operativo, la tensión entre la Presidencia de la República y el gobierno de Chihuahua escaló a tal punto, que en un evento convocado para defender a la gobernadora el PAN logró lo que no se pensaba: juntar a Vicente Fox y Felipe Calderón defendiendo la misma causa. Hoy Maru Campos se ha convertido, por accidentes de la vida y la política, en la precandidata presidencial de Acción Nacional más aventajada y en un símbolo de resistencia al poder presidencial.
Tercero. El PRI no ha muerto y, aunque muy disminuido en lo regional, conserva la esencia de su estrategia y ello reanima al electorado antimorenista. Las elecciones locales de diputados en Coahuila arrojaron un dato contundente: 16 distritos ganados de 16 distritos en disputa. Como en los viejos tiempos, carro completo para el otrora “partidazo” en el que se mantiene como el único estado de la República que nunca ha sido gobernado por otro partido distinto al tricolor. El bueno gobierno de Manolo Jiménez, la falta de trabajo territorial de Andrés Manuel López Beltrán, hasta hace unos días responsable morenista de la elección, la no intervención por parte del PRI nacional, la eficiente estructura electoral priista en el estado, junto con otros ingredientes, cocinaron un resultado que da vida al PRI y muestra la vulnerabilidad de Morena. El PRI, a pesar de todo y de tanto, puede ganar elecciones y arrasar. Sin embargo, hay que tener cuidado, pues México no es Coahuila, aunque tampoco es Tabasco.
Para Morena, los últimos meses han sido complejos y seguramente seguirán siéndolo. Para la oposición, los que vienen serán tiempos clave para perfilar si de verdad son una opción viable para pensar en una nueva alternancia política. En cualquier caso, la política, como la vida, no es de blancos y negros. Los matices son, por color o por luces y sombras, los que dan profundidad, contexto y dimensión a las figuras. Quienes piensen que los tiempos recientes implican la derrota de Morena en 2027, se equivocan tanto como quienes auguran que la oposición nada tiene que hacer frente a una maquinaria que domina el congreso y tres cuartas partes de los gobiernos estatales. La oposición respira, pero Morena no está asfixiada. Morena encabeza, pero la oposición puede arrebatarle el liderato. La democracia, posiblemente, aún vive.
Profesor de la UNAM
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