Opinión

Rojo de la Vega: la alcaldesa del show, la ignorancia y la ocurrencia

Alessandra Rojo de la Vega FOTO: ROGELIO MORALES/CUARTOSCURO.COM (Rogelio Morales Ponce)

Lo ocurrido el jueves pasado en la Zona Rosa exhibe su modus operandi: irrumpir en las calles, genera confrontación bajo el cobijo de supuestos operativos y, tras desatarse la riña por la arbitrariedad con los comerciantes, corre a maquillarse para inventar agresiones y salir de inmediato a las redes sociales a victimizarse.

La historia se repitió paso a paso. La alcaldesa acusó emboscadas, pero omitió el fondo: su administración opera sin un plan de reordenamiento, por ocurrencia y cero diálogo con quienes trabajan desde la madrugada para sostener a sus familias.

Su actuación no es un hecho aislado, es otra exhibición de frivolidad sin ninguna solución urbana; es hacer show para tratar de mostrar que no la dejan trabajar.

Escándalos y montajes se repiten cada que llega de un viaje. Meses antes, en San Cosme, utilizó el mismo libreto, montando teatros similares tras otro pseudo operativo fallido para alimentar su papel de víctima.

Su gobierno ha resultado ser un bluff: mucha pirotecnia digital, transmisiones en vivo y videos editados, pero un vacío absoluto en su gestión territorial, la rendición de cuentas y el trabajo institucional.

Desde su llegada, marcada por un supuesto atentado nunca aclarado que ella misma viralizó, su estilo ha sido el mismo: improvisar y nunca resolver. No hay programa de trabajo, solo espectáculo mediático y ausencia.

Un territorio abandonado

Detrás de las pantallas se esconde un territorio descuidado. Rojo de la Vega destaca más por sus bitácoras de viaje que por sus resultados en la calle. El ejemplo más cínico fue su gira a Europa para participar en el Foro Atlántico; lo que vendió como agenda institucional en Madrid terminó exhibido como turismo de lujo.

Mientras los vecinos padecen el colapso de los servicios públicos, su séquito compartía fotos de compras en tiendas exclusivas o de cenas con la alcurnia de la ultraderecha. Todo a cuenta del erario.

Mientras, en el territorio que le toca mejorar, las calles acumulan basura y crece la delincuencia, pero la funcionaria prefiere el ausentismo y las playas de Oaxaca o Acapulco para generar contenido banal para redes. Para ella, la Cuauhtémoc es un simple trampolín para seguir viviendo del presupuesto.

El despojo de la banca histórica

Otro episodio revelador fue el despojo de la banca histórica en la colonia San Rafael. Por ocurrencia, y sin permiso de la comisión que regula el espacio público, retiró arbitrariamente la estatua emblemática donde alguna vez se sentaron Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro.

Este acto ilegal quebrantó normativas locales por encima del capricho de la alcaldesa, cuya apuesta es el show para que la conozcan.

Esta alarmante falta de oficio político y su nula experiencia se reflejaron también al respaldar públicamente a Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la comunidad de Madrid, en un acto para rendirle culto a Hernán Cortés.

Su ignorancia sobre el salvajismo de la conquista la retrata de cuerpo completo: una visión alineada con la ultraderecha conservadora que considera a los pueblos originarios como inferiores.

Una alcaldía sin obras ni planeación

En la demarcación no se recuerda que haya entregado obra pública alguna. Calles como López siguen siendo intransitables por el caos del comercio informal, los tanques de gas en las aceras y la publicidad exterior ilegal que contamina el ambiente. Caos total ante la ausencia de autoridad.

Desde su llegada, los indicadores empeoraron: más delincuencia, ambulantaje y suciedad. Su estilo refleja más protagonismo digital que compromiso. Al igual que Mauricio Tabe en Miguel Hidalgo, esta administración se caracteriza por la ausencia en el territorio y la presencia en la farándula.

A final de cuentas, ese es el sello inconfundible de los gobernantes del PRIAN: un modelo que cambia las soluciones de fondo por el postureo de redes y convierte la gestión pública en un escaparate para el show y la superficialidad.

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